Revista de Prensa

¿Un Estado palestino libre de judíos?

 

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Benjamín Netanyahu tachó de “limpieza étnica” la petición palestina de la erradicación de todas las comunidades israelíes radicadas en Judea y Samaria/Cisjordania. Eugene Kontorovich, del Kohelet Policy Forum, abunda en la inaudita demanda de Mahmud Abás y compañía.

Cuando se sienten presionados, los defensores de la posición palestina hablan de [un territorio] “sin colonos”, en lugar del malsonante “sin judíos”. [Significativamente,] (…) los palestinos jamás han objetado el asentamiento de árabes israelíes a lo largo de la Línea Verde, como los hay en un número significativo.

Simplemente, no hay apoyo en la praxis internacional para la expulsión de pobladores de territorios ocupados. En las muchas situaciones [existentes], la comunidad internacional jamás ha defendido la expulsión, sino que ha apoyado de manera consistente planes para permitir a los colonos permanecer en un nuevo Estado.

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La única razón [por la que los judíos que viven en la Margen Occidental son] “colonos” fue la expulsión jordana de 1949 y la posterior aplicación durante 19 años de [una política de] territorio libre de judíos. A los expertos en Derecho Internacional les gusta decir que Israel, en tanto que potencia ocupante, debe mantener el anterior ‘statu quo’. Incluso asumiendo que fuera así, señalar que el statu quo era fruto de una reciente y total limpieza étnica, que alcanzó hasta al último judío, difícilmente podría considerarse improcedente.

La pasada semana, el presidente Obama anunció el veto presidencial a una ley que permitiría a las familias de las víctimas de los atentados del 11-S llevar a juicio al Estado saudí. Andrew McCarthy, de la National Review, defiende la decisión del presidente estadounidense.

Incluso si las demandas tienen éxito, el Gobierno saudí jamás va a asumir ninguna sentencia. Más aún, una legislación de este tipo llevará a otros países a aprobar leyes que permitan a sus ciudadanos demandar a EEUU –y puede que incluso leyes penales que autoricen el arresto de funcionarios en activo o retirados del Gobierno estadounidense (incluido el personal militar)– por acciones llevadas a cabo en defensa de nuestro país y a favor de nuestros intereses. Puesto que tenemos intereses en todo el mundo y un Ejército que actúa de manera global (y letalmente), nuestra nación tiene mucho que perder si juega esa partida.

María Dubovikova, presidenta del International Middle Eastern Studies, analiza la situación del conflicto sirio tras el fallido alto el fuego pactado por EEUU y Rusia, durante el cual se han producido ataques letales.

En circunstancias tan complicadas, la declaración estadounidense de que este acuerdo de alto el fuego fue alcanzado entre EEUU y Rusia ha comenzado a parecer bastante embarazosa. No hay duda de que muchas de las dudas y malos entendidos respecto a lo que está ocurriendo se aclararían si el contenido del acuerdo fuera hecho público.

Ambos países están haciendo su juego en Siria, ganando tiempo y persiguiendo sus propios intereses. La situación provoca más preguntas que respuestas. El conflicto va hacia una solución militar, que promete ser violenta y peligrosa.

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Ni Rusia ni EEUU tienen la clave para resolver el conflicto. Los sirios han perdido las llaves y han elegido la solución militar. Quizá las encuentren de nuevo, pero el coste en términos de vidas humanas será enorme.