Revista de Prensa

Turquía, dictadura de facto

 

Bandera de Turquía.

Alon Ben-Meir, del World Policy Institute, repasa los últimos acontecimientos políticos en Turquía, signados por la marcha del primer ministro Davutoglu, que confirman a su juicio las aspiraciones dictatoriales del presidente Erdogan.

Cuando la Constitución es utilizada como una herramienta para acaparar poder, cuando las teorías de la conspiración justifican una cruel caza de brujas, cuando la gente teme hablar públicamente sobre política, cuando los periodistas son detenidos sin juicio, cuando la comunidad académica es atacada regularmente, cuando los derechos humanos son violados groseramente y cuando los principios democráticos son pisoteados, esto no es una mera farsa para Turquía, es una tragedia.

Con la salida de Davutoglu y el AKP [Partido Justicia y Desarrollo, la formación fundada y liderada por Erdogan] reducido a mera comparsa, Turquía se ha convertido de facto en una dictadura y ahora nadie se interpone en el camino de Erdogan.

Es un día triste para el pueblo turco, ya que el país está ahora gobernado por un dictador sin escrúpulos, equilibrios ni contrapesos, (…) no hay perspectivas de cualquier cambio a mejor mientras Erdogan siga en el poder.

Para el escritor y periodista turco Cendig Çangar, la ciudad de Kilis, cercana a la frontera con Siria, representa la incompetencia de Erdogan y la fatuidad de sus proclamas triunfalistas: el Estado Islámico la ataca constantemente, ante la pasividad del Gobierno turco.

Çangar pone como ejemplo contrario lo que hace Israel en casos similares.

Kilis no es una ciudad pequeña como Sderot. Cuando se compara la respuesta de Turquía con la de Israel, a pesar de las diferencias (…) de circunstancias (…), queda de manifiesto la incompetencia de un país cuyo líder afirma tener poder regional y liderazgo.

Acabar con los ataques del Estado Islámico en Kilis puede requerir la creación de una zona de seguridad en territorio sirio y expulsar al grupo terrorista. La situación requiere el despliegue de una fuerza terrestre, y es difícil imaginar cómo podrá Turquía avanzar sin la cooperación estadounidense y el apoyo tácito ruso.

Pero dado el ostensible desacuerdo de Erdogan con Washington y la ausencia de perdón por parte de Moscú, está por ver cómo sería posible.

Kilis es el testimonio claro de la impotencia de una Turquía que pretende ser reconocida como potencia regional.

Lina Jatib, directora del programa de Oriente Medio/Norte de África de Chatham House, relata sus impresiones tras un reciente viaje a una de las zonas turísticas tradicionales del país, Medenine, hoy prácticamente desierta.

Hasta que Túnez no sea capaz de desarrollar sus regiones fronterizas, la ayuda a la recuperación de la industria turística es una de las medidas más inmediatas que deben adoptarse para apoyar su economía. La historia de Medenine es sólo un ejemplo concreto de los desafíos socioeconómicos a los que se enfrenta Túnez. Esos retos no pueden resolverse simplemente con medidas de bajo impacto, sino que requieren un plan integral de recuperación económica sancionado internacionalmente.

Sin embargo, nosotros como individuos podemos seguir ayudando en cierta manera. Ahora que muchos estamos buscando un lugar para las vacaciones de verano, consideremos Túnez como destino, y así contribuiremos a apoyar su proceso democrático, aunque sea de manera limitada.