Contextos

¿Un ejército ruso en Siria?

Por Ricardo Ruiz de la Serna 

Bandera de Rusia.
"La CIA calcula que el Estado Islámico tiene unos 30.000 hombres. Algunas fuentes llegan a hablar de 200.000, lo que parece algo exagerado. El presidente Putin ha declarado que está organizando un ejército de 150.000 soldados para 'borrar al Estado Islámico'. El despliegue ruso en tierra podría salvar definitivamente a Asad incluso si no se alcanza el objetivo declarado"

Desde el 30 de septiembre, la Federación Rusa está en guerra directa contra el Estado Islámico. ¿Solo contra él? No, las acciones militares que dirige Moscú en coordinación con Teherán, Damasco y Hezbolá también se dirigen contra los grupos armados de la oposición a Asad. En realidad, todos los enemigos del presidente sirio han sufrido los bombardeos: los yihadistas chechenos, Jaish al Fatah, el Frente Islámico Jaish al Islam –una organización yihadista salafista que opera en los alrededores de Damasco– y el Ejército Libre Sirio, que durante algún tiempo fue la gran esperanza de Occidente por sus vínculos con el Consejo Nacional Sirio. En aquella época –corría el año 2011– todavía se pensaba que había dos bandos: el de Asad y el de los demócratas. Ahora la situación es mucho más confusa para Occidente.

Sin embargo, para Moscú sigue siendo muy clara.

La política de Vladímir Putin ha consistido en sostener a sus aliados con firmeza. Lo ha demostrado con la República Islámica de Irán y lo está haciendo de nuevo con Asad, cuyos enemigos sufren por igual los bombardeos tanto si son yihadistas vinculados a Al Qaeda –por ejemplo, el Frente Al Nusra– como si se trata del Estado Islámico.

La estrategia rusa hasta ahora ha sido proveer de apoyo aéreo a las tropas de infantería que operan sobre el terreno: iraníes de la Fuerza Quds, efectivos de Hezbolá y tropas regulares sirias. A esto se suma el empleo de misiles desde los navíos rusos de la flota del Caspio. A principios de octubre Al Yazira contó que cuatro barcos rusos habían bombardeado con misiles de crucero 11 objetivos en Siria. La combinación de la fuerza aérea y la armada rusas puede brindar a los aliados de Asad un instrumento muy poderoso para batir a sus enemigos a distancia y allanar el terreno para la infantería.

No obstante, esto podría ser insuficiente.

Es difícil ganar una guerra solo desde el aire o a distancia. Sin duda, se puede crear un nuevo equilibrio de fuerzas, como hizo la OTAN en Libia en marzo de 2011 para salvar de la destrucción a los rebeldes que resistían a Gadafi en Bengasi. Una intervención aérea puede cambiar muchas cosas.

Sin embargo, el control del terreno se gana con la infantería, y esto resulta algo más problemático. Desplegar tropas de tierra supone combates cuerpo a cuerpo, tiroteos, emboscadas, guerrilla urbana. El Estado Islámico combina el combate en campo abierto con todas las tácticas del terrorismo, desde el uso de escudos humanos a los suicidas con chalecos y cinturones explosivos.

Las redes sociales –cuyo uso por los servicios de inteligencia abre posibilidades insospechadas– han ido difundiendo fotografías de soldados rusos en Siria, y no solo en la base naval de Tartus, sino en zonas más alejadas: Damasco, Alepo, Hama, Al Soda, Homs y otros lugares. No solo hay fotos de soldados, también de tanques y otros vehículos.

El presidente de la República de Chechenia pidió en octubre a Vladímir Putin que autorizase el envío de tropas chechenas a luchar contra el Estado Islámico: “Como musulmán, checheno y patriota ruso, quiero decir que, en 1999, cuando nuestra república fue invadida por estos demonios, juramos sobre el Corán que los combatiríamos dondequiera que estuviesen”. Es cierto que, a veces, estas afirmaciones son mera retórica, pero también es cierto que la propaganda suele preparar el terreno para otras cosas.

El envío de la infantería tiene además otro sentido. La guerra a distancia –por ejemplo, el uso de drones– puede estar autorizada por el Derecho de los conflictos armados, pero sus efectos sobre la población civil –víctimas inocentes, terror generalizado, etc.– alimentan un resentimiento que los terroristas tratan de capitalizar, como ha ocurrido en Yemen, Irak o Afganistán. El resentimiento, el odio y el deseo de venganza son fuerzas muy poderosas para movilizarse, y los terroristas las han estado utilizando durante más de una década en los lugares donde los ataques con drones han matado a inocentes, que no han sido pocos.

La CIA calcula que el Estado Islámico tiene unos 30.000 hombres. Algunas fuentes llegan a hablar de 200.000, lo que parece algo exagerado. El presidente Putin ha declarado que está organizando un ejército de 150.000 soldados para “borrar al Estado Islámico”. El despliegue ruso en tierra podría salvar definitivamente a Asad incluso si no se alcanza el objetivo declarado. Una de las grandes debilidades del presidente sirio era que se estaba quedando sin tropas de infantería por el goteo incesante de bajas y deserciones. Bastaría que pudiese romper el aparato de financiación de los yihadistas recuperando los campos de petróleo y gas, así como desmontando el sistema de extorsión a través de impuestos y protección.

Incluso podría suceder que la propaganda del Estado Islámico exagere sus propias capacidades y que, una vez enfrentados con tropas bien entrenadas y equipadas, tengan una resistencia menor de la esperada. Algo así sucedió con el Irak de Sadam Husein en las dos Guerras del Golfo.

Ahora bien, es un conflicto asimétrico donde el número de tropas desplegadas no lo es todo. A los yihadistas siempre les quedará el terrorismo.