Revista de Prensa

Turquía no es de fiar

 

Bandera de Turquía.

Eso es lo que sostienen Steven A. Cook, del Council on Foreign Relations, y Michael J. Koplow, del Israel Policy Forum, en este artículo publicado por The Wall Street Journal. A su juicio, es hora de que EEUU recurra a otros aliados en la región para todo aquello para lo que actualmente necesita a Turquía.

[EEUU y Turquía] están en desacuerdo sobre Siria y sobre la urgencia de desalojar del poder a Bashar al Asad; sobre el apoyo a los kurdos de Siria, que, a diferencia de los turcos, han demostrado ser socios fiables en la lucha contra el Estado Islámico; sobre la soberanía (…) de Irak y sobre el mantenimiento de las sanciones contra Irán.

(…) Se podría pasar por alto la conducta de los turcos si Ankara fuera indispensable para el desempeño de EEUU en Oriente Medio y Asia Central. Pero no lo es.

Las pistas [de la base aérea] de Incirlik son importantes. Bombardear al Estado Islámico es una prioridad americana, así como llevar armas a los rebeldes sirios. Pero ambas misiones se pueden acometer desde cualquier otro lugar (…) Sería prudente por parte de EEUU el desarrollo de un plan de repliegue de fuerzas de Turquía llegando a acuerdos para el uso de aeródromos en Chipre, Jordania y la región kurda de Irak, por ejemplo (…)

En vez de pasar por alto los excesos turcos a la espera de que Erdogan recupere la sensatez, ha llegado la hora de buscar aliados más fiables.

La analista norteamericana Brooklyn Middleton aboga por que la protección de los civiles sea uno de los pilares de la política siria de su país, que ha de presionar por que tanto el dictador Asad como sus aliados hagan frente a sus responsabilidades.

Mientras la lucha contra el ISIS continúa, EEUU debe igualmente pedir responsabilidades a Rusia y al régimen de Asad por cada uno de sus brutales ataques; la era de la impunidad en Siria, donde casi medio millón de personas han muerto, donde los hospitales y demás instalaciones sanitarias han sido repetidamente bombardeados desde el aire y se siguen registrando ataques con cloro, debe terminar.

El escritor norteamericano Jack Engelhard reflexiona sobre uno de los momentos más significativos de los Juegos de Río, cuando el judoca israelí Or Sasón tendió repetidas veces la mano al egipcio al que acababa de derrotar, sólo para ver cómo éste le negaba igual de insistentemente el saludo.

[Sasón] ganó para su país la buena reputación que tan a menudo merece y con tanta frecuencia se le deniega. (…) [Sasón] se ganó el corazón de un mundo desalmado en un instante que perdurará más allá de estas Olimpiadas. Qué habitual es que un israelí convierta el bronce en oro.