Contextos

Un alto el fuego insatisfactorio no sentenciará a Netanyahu

Por Jonathan S. Tobin 

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel.
"Antes incluso de que aceptara los términos del alto el fuego que ha hecho que le lluevan las críticas de todo el espectro político israelí, la popularidad del primer ministro Benjamín Netanyahu había caído en picado respecto al respaldo generalizado que había recibido durante el cénit de la lucha en Gaza. Pero se equivocan quienes piensen que la insatisfacción por que haya aceptado lo que viene a ser un empate con Hamás acelerarán el fin del actual Gobierno o recortarán su mandato""Los que querrían que Israel tuviera respuestas fáciles para sus actuales amenazas de seguridad (sea aceptando hacer más concesiones o acabando con Hamás) están descontentos con Netanyahu. Ese grupo incluye a la mayoría de israelíes. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de habitantes del país entiende también que sus respuestas son, probablemente, el menor de una serie de males posibles"

Antes incluso de que aceptara los términos del alto el fuego que ha hecho que le lluevan las críticas de todo el espectro político israelí, la popularidad del primer ministro Benjamín Netanyahu había caído en picado respecto al respaldo generalizado que había recibido durante el cénit de la lucha en Gaza. Pero se equivocan quienes piensen que la insatisfacción por que haya aceptado lo que viene a ser un empate con Hamás acelerarán el fin del actual Gobierno o recortarán su mandato. Las opciones que tienen los críticos de Netanyahu son tan reducidas como las que se le presentaron al primer ministro cuando no le quedómás remedio que tragar y permitir que Hamás alardeara falsamente de haber vencido.

La gran caída en la popularidad de Netanyahu, según una encuesta publicada anteayer, indica la insatisfacción con la realidad a la que se ha enfrentado Israel en Gaza. La decisión del premier de reducir la intensidad de la ofensiva contra Hamás hace unas semanas, después de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) destruyeran los túneles que habían descubierto, no se vio recompensada con un fin de los combates. Los masivos lanzamientos de cohetes por parte del movimiento islamista palestino durante la pasada semana, que causaron la muerte de dos civiles, fueron vistos como un revés para la política de contención de Netanyahu.

Pese a que la opinión pública internacional vapuleóa Israel por atacar duramente objetivos de Hamás y provocar víctimas civiles en Gaza, el público de Netanyahu comprendía que sus intentos de evitar una escalada masiva en los combates hasta que se vio arrastrado a ello por culpa de los ataques de Hamás era consecuencia de su característica cautela. Pero destruir los túneles no acabócon los lanzamientos de cohetes ni debilitóel control de Hamás sobre Gaza. Con sus aliados de derechas en la coalición de Gobierno instando a reocupar la Franja para forzar su desmilitarización –cosa que Israel necesita realmente para asegurarse la tranquilidad–, Netanyahu se encontrócon que en el extranjero le tachaban de derechista y, al mismo tiempo, en casa, sus antaño aliados le acusaban de ser un centrista contemporizador.

La triste realidad del conflicto es que nada que no sea una guerra abierta para eliminar a Hamás garantizaráque Israel no tenga que enfrentarse a otra ronda de combates cada vez que los islamistas quieran subir las apuestas en el conflicto. También es cierto que mientras el Movimiento de Resistencia Islámico siga al mando allícualquier discusión sobre una solución de dos Estados en la Margen Occidental queda archivada en la práctica. Pese a sus amenazas de acudir a Naciones Unidas para obligar a Israel a retirarse de la Margen sin un acuerdo de paz, la lucha ha demostrado una vez más la irrelevancia del líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás. Incluso si los israelíes estuvieran dispuestos a creer que el rais es un socio fiable para la paz (una asunción dudosa, incluso en los mejores tiempos), ningún Gobierno israelíde cualquier color renunciaría jamás a ese territorio altamente estratégico mientras hubiera la más remota posibilidad de que ello supusiera tener a otro Hamasistán, mayor y más peligroso, en la misma puerta del país.

