Revista de Prensa

Trump se impone a Putin en Siria

 

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El vicerrector de la Universidad de Tel Aviv, Eyal Zisser, destaca el sentimiento de gratitud del mundo árabe hacia el presidente estadounidense tras el bombardeo americano de una base militar de Asad. Zisser considera que Trump ha puesto en su lugar a Putin.

Lo importante es que, tras el ataque americano, está claro para todo el mundo, incluido Asad, que el destino de éste y el de Siria ya no están en sus manos [las del dictador]. Más importante aún, tampoco está ya en manos del presidente ruso, Vladímir Putin. Trump tiene la sartén por el mango y, si quiere, puede seguir atacando Siria e incluso cambiar el curso de la guerra. Como alternativa, si quiere también puede dejar a Asad en el poder.

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Otra víctima del ataque es Putin, al que Trump ha dejado como un tigre de papel. Después de todo, Rusia es un país grande y fuerte, pero ciertamente no está a la altura de una superpotencia como EEUU en términos de fuerza o capacidad.

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Hay un nuevo sheriff en la ciudad y los habitantes del lugar, o al menos los líderes árabes y los principales sectores del público árabe, no están escondiendo su satisfacción y su esperanza de que castigue a Asad por sus asesinatos y disuada a Irán.

El periodista saudí Abdulramán al Rachid cree que los esfuerzos de los partidarios de Asad por desvirtuar la reciente acción militar estadounidense no ocultan que la Administración Trump se ha anotado un tanto muy importante.

Es cierto que influir en la opinión pública siria y regional es una parte importante de la guerra psicológica, pero no es lo decisivo. Las operaciones militares son habitualmente actos políticos. El ataque americano envió un mensaje político directo a los regímenes sirio, iraní y ruso. Los mensajes a la opinión pública están en segundo lugar. El ataque, que destruyó varios aviones y mató a seis militares sirio, hará flaquear la convicción de los que apoyan al régimen (…) También proporcionará una dosis de esperanza a la oposición (…)

Efraim Inbar, director del Begin-Sadat Center for Strategic Studies, advierte en este artículo del riesgo de dar por seguro que los nuevos conflictos armados en que puede verse involucrado Israel van a saldarse con una rápida victoria, como en la Guerra de los Seis Días.

La previsión irreal de que victorias de la magnitud de la de 1967 deberían ser el resultado de cualquier implicación militar obstaculiza las ideas claras e impide la adopción de estrategias y tácticas apropiadas. Además, fomenta lo que es a menudo una esperanza imposible sobre un rápido final del conflicto. En ausencia de un resultado claro y rápido, los israelíes pierden la confianza en el liderazgo político y en el militar.

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Israel está involucrado en una larga guerra de desgaste contra enemigos motivados por la religión que creen que Dios y la Historia están de su lado. Todo lo que las IDF [Fuerzas de Defensa de Israel] pueden hacer es debilitar su capacidad de dañar a Israel y crear una disuasión temporal. En la jerga israelí, eso se llama “segar la hierba”, una metáfora oportuna, dado que el problema siempre vuelve a crecer.

El uso paciente y repetitivo de la fuerza no es glamuroso, pero finalmente es lo que obrará el prodigio. Desgraciadamente, muchos israelíes no comprenden las circunstancias particulares de la gran victoria de 1967. Han perdido la paciencia y no se dan cuenta de que el tiempo está, de hecho, del lado de Israel.