Revista de Prensa

Una reconciliación falsa

 

abas haniye

El periodista israelí Odet Granot no da el menor crédito al enésimo anuncio de reconciliación entre Hamás y la Autoridad Palestina y aconseja a Jerusalén que no dé pasos precipitados al respecto.

Los mensajes conciliadores que envió Hamás el domingo al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, han dado esperanzas a los palestinos que viven en la Franja de Gaza, pero los políticos de Ramala son menos optimistas. El acuerdo ofrecido por Hamás es ostensiblemente simple: el grupo terrorista desmantelaría su Gobierno [de facto en la Franja] y posibilitaría la celebración de elecciones generales a cambio de que Abás levante las paralizantes sanciones financieras que su Gobierno ha impuesto al enclave.

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Lo cierto es que las condiciones para una reconciliación genuina entre Fatah y Hamás, entre Ramala y Gaza, aún no han madurado. Hamás cree que Abás es un líder ilegítimo, que ha fracasado en su pugna por la reelección y que sigue una política de colaboración con Israel en materia de seguridad igualmente ilegítima. Fatah, por su parte, sabe que Hamás no tiene la menor intención de ceder a Abás el control sobre la Franja. Si acaso, lo que quiere es tomar la Margen Occidental y sustituir a Abás por su propio líder, Ismaíl Haniyeh.

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La posición israelí ante los intentos de reconciliación entre los palestinos es conflictiva. Por un lado, la desconexión entre Ramala y Gaza es conveniente para Jerusalén y apoya su denuncia de que Abás no representa al pueblo palestino en su conjunto. Por el otro, ¿cómo puede oponerse Israel a un escenario en el que, como parte de la “unidad palestina”, las fuerzas de seguridad de Abás tomen Gaza y arrinconen a Hamás?

En estos momentos, este último escenario es el menos realista, así que no hay necesidad de precipitarse. (…) sólo los residentes en Gaza, que creen que la rumoreada reconciliación puede paliar su penosa situación, pueden pronto quedar nuevamente decepcionados.

En esta entrevista con The Cipher Brief, Tony Badran, de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), advierte de las consecuencias que tendría un nuevo conflicto entre Israel y Hezbolá y urge a EEUU a cambiar por completo de estrategia en el País del Cedro.

Hezbolá ha potenciado formidablemente sus capacidades. Ha triplicado su stock de cohetes e incrementado la precisión de sus misiles (…), e infligirá un daño sustancial a las ciudades e infraestructuras israelíes en cualquier guerra futura. (…) la próxima guerra será mucho más sangrienta para las dos partes.

Dicho esto, lo será mucho más para el Líbano. (…) [Los israelíes] tienen una notable [información de] inteligencia sobre Hezbolá, como han demostrado con su capacidad para atacar envíos estratégicos de armas [a los terroristas] y a los más importantes miembros del grupo. El jefe de la fuerza aérea israelí declaró recientemente que las mejoras [tecnológicas] permitirán a Israel hacer en 48-60 horas lo que le tomó 34 días en 2006.

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Nuestra fracasada política libanesa debe ser revisada radicalmente, dado que ha resultado en la consolidación del control de Hezbolá [sobre el Líbano] y en el aumento de sus capacidades militares. La noción de que podemos mimar al ‘Estado’ libanés, que controla Hezbolá, y apoyar al Ejército libanés, que trabaja directamente con Hezbolá, y decir que estamos debilitando a Hezbolá y haciendo retroceder a Irán simplemente no se sostiene. Hezbolá está usando nuestra inversión en el Líbano y en sus Fuerzas Armadas en beneficio propio. Habría que acabar con eso.

Shaúl Shay, antiguo subdirector del Consejo de Seguridad Nacional israelí, escribe sobre los últimos movimientos de El Cairo y destaca la importancia de las relaciones de Egipto con EEUU e Israel.

En el último mes, Egipto ha realizado o preparado ejercicios militares con tres países a los que considera estratégicamente importantes: EEUU, Rusia y Arabia Saudí.

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Al realizar maniobras con dos superpotencias –Rusia y EEUU– y con Arabia Saudí, está tratando de insuflar orgullo nacional y fortaleza a su propio pueblo, al tiempo que refuerza al Ejército y al presidente, Abdel Fatah el Sisi.

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Egipto es un pilar de la coalición árabe suní respaldada por EEUU que hace frente al terrorismo yihadista salafista y a los esfuerzos de Irán por convertirse en el hegemón regional.

El tratado de paz egipcio-israelí es un valor estratégico para ambos países. Con Sisi, los dos países han reforzado sus vínculos militares, y Egipto además ha tratado de contribuir al relanzamiento del proceso de paz con los palestinos.

Israel y Egipto comparten intereses estratégicos –combatir el terrorismo islámico y contrarrestar la amenaza iraní–, e Israel debe hacer lo máximo posible por profundizar en su cooperación con El Cairo.