Abás sobrevive en la Margen Occidental sólo gracias a la protección israelí. La idea de que la AP pueda lanzarse sobre Gaza y asegurar que los materiales de construcción no se emplean para construir túneles de Hamás, o evitar que el movimiento islamista introduzca más armas en la Franja, es ridícula. Pese a las promesas de Estados Unidos y de otros patrocinadores del alto el fuego, lo único que éste garantiza es que Israel tendráque afrontar pronto otro conflicto con Hamás, en unas condiciones quizámenos favorables que las actuales.

Pero quienes ahora vapulean a Netanyahu por su cobardía también deben darse cuenta de que la decisión de ocuparse de Hamás de una vez por todas llevaría implícito un precio mayor del que la mayoría de los israelíes están dispuestos a pagar actualmente, incluidos muchos de quienes refunfuñan por la decisión del premier. Acabar con los islamistas costaría sin duda cientos de vidas de miembros de las FDI, y causaría miles de víctimas palestinas, por no mencionar lo que aumentaría el aislamiento diplomático de Israel y empeorarían las ya tensas relaciones con la Administración Obama. Y eso sin considerar siquiera el coste de tener que volver a asumir la administración de Gaza y de enfrentarse a lo que, casi con certeza, sería una continua campaña terrorista por parte de Hamás y de otros grupos islamistas.

¿Habría valido la pena? Es fácil responder de forma abstracta a esa pregunta, ya que decir que sísupone el único camino lógico hacia una mayor posibilidad de calma, asícomo a una solución de dos Estados. Pero no puede culparse a Netanyahu por dudar en pagar tan alto precio material y humano.

Tampoco debería suponerse que este decepcionante resultado vaya a suponer el colapso del Gobierno de Netanyahu o unas nuevas elecciones a corto plazo de las que podría surgir un nuevo primer ministro. No hay motivos para suponer que los rivales de derechas de Netanyahu fueran tan insensatos como para abandonar el Gabinete, ya que ello le dejaría abierto el camino al primer ministro para formar un nuevo Gobierno más centrista. El ministro de Exteriores Avigdor Lieberman y el de Economía, NaftalíBennett, seguirán criticando a Netanyahu y ganarán puntos entre sus propios seguidores, asícomo entre los votantes del Likud decepcionados con que el premier no siga hasta su conclusión lógica sus propios argumentos sobre Hamás. Pero aparte de soltarle bilis, los críticos derechistas del primer ministro tienen pocas opciones.

E igual de importante resulta que nada de lo sucedido este verano haya alterado la que en los últimos años ha sido la ecuación básica de la política israelí. Pese a todas las quejas vertidas hacia él, lo que en parte se debe a la insatisfacción con las opciones que afronta el país y a la impopularidad personal del mandatario, la postura de Netanyahu representa un claro consenso de la opinión pública israelí. Por mucho que a la mayoría de israelíes les gustara librarse de la mayor parte de la Margen Occidental, pocos creen que tenga sentido dejarla a falta de una decisión palestina de acabar con el conflicto; decisión que la supervivencia de Hamás hace imposible.

Y, lo que aún viene más al caso, nadie del Gobierno ni de fuera de él ha emergido este verano como alternativa verosímil a Netanyahu. Sigue siendo la única opción posible para primer ministro, aunque le guste a poca gente y menos aún esté contenta con las alternativas entre las que debe escoger.

Los que querrían que Israel tuviera respuestas fáciles para sus actuales amenazas de seguridad (sea aceptando hacer más concesiones o acabando con Hamás) están descontentos con Netanyahu. Ese grupo incluye a la mayoría de israelíes. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de habitantes del país entiende también que sus respuestas son, probablemente, el menor de una serie de males posibles.

Incluso si Hamás respeta verdaderamente el alto el fuego, los próximos meses serán duros para el primer ministro, Pero hablar de reocupar Gaza o de dar un audaz golpe que haga posible la paz no es más que eso: hablar.  La realidad de Oriente Medio es tal que las poco apetecibles decisiones de Netanyahu son las únicas viables para una nación cuya única opción real sigue siendo hacer lo que debe para asegurar su supervivencia hasta el día en que sus enemigos estén dispuestos a hacer las paces. Así, el nada heroico y cauto Netanyahu es la única opción realista para seguir liderando a Israel en el futuro inmediato.

Commentary