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Vete pero quédate: la ambigua actitud de EEUU hacia Asad

Por Michael Young 

Bashar Asad.
"El otro día Tony Badran aventuró que sus prioridades en Siria alinean a Washington 'cada vez más con Rusia e Irán'""Es una pena que la Administración Obama, en vez de verlo como propiciador y cómplice del extremismo generado por la guerra de Siria, vea al régimen de Asad más apetecible que las alternativas"

El miércoles 14 el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, se reunió con el enviado de las Naciones Unidas para Siria, Staffan de Mistura, en Ginebra. De Mistura debió de ponerse muy contento al escuchar a Kerry elogiar sus esfuerzos y decir que Washington esperaba que el plan de paz ruso para Siria fuera “útil”.

Sin embargo, es probable que el experimentado diplomático escuchara más atentamente otra de las cosas que dijo Kerry:

Ha llegado la hora de que el presidente Asad, el régimen de Asad, anteponga los intereses de su pueblo y piense en las consecuencias de sus actos, que están atrayendo a más y más terroristas a Siria, principalmente para desalojarle del poder.

Los medios de comunicación repararon inmediatamente en que Kerry no había hecho mención explícita a la necesidad de que Asad abandonara el poder, que es la posición norteamericana. En su lugar, dio marcha atrás y recurrió a esa cansina costumbre americana de apelar a la sensatez de los gobernantes extranjeros, como si el hombre responsable de la carnicería siria tuviera interés alguno en “anteponer los intereses del pueblo”.

El otro día Tony Badran aventuró que sus prioridades en Siria alinean a Washington “cada vez más con Rusia e Irán”. Si éste fuera el caso, las declaraciones de Kerry en Ginebra serían una evidencia. Pero uno siempre está tentado a ir más allá y especular, por ejemplo, sobre las implicaciones para la misión de Mistura.

Como dejó claro el presidente Obama en octubre, en una carta dirigida al Líder Supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, los ataques aéreas de la coalición internacional contra el Estado Islámico en Siria no van también dirigidos a las tropas de Bashar al Asad. Es decir, Obama admitió implícitamente que Estados Unidos reconocen los intereses iraníes en Siria y que no pretenden minarlos.

En este contexto, el plan ruso para Siria, junto con la negativa de Irán a considerar la salida de Asad, no está diseñado para encontrar una solución consensuada. Su objetivo es aprovechar la preocupación global por el terrorismo para consolidar al presidente sirio. Puede que ni Moscú ni Teherán estén locos por Asad, pero sin una clara alternativa que preserve sus intereses permanecerán a su lado tanto tiempo como consideren oportuno.

Parece que Washington está empezando también a acercarse a Asad. Puede que no tenga intención de respaldar al presidente, pero definitivamente está remodelando su retórica para mostrar que no presionará en pro de su derrocamiento, ni animarán a otros países de la región a hacerlo.

Las diferencias de EEUU con Turquía respecto a Siria han sido profundas. La ambigua relación de Ankara con el EI, así como el hecho de que uno de los sospechosos de los ataques de París huyera a Siria vía Turquía, sólo puede agrandar la brecha entre EEUU y Turquía.

De Mistura analizar mirar esto con lupa, ya que afectará al modo en que elabore su plan para resolver el conflicto sirio. Hasta ahora, el enviado de Naciones Unidas se ha apartado del debate del destino de Asad, pues podría sabotear sus esfuerzos. Pero si empieza a ver que EEUU, Rusia e Irán, todos ellos actores clave en Siria, no ven la salida de Asad como algo necesario, o ni siquiera como deseable, sus propuestas para algún tipo de estructura de gobierno de transición para el país podrían acabar siendo favorables al régimen sirio.

Un político libanés tiene una idea bastante interesante acerca de la situación en Siria, y apunta a que Maher Asad, hermano de Bashar, podría ser una alternativa. A primera vista suena ridículo. Si hay un individuo aún más responsable que Bashar de la brutalidad del régimen sirio es Maher. Parece evidente que la oposición nunca podrá aceptar esa posibilidad.

Por cierto, la oposición siria con la que Occidente quiere negociar está marginada en gran medida. Y nadie se preocupa por lo que piensan los yihadistas, ya que no están interesados en otra solución que no sea una absoluta victoria militar sobre el régimen.

Lo que supuestamente ofrecería Maher es seguridad para los alauitas, Irán y Rusia. La salida de Bashar podría servir un logro que haría posible la división de la oposición, y algunas facciones participarían en diálogos para el fin de la lucha. Éste no es un escenario muy persuasivo, pero con la oposición a Bashar dividida e Irán, Rusia y Estados Unidos inflexibles acerca de su supervivencia o ambiguos acerca de su marcha, estas actitudes podrían abrir la puerta a consecuencias que nunca nadie imaginó que fueran posibles.

Es una pena que la Administración Obama, en vez de verlo como propiciador y cómplice del extremismo generado por la guerra de Siria, vea al régimen de Asad más apetecible que las alternativas. El no percatarse de que Asad ha atraído a los yihadistas como un imán o imaginar que Rusia puede trazar una plan aceptable para todos no es sino engañarse.

Al autoengaño de EEUU es realmente fruto de la indiferencia. Como mostraron los ataques en París, nadie está verdaderamente a salvo cuando está fuera de control un conflicto como el de Siria. El mundo es incluso menos seguro cuando Washington se niega a ver lo obvio.


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