Revista de Prensa

Trump y la ingrata judería americana

 

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Por su interés, traducimos buena parte del artículo que Jonathan Tobin ha publicado con el título de “Trump no debería esperar gratitud alguna de la judería norteamericana”. Las negritas han sido añadidas en la traducción.

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Según varios reportes (…), la Administración del presidente norteamericano Donald Trump “no oculta su frustración” por que sus movimientos proisraelíes “no hayan recibido el debido reconocimiento o sido objeto de gratitud por parte de numerosos judíos americanos”.

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(…) El hecho de que la comunidad judía norteamericana haya mayormente ignorado una serie de decisiones que podría decirse son las más favorables a Israel que haya tomado presidente estadounidense alguno (…) ha de exasperar a Trump. Pero aunque los israelíes y la judería norteamericana traten de derribar barreras y [fomentar el conocimiento mutuo], no hay remedio para el sectarismo político.

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El nivel de apoyo judío a los presidentes [estadounidenses] ha dependido siempre de su filiación partidaria, no de sus políticas hacia Israel.

(…) las posiciones proisraelíes de Ronald Reagan y George W. Bush no les dieron muchos votos judíos.

En 1980 Reagan fijó el récord moderno de porcentaje de voto judío a un republicano, con el 39%. Pero aun así quedó por debajo del presidente Jimmy Carter [en apoyo judío]. (…) George W. Bush fue ampliamente criticado por ser demasiado proisraelí, pero cuando optó a la reelección, en 2004, sólo recibió el 24% del voto judío.

En cambio, Barack Obama fue el presidente norteamericano menos popular entre los israelíes, por sus críticas a su Gobierno y su voluntad de apaciguar a Irán. Pero la abrumadora mayoría de los judíos americanos no le retiraron el apoyo jamás –ni al acuerdo nuclear de 2015–.

La única variable real en el voto judío se produce cuando un republicano es visto como hostil a Israel, como fue el caso del presidente George H. W. Bush, que obtuvo el 35% del mismo en 1988 pero sólo el 11% en 1992, pues su hostilidad a Israel provocó que más de la mitad de los judíos que normalmente votan republicano le dieran la espalda. (…) a diferencia de lo que ocurre con los demócratas, que tienden a dar prioridad a la política doméstica, la mayoría de los judíos republicanos tienen en Israel una piedra de toque.

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En una época de hiperpolarización, la mayoría de los judíos demócratas se opondrán siempre hasta al más caballeroso republicano proisraelí como se oponen a Trump.

Por mucho que Trump considere a los judíos americanos unos ingratos –y la mayoría de ellos, a su vez, quieren hacerle saber lo mucho que le odian–, esta situación no es más que la versión exacerbada de una ecuación política vigente desde hace decenios.