Contextos

Túnez necesita apoyo en su lucha contra el terrorismo

Por Ismaíl Dbara 

Manifestación contra el terrorismo en Túnez
"Túnez necesita una estrategia más clara frente al radicalismo: una que abarque las cuestiones de seguridad así como sus raíces culturales, económicas y sociales. Semejante estrategia debería encontrar apoyo a nivel regional e internacional, porque no hay país que pueda vencer por sí solo en esta lucha""El apoyo de Occidente no basta. Túnez también está aguardando la ayuda de sus socios árabes, especialmente de Argelia, que tiene experiencia en la lucha contra los extremistas y en la erradicación de células terroristas"

El ataque contra el Museo del Bardo de hace dos semanas sumió a Túnez en la confusión, sin que se supiera muy bien cómo llegó a ocurrir la devastadora tragedia. El Gobierno tunecino ha comenzado a elaborar una respuesta, y ha reconocido recientemente un fallo en la seguridad y, como consecuencia de ello, ha expulsado a diversos altos mandos policiales. También ha adoptado una serie de decisiones, entre las que destacan el aumento de la coordinación entre mandos militares, la revisión de las estructuras fronterizas de seguridad, darle al Ejército y a las fuerzas de seguridad capacidad para que puedan actuar de noche, y la adopción de medidas para aumentar la seguridad en las principales ciudades. Pese a que se trata de importantes medidas, no parecen suficientes para evitar otro atentado a gran escala.

Túnez no tiene aún un plan claro contra el extremismo. Muchos creen que las fuerzas de seguridad no adoptaron las medidas necesarias para prevenir el atentado contra el Bardo: mencionan la débil estructura de dichas fuerzas y su falta de experiencia, de adiestramiento y de fuentes de inteligencia fiables. Otros han sugerido que ciertas agencias pueden estar infiltradas, sobre todo después de que se haya anunciado recientemente que las fuerzas de seguridad y el Gobierno de Túnez estaban vigilando a los terroristas autores del atentado y que sabían que uno de ellos había viajado a Libia para recibir adiestramiento.

Túnez necesita una estrategia más clara frente al radicalismo: una que abarque las cuestiones de seguridad así como sus raíces culturales, económicas y sociales. Semejante estrategia debería encontrar apoyo a nivel regional e internacional, porque no hay país que pueda vencer por sí solo en esta lucha.

Pese a que Túnez tiene estrechos vínculos de seguridad con Estados Unidos y Europa, la cooperación se ha limitado a adiestramiento, logística, lucha contra la inmigración clandestina, seguridad en el Mediterráneo e intercambio de información. Necesita un apoyo más sólido de los países árabes y occidentales. El anterior presidente, Moncef Marzuki, ya se refirió a esta cuestión en 2014, cuando instó a Washington a proporcionarle al país suficiente equipamiento para poder combatir al terrorismo.

Tras el ataque contra el museo, los franceses se comprometieron a incrementar la cooperación de seguridad, y Estados Unidos accedió a proporcionar doce helicópteros UH-60M Black Hawk, aunque posteriormente decidió reducir el número a ocho. El primer ministro Habib Hasid indicó que los aparatos se recibirían dentro de varios meses; señaló que el acuerdo precisa de la aprobación del Congreso, lo cual resulta complicado debido a los procedimientos burocráticos establecidos por la legislación estadounidense. La embajada de Estados Unidos en Túnez ha confirmado que los helicópteros no llegarán hasta 2016.

El pasado enero Washington entregó a Túnez un segundo avión de transporte militar C-130J Súper Hércules, en cumplimiento de un contrato firmado en 2010, que además prevé adiestramiento y apoyo logístico. Pero mientras la seguridad del país pende de un hilo, Estados Unidos debería evitar los obstáculos que impiden una rápida entrega de equipamiento militar al país africano, donde no es de temer (como sucede en Siria e Irak) que dicho equipo acabe en manos erróneas.

Sin embargo, el apoyo de Occidente no basta. Túnez también está aguardando la ayuda de sus socios árabes, especialmente de Argelia, que tiene experiencia en la lucha contra los extremistas y en la erradicación de células terroristas. Ambos países han confirmado que la cooperación en cuestiones de seguridad ha aumentado desde que Beji Caid Esebsi visitó Argelia en febrero tras vencer en las elecciones presidenciales tunecinas. Sin embargo, Argel tiende a considerar el terrorismo como una excusa de Occidente para inmiscuirse en la región, así que lo cierto es que Túnez no puede contar realmente con más ayuda por parte de los argelinos.

En cuanto a la frontera oriental del país, las facciones combatientes en Libia han creado un vacío en la seguridad. Los compromisos de los Gobiernos de Trípoli y Tobruk en lo relativo a la seguridad y estabilidad de Túnez y a la cooperación en la lucha contra el terrorismo son meros gestos sin contenido alguno.

En el Oriente Medio posterior a la Primavera Árabe, Túnez es el único país que no ha padecido enfrentamientos civiles. Pero aún está forjando sus instituciones, que seguirán siendo frágiles durante años. Los aliados árabes y occidentales han de desempeñar un papel fundamental para asegurar el éxito tunecino. Sin su apoyo, el futuro del país corre un serio peligro.

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