Revista de Prensa

Washington incita a la comunidad internacional contra Israel

 

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Elliott Abrams, uno de los artífices de las políticas exteriores de Reagan y Bush Jr., da cuenta de la obsesión antiisraelí del Departamento de Estado norteamericano, cuyo más reciente ataque al Estado judío –a cuenta de la construcción en los denominados asentamientos y basado en datos y supuestos falsos– parece contener un mensaje para Europa.

He aquí una teoría: la pretendida audiencia son los Gobiernos europeos, y de otras partes del mundo. Esta clase de ataque hace más fáciles sus propios ataques: pueden fijarse en nosotros y superarnos en el nivel de la crítica a Israel. Pueden recibir aliento para planear ataques contra Israel en la Asamblea General de Naciones Unidas de septiembre. Pueden ofrecer un texto de seis párrafos para explicar cómo esas nuevas viviendas [en los ‘asentamientos’] amenazan la paz, la seguridad y la solución de los dos Estados.

También se ocupa de las comunidades israelíes en los territorios en disputa Michael Rubin, en un artículo titulado “La verdad sobre el ‘crecimiento de los asentamientos’” en la revista Commentary.

Numerosos periodistas y diplomáticos creen que durante el mandato de Benjamín Netanyahu el crecimiento de los asentamientos se ha desmadrado. También esto es falso. Si bien algunos activistas israelíes aún tratan de crear puestos remotos, la mayoría de la llamada ‘actividad en los asentamientos’ obedece de hecho al crecimiento natural en áreas que, por lo visto en las negociaciones de paz previas, quedarían bajo control israelí tras un acuerdo definitivo.

Daniel Serwer, director del programa de Gestión de Conflictos en la Johns Hopkins School of Advanced International Studies, aboga en las páginas del Washington Post por que Estados Unidos ataque a la organización terrorista libanesa de obediencia iraní.

Que EEUU pusiera en la mira a Hezbolá agradaría y reforzaría a los amigos de Washington y desconcertaría a sus antagonistas. Asimismo, reafirmaría el compromiso de Estados Unidos con la lucha contra el terrorismo de todo tipo, renovaría el compromiso de Washington con hacer que Hezbolá asuma sus responsabilidades, adelantaría el final de la guerra civil siria y haría más probable un acuerdo político [en la propia Siria]. No es un mal balance de riesgos y beneficios.