Revista de Prensa

Túnez, fábrica de terroristas

 

Bandera de Túnez.

El país norteafricano es el más avanzado en términos democráticos de todo el mundo árabe, pero también el lugar del que surge, en términos relativos, un mayor número de terroristas islamistas. Christian Caryl, editor del Democracy Lab de Foreign Policy, cree que ambas circunstancias están fuertemente conectadas.

En pocas palabras, la paradoja tunecina, la discordante dicotomía entre la creciente liberalización y producción de yihad, debería recordarnos una vez más que la plaga del terrorismo islamista no puede ser reducida a unas causas simples. El hecho de que los tunecinos hayan estado dominados por regímenes fuertemente secularizadores en los últimos 60 años debería ayudarnos a explicar por qué la democracia ha echado raíces con tanto éxito desde 2011. Pero también parece claro que la misma tendencia modernizadora ha alimentado una intensa reacción entre los musulmanes tradicionalistas, a menudo con efectos radicales. El destino de Túnez, y su muy elogiada democracia, dependerá ahora de cómo sea capaz de encontrar la manera de cerrar esa brecha.

El analista turco Murat Yetkin se refiere en este artículo al futuro del dictador sirio como uno elementos clave que tienen que manejar EEUU y Rusia, como principales actores en la escena internacional.

La paz en Siria es solo posible si viene a través de conversaciones entre EEUU y Rusia, con EEUU como la voz de Occidente o la OTAN y Rusia como la voz del bloque Rusia-Irán-Siria, apoyado por China.

La respuesta rusa a la pregunta sobre una paz en Siria sin Asad es que el pueblo sirio debe decidir y que no es posible la paz en Siria sin los propios sirios. De hecho, los portavoces rusos no están tan aferrados al nombre de Asad como los iraníes; sin embargo, están ciertamente interesados en bloquear la posibilidad de una dominación occidental en Siria y protegen sus propios intereses militares.

En todo caso, hablando del pueblo sirio, unos 6 millones ya han alzado su voz huyendo del país regido por Asad. Aún más están desplazados en el país y algunos están combatiendo contra Asad contra los demás. Asad ha perdido el control de grandes porciones de territorio sirio y sólo mantiene el control sobre el 20% (…) gracias al apoyo militar ruso.

Siria se ha convertido en ruinas bajo Asad y nadie puede creer en la limpieza de unas elecciones bajo las actuales circunstancias. No es políticamente correcto decirlo, pero el pueblo sirio ya ha dicho lo que tiene que decir.

Lee Smith, de The Weekly Standard, escribe sobre el conflicto (que él vivió de manera directa) al cumplirse su décimo aniversario.

Comprendí pronto que una generación de hombres israelíes también había vivido en el Líbano sirviendo al Ejército durante la I Guerra (1982-2000). Les gustaba el país y hablaban de su comida, los paisajes, las montañas, el mar y las bellas mujeres. Podrían estar describiendo Israel y, en cierto sentido, no estaban lejos de ello. Se sentían mal por tener que ir a la guerra con ese vecino una vez más, sobre todo porque los israelíes habían sostenido durante mucho tiempo la esperanza de una paz con el Líbano –igual que algunos, si no todos los libaneses, querían la paz con Israel.

Sin embargo, ahora estaban en guerra. Los israelíes me preguntaban cómo creía yo que iba a ir todo y yo les conté que mis amigos del Líbano decían que Hezbolá estaba recibiendo una paliza. Si Israel no podía ser capaz de desarmar a Hezbolá, como prometió el entonces primer ministro israelí, Ehud Olmert, la ‘muqawama’ (resistencia) iba a ensangrentarse. Estoy bastante seguro de que ningún israelí de los que conocí dio mucho crédito a esa evaluación.