Revista de Prensa

Turquía, fuera de la ley

 

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía.

Yavuz Baidar, cofundadora de la Plataforma turca por un Periodismo Independiente, relata los casos más llamativos de la persecución de Ankara contra la prensa, exacerbada tras la intentona golpista del pasado 15 de julio.

[Asli] Erdogan, [Lale] Kemal y [Sahin] Alpay, como tantos periodistas, académicos y artistas que se preocupan por su país, son chivos expiatorios de las políticas erráticas del poder.

Incluso hombres de negocios han caído víctimas de la masiva caza de brujas contra FETO [iniciales de la manera en que el presidente Erdogan se refiere a los colaboradores de Fethullah Gülen, tachándolos de organización terrorista]. Importantes sumas en bienes pertenecientes a los acusados de ser simpatizantes de Gülen han sido requisadas y expropiadas por el Estado. No hace mucho tiempo, esos hombres de negocios eran elogiados como los Tigres de Anatolia, que abrieron el mercado turco a la globalización.

Las incautaciones desembocarán probablemente en quejas ante la Corte Europea. Son tristemente reminiscencias de las expropiaciones perpetradas en los estertores del Imperio Otomano, que tuvieron como objetivo principal los bienes propiedad de cristianos.

Lo que todos esos casos tienen en común no es la acritud que contamina la política diaria en Turquía. Es la total sensación de colapso del imperio de la ley (…).

El columnista del Boston Globe Jeff Jacoby, conocido defensor de Israel, justifica su apoyo al candidato del Partido Libertario, Gary Johnson, que defiende la supresión de las ayudas estadounidenses al Estado judío.

¿Es posible apoyar a Israel y defender la importancia de las relaciones con EEUU y oponerse simultáneamente a los subsidios anuales que proporciona el Congreso al Ejército israelí? Por supuesto. El Estado judío, con su economía en auge, no necesita la caridad americana. Aunque sólo sea por respeto nacional, Israel debería querer dejar de depender de los subsidios estadounidenses, y América no debería contaminar la amistad de su aliado incondicional en Oriente Medio con dependencia financiera.

(…)

Además de la ayuda militar, EEUU ha proporcionado durante muchos años a Israel fondos asistenciales. En la década de los 90 del siglo pasado, la noción de que la emergente economía altamente tecnológica israelí necesitaba ser apuntalada por los contribuyentes americanos se había convertido en algo vergonzoso. Los subsidios fueron eliminados. Para 2007 habían desaparecido y nadie lamenta su supresión.

Lo que ocurrió con la ayuda económica debería pasar también ahora con la ayuda militar. Israel es suficientemente fuerte como para sostenerse sobre sus propios pies y debería hacer de ello una cuestión de orgullo. Los lazos que unen a americanos e israelíes están entre los más sólidos del mundo. Liberarlos de la ayuda exterior los hará incluso más fuertes.

El analista Ephraim Herrera analiza en este artículo la desaparición de Abu Mohamed al Adnani, dirigente del EI caído en la batalla de Alepo, cuyos llamamientos a la yihad han fascinado a miles de musulmanes en todo Occidente, algunos de los cuales han pasado a cometer actos terroristas.

Morir luchando por Alá es visto como un gran privilegio, así que Adnani se llamará a partir de ahora el jeque Al Adnani. Eso no quiere decir que los esfuerzos para acabar con los líderes de las organizaciones terroristas sean irrelevantes. Esos golpes los debilitan, les fuerzan a reorganizarse, les hacen cada vez más suspicaces y propensos a las luchas intestinas (…) Pero esta persistente guerra tiene también que ser combatida mediante la erradicación de la ideología que motiva a esos terroristas.

La pasada semana, las fuerzas de seguridad francesas asaltaron una mezquita en un suburbio de las afueras de París y descubrieron lo que muchos ya sabían que había allí: una escuela islámica clandestina que enseñaba a los niños musulmanes franceses el pensamiento salafista, esparciendo odio hacia los cruzados [cristianos], los judíos y todos los valores de Occidente. Curiosamente, 12 de los que rezaban regularmente en la mezquita estaban conectados con la red yihadista que enviaba a jóvenes varones a combatir en las filas del Estado Islámico en Siria.