Contextos

Una joven yazidí relata el infierno de las violaciones del ISIS

Por Raymond Ibrahim 

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"Birvan dijo que intentó suicidarse cuatro veces. Una vez se tomó 150 píldoras que encontró en la casa; nunca supo qué tipo de píldoras eran. Sufrió una intoxicación, pero no murió. Abdul le preguntó si alguien la llevó a un hospital. Ella respondió: '¡¿Qué hospital?! ¡Me pegaron aún más!'"

En el programa Shabaab Talk [“Hablan los jóvenes”], presentado por Yafar Abdul, se emitió una entrevista en árabe el pasado 22 de marzo con una joven yazidí que había sido objeto de cautiverio sexual por parte del Estado Islámico.

La adolescente, presentada con el seudónimo Birvan, fue convertida en esclava cuando contaba 15 años; al cabo de unos meses logró escapar. Ahora tiene 17. Su historia, según la referida entrevista, de cuarenta minutos, es la siguiente.

Unos yazidíes estaban escapando de su pueblo arrasado por la guerra, cerca de Tel Afar, en Irak, cuando cuatro miembros del ISIS les detuvieron en la carretera. Los tipos juraron que si los yazidíes cooperaban y respondían algunas preguntas, no sufrirían daño alguno y podrían volver a casa en paz. A la pregunta de cuántos yazidíes eran, Birvan respondió que sólo recuerda a 95 hombres con sus familias, “muchas, muchísimas mujeres y niños”.

Enseguida aparecieron 17 vehículos del ISIS “llenos de hombres”. Se pusieron agresivos, empezaron a dar órdenes a los yazidíes, separaron a las mujeres de los hombres y a estos –entre los que se contaban el padre, los hermanos y los tíos de Birvan– les dijeron que se marcharan. Las mujeres y los niños fueron llevados a diferentes lugares y encerrados bajo llave.

Los combatientes del ISIS dijeron que solo se estaban llevando a los hombres a otra parte. Sin embargo, poco después de que se marcharan Birvan oyó muchos disparos: “Jamás olvidaré ese ruido”, dijo. Después encontró el cadáver de su padre; nunca volvió a ver a sus hermanos ni a sus tíos, y está convencida de que fueron todos asesinados.

Posteriormente las mujeres fueron llevadas a diferentes ubicaciones, y permanecieron varios días en cada una de ellas. Birvan pudo quedarse junto a su madre. Los miembros del ISIS intimidaban con frecuencia a las mujeres, disparaban al aire y gritaban Alá Akbar (“Alá es el más grande”). “Nos apiñábamos y nos agarrábamos unas a otras, muertas de miedo”, refirió Birvan.

Los miembros del ISIS les dijeron que si intentaban escapar las “matarían o sacrificarían”, rememora Birvan. “Mi madre siempre me agarraba fuerte, por miedo a que, después de que se hubieran llevado a toda su familia –marido, hijos y hermanos–, me llevaran a mí también”.

Ese día llegó. Birvan contó que ella y su madre estaban agarradas muy fuerte, llorando, mientras los del ISIS trataban de separarlas y llevarse a su madre, así como a todas las mujeres mayores y de mediana edad, a otro lugar:

El momento más duro que recuerdo fue cuando nos separaron a la fuerza, después de que estuviéramos fuertemente cogidas de la mano. Fue lo más duro, no solo para mí, sino para todas las chicas y los niños. (…) Mataban a cualquier mujer que se resistiera, abrían fuego sobre ella.

Los varones menores de seis años fueron llevados a un campo militar, presumiblemente para ser convertidos al islam y entrenados como combatientes del ISIS.

Seguidamente, el grupo de Birvan –mujeres y niñas de entre 9 y 22 años– fue llevado a otro lugar de confinamiento en Mosul:

Recuerdo a un hombre, que parecía tener por lo menos 40 años, que vino y se llevó a una niña de diez. Como ella se resistía, le dio una brutal paliza, a pedradas, y la habría disparado si no se hubiese ido con él. Todo contra su voluntad.

Allí, Birvan se encontró con otras 5.000 muchachas yazidíes esclavizadas. “Venían y se llevaban a cualquier niña contra su voluntad; si alguna se negaba, la mataban allí mismo”.

“Solían venir y comprar chicas sin precio; me refiero a que nos decían: ‘vosotras, yazidíes, sois sabiya [botín de guerra, esclavas sexuales], sois kufar [infieles], vais a ser vendidas sin precio’”, lo que quiere decir que no tenían un precio establecido y explica por qué las chicas eran vendidas a cambio de unos cuantos paquetes de tabaco.

“Cualquiera que entrara en nuestra habitación y quedara satisfecho, decía: ‘Vamos’”.

Llegó su turno. Un hombre le dijo: “Ven”. “Me negué y me resistí, y me dio una paliza tremenda”. La compró, le obligó a ir a su casa, que antes había pertenecido a yazidíes; y allí ella, para salvar la vida, le satisfizo.

Cuando se le preguntó por él, Birvan dijo: “Era verdaderamente repugnante, de verdad; si lo vieras, no se diferencia de un animal. En realidad, los animales son capaces de ser más misericordiosos que esos [los del ISIS]”.

Cuando Yafar Abdul le preguntaba sobre los detalles de sus experiencias cotidianas, Birvan parecía visiblemente incómoda. Hacía pausas todo el tiempo, repitiendo únicamente la palabra violación. En un determinado momento, dijo que había “48 miembros del ISIS en esa casa, y éramos dos chicas yazidíes”, como queriendo decir: “Hazte a la idea”.

Contó que una vez se llevaron a su amiga a la habitación de al lado: “No puedes ni siquiera concebir lo que estaba pasando allí”. Oyó a su amiga gritar su nombre y decir: “¡Por favor, ayúdame, sálvame!”.

Lo único que pensaba, de manera recurrente, era:

¿Qué mal han cometido estas chichas –o yo– para merecer todo esto? (…) He perdido a mi padre y a mis hermanos, y hasta me han separado de mi madre. (…) No éramos más que niñas. Se llevaban a cualquiera mayor de 9 años y la violaban.

Birvan dijo que intentó suicidarse cuatro veces. Una vez se tomó 150 píldoras que encontró en la casa; nunca supo qué tipo de píldoras eran. Sufrió una intoxicación, pero no murió. Abdul le preguntó si alguien la llevó a un hospital. Ella respondió: “¡¿Qué hospital?! ¡Me pegaron aún más!”.

También intentó ingerir gasolina y cortarse las venas. “La vida era una pesadilla”.

Birvan dijo que las yazidíes eran obligadas a llevar burka cuando salían al exterior, sobre todo para ocultar su identidad. También obligaban a las chicas a ir ligeras de ropa. “Podían hacer cualquier cosa”, dijo.

Cuando se le preguntó si había una rutina diaria, dijo:

Cada día moría cien veces. No solo una. Cada hora, moría. Cada hora. (…) Por las palizas, la miseria y la tortura.

Birvan acabó logrando escapar “solo porque estaba tan decidida que no me importaba si me atrapaban. Escapar o morir era mejor que seguir allí”.

Otras mujeres yazidíes y no musulmanas que han vivido bajo el ISIS no han podido escapar, y esperan por su rescate.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio