Contextos

Turquía: la muerte de la libertad de expresión

Por Burak Bekdil 

Bandera de Turquía.
"Las irregularidades en Turquía son demasiado graves para que las tapen términos de la jerga diplomática como preocupación e inquietud. Con anterioridad a la reunión en Londres del primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, con el de Gran Bretaña, David Cameron, más de dos docenas de destacados periodistas, entre ellos David Hare, Tom Stoppard, Hari Kunzru, William Boyd, Ali Smith, Sarah Waters y Monica Ali, pidieron al premier británico que urgiera a Ankara a poner fin a la represión de la libertad de expresión"

Al defender su objetivo de erigir un sistema ejecutivo presidencial, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, citó la Alemania de Hitler como forma de gobierno eficaz. Sí, dijo, se puede tener un sistema presidencial en un Estado unitario, como en la Alemania de Hitler. Su gabinete dijo posteriormente que la metáfora de “la Alemania de Hitler” había sido “distorsionada” por los medios.

Las palabras de Erdogan sobre la Alemania de Hitler pueden haber sido distorsionadas o no, pero la forma en que gobierna Turquía recuerda poderosamente a cómo gobernó Hitler el Tercer Reich.

Con o sin distorsión de las palabras de Erdogan, se presentó una acusación penal contra Sedat Ergin, redactor jefe del periódico más influyente del país, Hurriyet. La acusación pedía hasta cinco años de cárcel para Ergin por haber insultado presuntamente a Erdogan. La acusación afirma que Hurriyet insultó al presidente al parafrasear sus comentarios del 6 de septiembre de 2015 sobre un ataque del ilegal Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo) en la frontera iraquí, en el que murieron 16 soldados turcos.

Estas descabelladas acusaciones ya no son noticia en la Turquía de Erdogan. El 11 de enero los fiscales abrieron una investigación criminal al presentador y productor de un popular programa de entrevistas acusándole de “propaganda terrorista”. Dieron ese paso tras la llamada al programa de una mujer, que se identificó como maestra, que protestaba por las muertes de civiles producidas en el transcurso de las operaciones contra el PKK. La mujer instaba al público a alzar la voz contra las muertes de “nonatos, bebés y madres”. Ni siquiera mencionó al PKK.

Según un informe de la Asociación de Periodistas Turcos, 500 periodistas fueron despedidos en Turquía en 2015, mientras que otros 70 sufrieron violencia física. Treinta periodistas permanecen en prisión, la mayoría acusados de terrorismo. Ni que decir tiene que esos periodistas son invariablemente conocidos por sus críticas a Erdogan.

Los periodistas no son los únicos amenazados por un aparato judicial y legal que es incondicionalmente leal a Erdogan. El 15 de enero, la Policía detuvo a un gran número de académicos a los que Erdogan había calificado de “gente oscura” por firmar una declaración que denunciaba las operaciones militares contra el PKK.

Más de 1.100 turcos y 300 académicos extranjeros firmaron la declaración que los fiscales turcos consideran “insulta al Estado y participa de la propaganda terrorista en nombre del PKK”. Inmediatamente antes de las detenciones, Erdogan acusó a los firmantes y apeló al poder judicial para que actuara contra la “traición”.

“Que lleven el título de profesor o doctor delante de sus nombres no les ilumina. Son gente oscura”, dijo Erdogan. “Son villanos y viles, porque los que se alinean con los villanos son también villanos”.

En su declaración, estos “traidores” se negaban a ser “parte del crimen” y apelaban al Gobierno para que pusiera fin a la “masacre”.

Un líder de la mafia convicto, notoriamente nacionalista, amenazó públicamente a los firmantes diciendo: “Nos ducharemos con vuestra sangre”. A diferencia de los académicos “terroristas”, hasta la fecha no ha sido acusado por dicha amenaza.

“Para la democracia turca (sea lo que sea), esto es muy grave. Confirma que esta es una democracia en la que la libertad de expresión es cada vez más menguante. Es una democracia en la que la voz de la nación, que es prácticamente la voz de la mayoría política y su glorificado líder, intimida y silencia a las voces disidentes”, escribió el columnista de Hurriyet Mustafa Akyiol.

Las estadísticas del Ministerio de Justicia turco son tal vez lo que mejor explica el enorme déficit de democracia en la Turquía de Erdogan. Las prisiones del país tienen capacidad para albergar a 180.176 reclusos. A 13 de enero, había en ellas un total de 179.611 presos, lo que significa que no habrá espacio si los fiscales detienen a solo 565 personas más.

Todo esto no está ocurriendo en la Alemania de finales de la década de 1930, sino en la Turquía del siglo XXI.

Entretanto, Europa, que mima sus relaciones transaccionales con Turquía, prefiere mirar a otro lado y silbar.

Todo lo que la Unión Europea fue capaz de decir sobre la persecución de los académicos que firmaron la referida declaración fue que era algo “sumamente preocupante”. Bruselas es incapaz de ver que los asuntos turcos traspasaron hace mucho tiempo el umbral de lo “sumamente preocupante”.

El destacado periodista Can Dundar, que lleva desde el 26 de noviembre en la cárcel acusado de terrorismo, tenía razón cuando escribió, en una carta abierta al primer ministro de Italia, Matteo Renzi:

El acercamiento entre Turquía y la Unión Europea a causa de los refugiados no debería eclipsar las violaciones de los derechos y libertades fundamentales en Turquía durante su proceso de ingreso en la UE.

En realidad, las irregularidades en Turquía son demasiado graves para que las tapen términos de la jerga diplomática como preocupación e inquietud. Con anterioridad a la reunión en Londres del primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, con el de Gran Bretaña, David Cameron, más de dos docenas de destacados periodistas, entre ellos David Hare, Tom Stoppard, Hari Kunzru, William Boyd, Ali Smith, Sarah Waters y Monica Ali, pidieron al premier británico que urgiera a Ankara a poner fin a la represión de la libertad de expresión.

Las filiales inglesa, galesa y escocesa del PEN lo expresaron con toda sencillez:

Durante los últimos cinco años, [en Turquía] la intimidación, las amenazas e incluso las agresiones físicas contra periodistas, escritores y editores se han convertido en la norma [en Turquía].

Ahora, Turquía es algo más que “preocupante”.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio