Contextos

Venezuela, el alfil de Irán en la ONU

Por Pedro Fernández Barbadillo 

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"El régimen iraní mantiene una política exterior imperialista, islamista chiita y antinorteamericana y ha sido capaz de encontrar aliados en el continente americano""Las relaciones entre Ruhaní y Maduro marchan por el camino ya asfaltado por sus predecesores""Entre los planes de Teherán en América Latina están la formación de un bloque internacional en la ONU opuesto a las sanciones contra Irán, el acceso al programa nuclear argentino y el blanqueo de fondos gracias al sistema bancario de Ecuador"

Como presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad viajó entre 2006 y 2012 seis veces a Venezuela para reunirse con Hugo Chávez, y éste cruzó medio mundo para reunirse con los gobernantes iraníes al menos trece veces durante su reinado de catorce años. Las relaciones políticas, militares, económicas y financieras entre Irán y Venezuela son más profundas de lo que las delirantes declaraciones oficiales de Caracas y Teherán podrían dar a entender.

Teherán tiene el impulso de las grandes potencias: un pensamiento geopolítico para décadas. Por el contrario, los gobernantes democráticos, tanto en Estados Unidos como –en Iberoamérica– Perú, Colombia y Chile, elaboran sus objetivos para el tiempo de su mandato, que como mucho alcanza los ocho años seguidos. No se puede estar pendiente de que un líder como Mahmud Ahmadineyad concluya su presidencia o de que la oposición venezolana consiga vencer en unas elecciones trucadas por el Estado.

Pese a sus problemas internos (empobrecimiento, disensiones en la cúpula del poder, aislamiento, protestas sociales…), el régimen iraní mantiene una política exterior imperialista, islamista chiita y antinorteamericana y ha sido capaz de encontrar aliados en el continente americano. El año pasado Ahmadineyad visitó Venezuela, Cuba, Ecuador y Nicaragua, todos ellos miembros del ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas), montada en 2004 mediante un tratado firmado entre Chávez y el dictador cubano Fidel Castro.

El régimen islámico chiita de Irán ha venido practicando la guerra asimétrica contra sus enemigos, en especial Estados Unidos, sobre todo durante la presidencia de Ahmadineyad (2005-2013). En este objetivo, ha conseguido forjar alianzas con países con los que en apariencia poco tiene en común, como los iberoamericanos que están gobernados por socialistas ateos y laicos, en concreto los miembros del ALBA (Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros Estados caribeños de menor importancia). En el ALBA Irán –y también Canadá– tiene el rango de observador. La organización cuenta con una unidad de cuenta común denominada sucre y cuya finalidad es reemplazar al dólar de EEUU en el comercio entre los miembros de la misma.

Presencia de Irán en Sudamérica

Irán ha abierto nuevas embajadas –desde México a Chile– y mezquitas chiitas, aumentado sus centros culturales, lanzado al aire un canal de televisión (Hispán TV) y firmado tratados bilaterales de colaboración económica y política con numerosas repúblicas, como uno con Argentina, a principios de este año, para investigar el atentado de la AMIA. También ha contactado con organizaciones criminales como el Cártel de Sinaloa y terroristas como las FARC colombianas. Igualmente, Irán y Hezbolá han tratado de asentarse en zonas francas como la famosa Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina, la Isla Margarita (Venezuela), El Alto (Bolivia) y los puertos de Iquique (Chile), Tacna (Perú) y Colón (Panamá).

Cuesta creer que el nuevo presidente, Hasán Ruhaní, vaya a desmantelar completamente esta obra de arquitectura diplomática levantada en América, tanto más cuanto sectores del Estado iraní como la Guardia Revolucionaria funcionan al margen de todo control por los moderados. Una de las primeras visitas que recibió Ruhaní, a los pocos días de haber jurado su cargo, fue la del presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Diosdado Cabello, reunión donde, de acuerdo con el comunicado de Telesur, “profundizaron las relaciones bilaterales entre ambas naciones”. Cabello es quien ha conseguido al nuevo presidente venezolano la aprobación de la ley que le concede poderes especiales para legislar por decreto durante un año.

Cuando falleció Chávez, el mensaje de condolencias de Ahmadineyad le describió de la siguiente manera:

un hombre fiel a los valores humanos y divinos. (…) Él, que durante todos los mandatos disfrutaba del apoyo popular, resistió ante las presiones de los enemigos y se valió de todas las oportunidades y poderes para servir tanto a su patria como a su pueblo.

Las relaciones entre Ruhaní y Maduro marchan por el camino ya asfaltado por sus predecesores.

A finales de octubre el embajador de Venezuela en Irán, Amenothep Zambrano, aseguró que las relaciones entre Caracas y Teherán seguirán siendo fructíferas:

Irán y Venezuela continuarán sus relaciones políticas, económicas y culturales, al igual que cuando el presidente Hugo Chávez estaba en el poder. No vamos a permitir que ningún elemento perturbe las relaciones existentes entre los dos países. Irán es el pilar del Oriente Medio y juega un papel muy importante en la región.

Bloque diplomático

Pero ¿qué busca Irán en las Américas? Las economías del ALBA son minúsculas, salvo la venezolana, pero ésta se encuentra al borde del colapso, debido a la inflación, el racionamiento, la corrupción y la caída de las exportaciones de crudo a EEUU (del que Venezuela tiene que recibir su petróleo ya refinado). ¿Qué pueden aportar a ambas economías la construcción de una planta de ensamblaje de automóviles o una cementera, cuando en las ciudades venezolanas faltan los alimentos básicos?

Ilan Berman, del American Foreign Policy Council, destaca que las relaciones económicas entre el ALBA e Irán no pasan del intercambio de materias primas, pero eso no significa que Gobiernos como los de Caracas, La Habana y Teherán detengan sus planes de subversión. En los regímenes totalitarios y autoritarios la economía se supedita a la política, como ya probaron en los años 80 la invasión de Afganistán por la URSS y en los años 90 la supervivencia de la Cuba comunista a pesar de haber perdido los suministros provenientes del bloque socialista europeo.

Entre los planes de Teherán en América Latina, según señalan diversos analistas de política internacional, están la formación de un bloque internacional en la ONU opuesto a las sanciones contra Irán, el acceso al programa nuclear argentino –puesto en marcha en los años 50 y no desmantelado después de la caída de la Junta militar en 1983– y el blanqueo de fondos gracias al sistema bancario de Ecuador.

La última manifestación de este bloque bien engrasado ha sucedido durante la crisis internacional por la guerra civil en Siria. Cuba y Venezuela han unido sus votos a los de Rusia y China para oponerse a los proyectos que buscan el derrocamiento del presidente sirio Bashar al Asad. En un reciente discurso, Maduro peroró sobre el “amado pueblo árabe” y mezcló su apoyo a Asad con la exigencia de la restitución en Egipto del depuesto Morsi. Todo vale contra el imperialismo yanqui, el sionismo y la derecha.

Caracas lleva casi quince años pretendiendo erigirse en el eje en torno al que giren todos los países de Iberoamérica. Hasta ahora no ha tenido éxito y sólo ha agrupado en su alrededor a un puñado. Pero Teherán se ha creído que gracias a los chavistas podrá disponer de un bloque de votos en la Asamblea General de las Naciones Unidas.