Contextos

Un año de califato terrorista

Por Pablo Molina 

Estado Bandera del Estado Islámico de Irak y el Levante
"Los terroristas de Bagdadi siembran el pánico allí donde ejercen su dominio. Las ejecuciones sumarias de los que se oponen a sus mandatos y las campañas de exterminio de infieles son dos de sus características más espantosamente célebres"

El 29 de junio de 2014, con motivo del comienzo del Ramadán, el portavoz del Estado Islámico de Irak y el Levante anunció al mundo musulmán la instauración de un nuevo califato. Abu Baker al Bagdadi fue proclamado califa, “título de los príncipes sarracenos que, como sucesores de Mahoma, ejercieron la suprema potestad religiosa y civil en algunos territorios musulmanes”, según se lee en el diccionario de la Real Academia. Para su proclamación, el caudillo terrorista eligió el nombre de Ibrahim, e hizo su primera aparición pública como tal el 5 de julio.

La entidad terrorista acortó entonces su nombre al mero Estado Islámico, prescindiendo de las acotaciones geográficas. Y es que su objetivo es expandirse por el mundo musulmán hasta que todos los creyentes estén bajo su mando. En esos momentos ya había conquistado Mosul, la tercera ciudad más populosa de Irak, y se había apropiado del dinero de sus bancos, de la industria petrolífera local y del armamento abandonado por las tropas iraquíes en su huida.

El 8 de agosto de 2014 la aviación estadounidense comenzó a atacar objetivos del grupo terrorista en Irak. Fue la primera acción militar del Ejército de EEUU en suelo iraquí desde la retirada de sus tropas, a finales de 2011. Dos semanas después de que dieran inicio los bombardeos aliados, los terroristas del EI comenzaron a decapitar rehenes extranjeros y a difundir las imágenes, para generar terror en las sociedades occidentales.

Los terroristas de Bagdadi siembran el pánico allí donde ejercen su dominio. Las ejecuciones sumarias de los que se oponen a sus mandatos y las campañas de exterminio de infieles son dos de sus características más espantosamente célebres. En estos momentos controlan buena parte de Siria y de Irak, a pesar de las continuas ofensivas de la alianza internacional liderada por EEUU y de la resistencia que les oponen los peshmergas kurdos y, en menor medida, el Ejército iraquí. Además, han establecido una cabeza de puente en Libia y también están presentes en Túnez y el Sinaí, por citar otros dos territorios de gran importancia estratégica.

El primer aniversario del califato del EI ha estado bañado en sangre. Los atentados de este fin de semana en Túnez, Kuwait, Somalia y Francia, con decenas de víctimas mortales, así como las matanzas perpetradas en Kobani, no han hecho sino volver a confirmar la naturaleza criminal de esta entidad terrorista.

A mediados de mayo, el califa Bagdadi emitió una fetua en la que instaba a los musulmanes a atentar contra los infieles, especialmente contra “los cruzados”, es decir, los cristianos. En ella decía:

La guerra que estamos llevando a cabo no es sólo la guerra del Estado Islámico. Es la de todos los musulmanes (…). El Estado Islámico es sólo la punta de lanza en esta guerra. No es más que el combate de las personas de fe contra los infieles.