La Librería

Viajes a ninguna parte

Por Juan Antonio Cabrera Montero 

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"El libro que acaba de publicar Alessandro Minuto Rizzo, vicesecretario general de la OTAN entre 2001 y 2007, puede servir para explicar la antipatía que gran parte de la población de tantos países siente hacia la clase política, que promete y promete y nada cumple"

Pocos lenguajes como el diplomático son capaces de llenar más de doscientas páginas sin aportar nada interesante a un tema importante. Si el autor, además, se expresa en italiano –idioma bello, aunque demasiado proclive a circunloquios y frases tan resonantes como vacías–, el resultado es un montón de páginas que sirven únicamente de ejemplo de cómo no se debe escribir.

El libro que acaba de publicar Alessandro Minuto Rizzo, vicesecretario general de la OTAN entre 2001 y 2007, puede servir para explicar la antipatía que gran parte de la población de tantos países siente hacia la clase política, que promete y promete y nada cumple. Tras leer la contracubierta, el lector esperaría poder conocer a fondo el plan de la OTAN para abrirse al Gran Oriente Medio; cómo se gestó, cómo se desarrolló, quiénes fueron sus protagonistas, quiénes suscribieron finalmente los acuerdos de la ceélebre Cumbre de Estambul de 2004. Sin embargo, se encuentra con un relato desordenado, a menudo frívolo y completamente superficial de las peripecias de Minuto por gran parte de los países de la zona. Así pues, mucha experiencia personal –que puede interesar si es convenientemente dosificada–, mucha reflexión buenista sobre los supuestos beneficios de cierto tipo de multilateralismo, mucha descalificación –expresada al modo que se estila en una panda de amigotes de esos que  intentan ser graciosos y resultan sólo ofensivos–… y poco más.

La imagen que se ofrece aquí de la OTAN es bastante negativa. Atendiendo a las explicaciones del autor, la Alianza Atlántica se parece cada vez más a las Naciones Unidas, algo que seguramente no gustará en Bruselas. A la carencia de medios humanos –¿no podrían haber elegido un vicesecretario general adjunto menos presuntuoso y más capacitado?– se une la pobreza de medios de que dispone el personal político que en ella trabaja, hasta el punto de que, denuncia Minuto, se tiene que suplicar a distintos Gobiernos que apoyen a la todopoderosa organización en labores logísticas básicas –un simple avión para poder trasladar a nuestro intrépido embajador, por ejemplo– o en la elaboración de una agenda mínimamente decente con los representantes de algunos países.

El libro empieza como termina, con análisis políticos bastante pobres. Seguramente las intenciones de la OTAN de abrirse a todos los países de Oriente Medio tras el terremoto causado por los ataques a Estados Unidos en septiembre de 2001 eran buenas. No todo multilateralismo es malo por definición. El problema viene cuando, por el afán de igualar respetando, supuestamente, las diferencias de cada uno, no se logra ningún objetivo y todo queda en meras buenas intenciones, de ésas de las que está lleno el infierno.

La cumbre que celebró la OTAN en Estambul en 2004 se presentaba como la oportunidad de abrir canales de comunicación y cooperación entre los miembros de la Alianza y los Estados que componen el llamado Gran Oriente Medio. Los recelos de algunos países del Este europeo recientemente incorporados al club atlántico se hicieron notar, temían quedar relegados de nuevo a una esquina del tablero internacional, pero no fueron suficientemente fuertes para bloquear el proyecto. Hablar de éxito o de fracaso en este tipo de conferencias es inútil, porque cada uno interpretará los resultados al modo que mejor le convenga. Las declaraciones son tan escuálidas en sus contenidos que pueden apoyar unas tesis y las contrarias. Sea como fuere, lo cierto es que fueron pocos los países que se adhirieron a uno de los proyectos estrella presentados por la OTAN, la Istanbul Cooperation Initiative, algo en lo que Minuto no se detiene porque prefiere confiar en un futuro idílico en el que reinará la paz y la armonía.

Desaconsejo la lectura de este libro, sí, pero no quiero privar al lector de algunas de sus perlas. Arranca Minuto con este desafortunado análisis de la situación mundial (p. 8):

Vienen a la mente tantas cosas, quizás una inconfesable añoranza por la Guerra Fría, que en el fondo mantenía el mundo en equilibrio y se podía explicar a todos en modo sencillo.

Como buen diplomático, no se implica en los asuntos candentes. Así despacha la cuestión libanesa (p. 178):

El Líbano es otro país caracterizado por una enorme complejidad, y no es necesario gastar muchas palabras; nadie se ha atrevido a entrar en el fondo de los problemas que lo atraviesan. A pesar de todo, Beirut continuaba siendo, lo es todavía, la atracción de los países limítrofes, por otra parte era un protectorado político de Damasco.

Su humildad le impide analizar el problema como conviene, no va a ser más que el resto.

Uno espera de diplomáticos de su nivel que conozcan a fondo los países que visitan, o bien que disimulen su ignorancia, puesto que sus periplos son costeados por los no pocos impuestos que pagan los ciudadanos. Él, sin embargo, presume de su indigencia intelectual (p. 58):

En el viaje hacia Jerusalén [desde Amán], sorprendente por su brevedad para quien no tiene familiaridad con la geografía local, pasamos al lado de Jericó y otros lugares cuyos nombres son conocidísimos, sea por sus resonancias bíblicas, sea por su actualidad.

Minuto descubrió en sus viajes que “Israel está en medio de la región”, como titula el primer capítulo de la segunda parte (p. 117-120). Un país ciertamente extraño, en el que “los medios locales interpretaban a menudo hechos y declaraciones de huéspedes extranjeros desde una óptica doméstica” [sic] (p. 118).

Omito por vergüenza ajena la multitud de ocasiones en las que descalifica por ignorancia, prepotencia o fanfarronería a personas, países, tradiciones y costumbres. Son de mal gusto en él y lo serían también por mi parte en esta reseña.

Cuando uno termina de leer ciertos libros lamenta el no haber adquirido una técnica de lectura rápida que le permitiera saber inmediatamente si merecen la pena. Me consuela únicamente la posibilidad de evitar a algún que otro lector incauto interesado en el Oriente Medio cometer el error de adentrarse en esta obra tan inútil como absurda.

Alessandro Minuto Rizzo: Un viaggio politico senza mappe: fra diversità e futuro nel grande Medio Oriente. Rubbettino, Soveria Mannelli, 2013, 220 páginas.