Contextos

Un príncipe árabe denuncia el islamismo

Por Daniel Pipes 

Príncipe heredero de Bahréin
"Salman insta a descartar el concepto 'guerra contra el terror' y propone sustituirlo por la fórmula siguiente: 'guerra contra los teócratas'""Como digo a menudo, el islam radical es el problema, y el islam moderado la solución. Ahora podemos añadir a otro influyente líder, que además es un príncipe heredero, a las filas de los musulmanes que quieren encontrar una solución"

En un destacable discurso, que, sin embargo, hasta ahora ha pasado inadvertido, Salman ben Hamad al Jalifa, príncipe heredero de Baréin (un reino isleño situado en el Golfo Pérsico, en el que tiene su base la Quinta Flota estadounidense), analizó, el pasado día 5, al enemigo islamista y sugirió importantes formas de combatirlo.

Tiene mucho que enseñarnos a los occidentales (empezando por su desafortunado homólogo británico, el príncipe Carlos), si es que quisiéramos escucharle. Sí, algunos líderes occidentales hablan de enfrentarse a la ideología islamista, pero la mayoría evita el tema tirando de eufemismos, ofuscación y cobardía. Los que resultan más frustrantes son los líderes (como Tony Blair) que pronuncian enérgicos discursos sin llevarlos a la práctica.

El príncipe Salman, de 45 años, ampliamente reconocido como el mayor reformista de la Familia Real bareiní, inicia sus observaciones señalando la inexactitud de la expresión guerra contra el terror. “Ha llegado el momento de que nos libremos” de una expresión que se remonta al 11-S, dice. “Resulta algo equívoca, no abarca la totalidad de nuestro conflicto”, sino que es simplemente un “instrumento” y una táctica.

Prosigue, en su impecable inglés, situando el actual conflicto en su contexto histórico:

Si pensamos en el siglo pasado, entonces nos enfrentábamos a un enemigo muy distinto. Hicimos frente al comunismo, y lo hicimos unidos. Pero cuando nos enfrentamos al comunismo lo entendimos como ideología. El terrorismo no es una ideología.

“No sólo estamos luchando contra terroristas, sino contra una teocracia”, señala. Tal y como emplea el término, los teócratas son hombres “situados en la cúspide de una ideología religiosa y que tienen el poder, por disposición religiosa, de privar a alguien de su vida en el Más Allá, y usan ese poder religioso para beneficiarse políticamente”. También son tiranos, aislacionistas y misóginos, y se les deberá combatir “durante mucho tiempo”. Los ridiculiza por ser “muy del siglo XVII”, y por “no tener sitio en nuestro moderno siglo XXI”.

Salman insta a descartar el concepto guerra contra el terror y a “centrarse en cambio en la verdadera amenaza, que es el auge de estas perversas teocracias”. Para ello, propone sustituir guerra contra el terror por la fórmula siguiente: guerra contra los teócratas. Espera que ese concepto haga posible “comenzar a aunar las políticas militares, sociales, y puede que incluso económicas, de manera holística para contrarrestarlo, como hicimos con el comunismo”. En la que quizá sea la frase más destacable de su discurso, afirma: 

Es la propia ideología la que debe ser combatida. Debe ser nombrada, deplorada, contenida y, en última instancia, derrotada.

Hasta ahí, perfecto. Pero Salman elude la amarga realidad de que la “retorcida” y “bárbara” ideología que describe es específicamente islámica y todos los teócratas son musulmanes: “Esta guerra que libramos no puede ser contra el islam (…), el cristianismo (…), el judaísmo (…), el budismo”. Así, cuando menciona esta ideología, el príncipe vacila y generaliza. Emplea un torpe neologismo (teocrismo), y luego se remonta a la Segunda Guerra Mundial con “teocracia fascista”. Rechaza implícitamente  el término islamismo: dice que no quiere “un debate acerca de ciertos partidos políticos, sean islamistas o no”.

Yo sostengo que islamismo es justo el término que busca para referirse a la ideología enemiga, y que estamos inmersos en una guerra contra el islamismo. Salman comprende bien el problema: la transformación del islam en una ideología totalitaria; pero se refugia en la excusa de que tanto el cristianismo como el judaísmo y el budismo sufren del mismo mal. Es mejor que él, y otros musulmanes francos, acepten la inevitable realidad de que sólo el islam alberga una tentación totalitaria.

Desde el punto de vista positivo, las observaciones de Salman se encuadran dentro de una creciente tendencia entre los políticos musulmanes a enfrentarse directamente al peligro islamista. Éstos son dos ejemplos recientes:

Esta nueva tendencia tiene una gran importancia. Como digo a menudo, el islam radical es el problema, y el islam moderado la solución. Ya podemos añadir a otro influyente líder, que además es un príncipe heredero, a las filas de los musulmanes que quieren encontrarla.

Daniel Pipes – Middle East Forum