Revista de Prensa

Turquía, a la conquista de Jerusalén

 

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David M. Weinberg se hace eco de un estudio publicado por dos consejeros del ayuntamiento de la capital israelí que apunta a la mano de Erdogan tras la radicalización de los jóvenes árabes de Jerusalén Este.

Hay una línea directa, dicen los autores del artículo, entre las actividades humanitarias civiles y la radicalización y el alistamiento en el conflicto armado contra Israel. Eso incluye activas redes sociales que glorifican a los terroristas, mártires y prisioneros y, explícitamente, hacen llamamientos a la resistencia violenta contra Israel. Esas redes fueron también la fuente de las difamaciones de que la mezquita de Al Aqsa estaba en el punto de mira de los judíos/sionistas y de la diseminación de un volumen increíble de desinformación relacionada con las actividades israelíes en el Monte del Templo.

Los autores reclaman una atención especial a la creciente implicación de la Turquía de Erdogan, principal patrocinador mundial de los Hermanos Musulmanes. Turquía disfruta en estos momentos de una popularidad sin precedentes entre los residentes árabes de Jerusalén Este, escriben los autores. El apoyo del pueblo turco a la causa palestina y la adopción del asunto de Al Aqsa, junto con su decisión de inyectar millones de dólares en Jerusalén Este, le han proporcionado una extraordinaria simpatía y apoyo.

(…) Como resultado, las banderas turcas ondean en todas partes en Jerusalén Este y, en lugar preeminente, también en el Monte del Templo.

La creencia más extendida sostiene que el Estado judío debe elegir entre ceder territorio –perdiendo seguridad– o seguir soportando el terrorismo palestino y el oprobio internacional. En cambio, Max Singer, del Begin-Sadat Center for Strategic Studies, sostiene que Israel no tiene por qué hacer tal elección.

Muchos israelíes afirman que tenemos que encontrar una solución a nuestro conflicto con los palestinos y algunos insisten en que el problema es urgente (“Paz ahora”). Pero la experiencia de los primeros 60 años de Israel debe enseñarnos que la paciencia es una ventaja y quizás hasta una necesidad. (…)

Esto no significa que la situación actual no tenga peligros. Israel no está seguro. Somos fuertes pero también vulnerables y bastante capaces de cometer errores decisivos. Pero el afán de resolver nuestro conflicto con los palestinos no nos hará más seguros. (…) Mantener nuestro hogar aquí requiere que aceptemos peligros y costos humanos de todo tipo.

Asaf Romirofsky critica en este artículo el papel de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA), a los que, denuncia, lejos de ayudar, mantiene cautivos a fin de poder seguir viviendo de ellos.

El éxito de la UNRWA ha consistido en transformarse en el guardián del aislamiento de los refugiados, preservando la singularidad de la identidad de los refugiados palestinos como entidad que no puede ser asimilada en ningún país árabe, sino solamente en lo que se percibe como Palestina. Esta dependencia impide que los refugiados se involucren directamente en la política local y deja a la UNRWA como su única voz en la ‘jungla árabe’.