Revista de Prensa

Trump, bueno para los judíos

 

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El analista israelí Boaz Bismuth comenta con optimismo la rueda de prensa conjunta que ofrecieron el miércoles el presidente norteamericano y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en la Casa Blanca, pues considera que la perspectiva con que Trump ve los problemas de Oriente Medio es saludablemente realista.

En su mayor parte, las ideas para la paz de una solución de dos Estados, las hojas de ruta, las negociaciones multilaterales, las iniciativas internacionales, las amenazas de sanciones contra Israel y las [acusaciones contra] los asentamientos se han convertido en irrelevantes o, al menos, secundarias.

No sólo se han convertido en historia los ocho años de la Administración Obama, sino que hasta la era de Bill Clinton parece ahora obsoleta y ajena a la realidad.

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Trump está mucho más atento a las necesidades de seguridad de Israel. Para él, Irán y el terrorismo yihadista son enemigos, contra los cuales tiene que luchar y a los que ha de vencer. La educación para el terrorismo de la Autoridad Palestina es problemática y peligrosa, y Trump está más que dispuesto a llamar al terrorismo islámico por su nombre.

Trump cree que Israel y los palestinos, ambos, tienen que comprometerse en la búsqueda de la paz. Este también es un enfoque nuevo, dado que estábamos acostumbrados a que sólo Israel tuviera que hacer concesiones. Ahora, la responsabilidad recae en los palestinos también.

Tal es la pregunta que se hace el periodista saudí Abdulramán al Rachid en relación con la nueva estrategia que parece alumbrar la Casa Blanca para Irán. Desde el realismo, Rachid no la ve con malos ojos.

La política cambia en función de las circunstancias. El nuevo presidente americano ha decidido adoptar una estrategia que se enfrenta a los actuales esfuerzos de Irán por construir su dominio sobre la región. Esto amenaza a todo el mundo, pero nadie ha dicho nada de iniciar guerras o involucrarse en confrontaciones militares mientras haya una larga lista de medidas posibles para castigar a Irán, una vez los responsables americanos decidan el nivel de confrontación.

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El presidente [Trump] no tiene que enviar buques de guerra para, por ejemplo, ocupar el puerto de Bandar Abás y poner fin a los envíos de armamento de Irán a los huzis. Basta que la flota americana vigile las actividades de navegación frente a los puertos yemeníes para acabar con el contrabando de armas. El nivel de confrontación puede limitarse a la recuperación de las sanciones económicas que no contradigan el acuerdo nuclear y que el anterior presidente, Barack Obama, eliminó.

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Algunos críticos dicen que no es posible confiar en la política de EEUU y esgrimen como prueba el abandono de su cooperación con el Golfo para enfrentarse a Irán, como hizo Obama. Sin embargo, esa es la naturaleza de la política y cada país decide la suya en función de sus intereses. Si el Gobierno iraní hubiera sido sincero en su abandono del uso de la fuerza y de su política de intervención, nadie necesitaría este partidismo ni el establecimiento de alianzas.

Mark Dubowitz y Jonathan Schanzer, de la Foundation for Defense of Democracies, sostienen que el reconocimiento norteamericano de la soberanía del Estado judío sobre esa zona enviaría un potente mensaje a todo el mundo, empezando por Moscú y Teherán. Esa fue, precisamente, una de las peticiones del premier israelí al presidente estadounidense en la reunión que mantuvieron el miércoles en la Casa Blanca.

El movimiento tiene sentido para las dos partes. Proporcionaría al Gobierno de Israel una victoria diplomática y ayudaría a la Administración Trump a enviar una señal a Rusia y a Irán de que EEUU está trazando un nuevo rumbo en Siria.

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Con el estallido de la guerra civil siria en 2011, la situación sobre el terreno cambió. Si Israel hubiera cedido el Golán a Siria, el Estado Islámico, Al Qaeda o Irán se habrían asentado en las riberas de la Galilea, frente a la ciudad de Tiberíades.

Netanyahu y otros altos funcionarios del Gobierno argumentan que Siria está destinada a la división en líneas sectarias, étnicas y regionales. Y dado que la recuperación de Alepo dió un giro a la guerra en favor del Gobierno de Asad, algunos israelíes creen llegado el momento de reconocer la posición de Israel en el Golán como permanente.

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Reconocer la soberanía de Israel sobre el Golán suavizaría también el grueso de las demandas palestinas de un Estado con las fronteras de 1967. Si puede revisarse una línea fronteriza a lo largo de la frontera siria, los palestinos tendrán dificultades para presentar como inviolable la línea del armisticio de 1949 en la Margen Occidental. Esto puede allanar el camino hacia el compromiso cuando el yerno de Trump, Jared Kushner, comience a presionar para la paz palestino-israelí.