Revista de Prensa

Altos del Golán: Trump lanza un mensaje a Rusia y a los palestinos

 

En el diario Haaretz, Amos Harel interpreta el inminente reconocimiento norteamericano de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán como un espaldarazo de Trump a su gran aliado Netanyahu y como un serio toque de atención de Washington a Moscú y a Ramala.

El tuit del presidente de EEUU, Donald Trump, sobre sus intenciones de reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán refleja las nuevas reglas del juego en Oriente Medio.

A los ojos de Trump, las viejas convenciones que guiaron a anteriores presidentes norteamericanos se han ido por el desagüe. En la era Trump, lo que importa es irradiar fortaleza, y el primer ministro [israelí], Benjamín Netanyahu, el más beneficiado [con el anuncio de Trump], está en el equipo ganador.

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El momento elegido por Trump permite a Netanyahu destacar su experiencia y sus conexiones políticas en áreas donde tiene una gran ventaja sobre sus rivales [de cara a las muy próximas elecciones legislativas israelíes]. (…)

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Quienes no aprobarán las declaraciones de Trump, además de los sirios, son principalmente los rusos y los palestinos. (…) parece una respuesta americana a la alianza rusa con Irán y Siria y al [incumplimiento] de promesas hechas a Israel y a EEUU de que Rusia contribuiría a distanciar a las fuerzas iraníes y de Hezbolá de la frontera [con Israel] a lo largo del Golán.

Para los palestinos, se trata de un peligroso precedente, dado que Washington está legitimando una decisión unilateral israelí, la anexión de un territorio (…) tomado durante la Guerra de los Seis Días.

En Israel Hayom, Rachel Avraham escribe sobre el apoyo kurdo a Israel, que comprende el respaldo a las reclamaciones israelíes sobre el Golán, tan en el candelero en los últimos días.

No es un secreto que hay un vínculo histórico entre los pueblos kurdo y judío. Tras el referéndum de independencia del Kurdistán [iraquí], sólo un país reconoció el derecho de los kurdos a declarar[se] Estado; ese país fue Israel. (…) Los kurdos apreciaron el histórico gesto de Israel. Son uno de los pocos pueblos musulmanes que flamean orgullosos banderas de Israel en manifestaciones. Debido a la persecución que han vivido bajo el régimen del presidente sirio Bashar al Asad, los kurdos están más abiertos que nadie en el mundo musulmán a apoyar a Israel y a reconocer sus reclamaciones sobre el Golán, sobre todo tras la histórica declaración al respecto de Trump.

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La anexión israelí del Golán ha sido importante para la preservación de las tradiciones de [los drusos], que (…) han vivido allí desde los tiempos de Jetró. Si Israel hace un gesto semejante [reconocer la independencia del Kurdistán], los kurdos y muchos otros pueblos perseguidos se alzarán en defensa del Estado judío, lo que aseguraría a Israel legitimidad internacional para el gobierno del territorio. A la luz del apoyo iraní al régimen de Asad y del baño de sangre registrado durante la guerra civil siria, es improbable que ni los kurdos ni muchos otros pueblos de la región vayan a inmutarse ante el gobierno permanente del Golán por parte de Israel. Ahí, la gente comprende que el auténtico enemigo no es Israel sino Irán y sus satélites.

Eso es lo que sostiene el analista israelí Michael Freund en esta pieza publicada por el Jerusalem Post, y en la que considera que dicho acto dio carta de naturaleza a la política de tierras por paz, tan cuestionada hoy día por gran parte de la sociedad israelí.

Aunque renunciar al Sinaí puede que nos haya dado cuatro décadas de paz fría con Egipto, también [nos] supuso pagar un alto precio (…), que continúa persiguiéndonos hasta el día de hoy.

Luego de un siglo en el que prevalecieron los valores del sionismo y la población del territorio, súbitamente Israel dio un brusco giro, confiriendo legitimidad a la ilegítima idea de que la paz debe necesariamente implicar repliegues y retiradas.

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En resumidas cuentas, la retirada del Sinaí preparó el terreno para ulteriores expulsiones, anticipando décadas de concesiones territoriales israelíes.

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En este sentido, la concesión del Sinaí tuvo un efecto devastador sobre Israel; un efecto que ensombrece cualquier beneficio que haya podido procurar.