Contextos

Urnas y balas

Por Michael Young 

Bashar-Al-Assad
"En otras palabras, las historias sobre batallas actualmente son, en su mayor parte, versiones interesadas. Sugieren encuentros decisivos, cuando la realidad es que hay un conflicto mucho más fluido, en el que el régimen y los rebeldes, alternativamente, ganan en unos lugares y pierden en otros""Debemos entender la campaña militar fundamentalmente en términos políticos. El principal objetivo de Asad, por encima de cualquier otro, es la supervivencia política. Por eso se ha centrado tanto en asegurar su reelección, lo que probablemente ocurrirá en julio""La idea de que Asad no debe buscar la reelección este año porque ha perdido toda legitimidad resulta pintoresca. ¿Desde cuándo las elecciones sirias confieren alguna legitimidad, de todas formas?"

Para el presidente sirio Bashar al Asad la ofensiva en la zona de Qalamun, en la frontera occidental de Siria con el Líbano, se ha convertido tanto en una cuestión de campaña como en una militar. Dado que está preparándose para su reelección el verano que viene, necesita reescribir su versión del conflicto sirio como un exitoso intento de derrotar a unos denominados grupos terroristas.

Un exprimer ministro ruso, Sergei Stephasin, ayudó a Asad en ello; hace poco, tras reunirse con el presidente sirio en Damasco, dijo a la agencia de noticias ITAR-Tass:

A mi pregunta de cómo marchaban los asuntos militares, Asad respondió: «Este año acabará la fase activa de acción militar en Siria. Después tendremos que pasar a lo que hemos estado haciendo todo el tiempo: combatir a los terroristas».

La victoria del régimen en Maalula de hace unos días, tras los éxitos en Yabrud y Rankus, empujaron a los medios occidentales a creer la versión de los acontecimientos ofrecida por Asad, y les hizo preguntarse si estaríamos asistiendo a un cambio de tendencia en Siria.

No hay duda de que, durante el último año, el régimen ha realizado grandes avances hacia la consolidación de su control del eje central de Siria, y la probable toma inminente de la ciudad vieja de Homs no hará sino reforzar esta tendencia. La operación Qalamun ha tenido diversos objetivos: interrumpir las líneas de suministro entre el Líbano y Siria; consolidar el control del régimen sobre las líneas de comunicación entre Damasco y las zonas costeras y Alepo, y limpiar más de fuerzas rebeldes zonas en torno a la capital.

Pero estos objetivos son de una naturaleza fundamentalmente defensiva y no forman parte -o, al menos, no por ahora- de un proceso más amplio de ofensiva a escala nacional para derrotar a los rebeldes. Además, son variaciones de temas ya antiguos. El régimen de Asad ha informado de la reconquista de Homs en innumerables ocasiones, y, de hecho, controla buena parte de la ciudad, así que la derrota de los rebeldes en la ciudad vieja tiene más valor simbólico que otra cosa. Maalula también fue reconquistada por el régimen el año pasado. Algunos pueblos que, supuestamente, habían sido tomados recientemente por el Ejército sirio en realidad no habían estado bajo control de los rebeldes.

En otras palabras, las historias sobre batallas actualmente son, en su mayor parte, versiones interesadas. Sugieren encuentros decisivos, cuando la realidad es que hay un conflicto mucho más fluido, en el que el régimen y los rebeldes, alternativamente, ganan en unos lugares y pierden en otros. Puede que, realmente, el régimen esté afianzando su control sobre el corredor Norte-Sur y entre Damasco y la costa, pero durante los últimos tres años ha logrado mantener, más o menos, un cierto nivel de control sobre esas líneas de comunicación, de tal forma que los rebeldes nunca han aislado completamente la capital respecto a la costa.

Debemos entender la campaña militar fundamentalmente en términos políticos. El principal objetivo de Asad, por encima de cualquier otro, es la supervivencia política. Por eso se ha centrado tanto en asegurar su reelección, lo que probablemente ocurrirá en julio.

Asad ha logrado ignorar cualquier posible inquietud de los rusos respecto a sus planes, de forma que representantes rusos y otras personas que conocen bien la política exterior de Moscú afirman ahora que su reelección no significará nada. Pero está claro que el presidente sirio no ve las cosas de la misma forma. Por otra parte, puede que las declaraciones rusas sólo tengan como objetivo servir de tapadera para Asad y contener las reacciones a su reelección al tiempo que disimulan la incapacidad rusa para impedirla.

Podría sostenerse que el control de Asad sobre el eje Norte-Sur y sobre Homs es el primer paso de una victoria militar final, pero esperar que haya una solución militar para el conflicto sirio parece algo “imaginario”, por citar a Vitaly Naumkin, un especialista ruso conocedor de Siria, en declaraciones a As Safir.

El motivo de ello es que controlar las líneas de comunicación no sirve para sustituir la necesidad que tiene el régimen de conservar el territorio reconquistado, así como la de volver a tomar zonas perdidas situadas lejos de Damasco. Y estos objetivos requieren unas tropas adecuadas, que el régimen no posee. La situación ha mejorado un tanto con la extensión de las milicias populares, pero éstas no pueden resolver el problema de los contingentes a escala nacional. El Ejército sirio sigue sufriendo enormes bajas; hay quien calcula que la cifra de muertos asciende a 30.000, aunque es muy difícil comprobar una cifra así.

En el mejor de los casos, aunque el régimen reconquiste ciudades importantes, seguirá empantanado en una larga guerra de guerrillas sin resultados claros. Sin embargo, no estamos cerca, ni mucho menos, de esa fase, si tenemos en cuenta que, en los últimos diez días, los rebeldes organizaron un gran ataque en Alepo contra el cuartel de la inteligencia de las Fuerzas Aéreas. Los rebeldes tampoco parecen haber sido expulsados de la provincia norteña de Latakia, donde alcanzaron la costa tras tomar la ciudad armenia de Kasab.

En cambio, en el sur, parece que la tan cacareada ofensiva de primavera se ha paralizado, con la reticencia de jordanos y norteamericanos a proporcionar a los rebeldes los medios necesarios para triunfar. La Administración Obama quiere presionar a Asad para que renuncie y acepte una autoridad de transición, pero en absoluto ha hecho lo suficiente como para que prospere un plan tan improbable.

La idea de que Asad no debe buscar la reelección este año porque ha perdido toda legitimidad resulta pintoresca. ¿Desde cuándo las elecciones sirias confieren alguna legitimidad, de todas formas? A Asad sólo le mueve el poder, y la necesidad de retenerlo. Incluso si sólo fuera elegido por su servicio doméstico se declararía vencedor, lo celebraría y actuaría como si se lo creyera.

La versión que presenta a un régimen sirio que avanza deliberadamente hacia una victoria final en los próximos meses resulta ridícula. Pero Asad sabe que lo es. Sus intenciones son por completo distintas: crear un contexto, por ficticio que resulte, que justifique su reelección. Y a menos que alguien haga explotar esa burbuja, el presidente sirio habrá avanzado un paso más en su test de resistencia política.

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