Contextos

Trece apuntes sobre el golpe de estado en Egipto

Por Daniel Pipes 

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"Morsi fue apartado del poder demasiado pronto como para desacreditar al islamismo tanto como se merece""La hora de la verdad, los liberales, los laicos y los izquierdistas no cuentan. Su gran reto es llegar a ser políticamente relevantes""El 'establishment' castrense ejerce un vasto y malsano control sobre la economía del país. El interés que tienen en ello lo ponen por encima de todo. Los oficiales podrán estar en desacuerdo sobre cualquier otra cuestión, pero coinciden en la necesidad de traspasar intactos esos privilegios a sus hijos"

Los acontecimientos de la semana pasada en Egipto suscitan muchas reflexiones. Aquí van algunas, que complementan el artículo en el que sugería que Morsi fue apartado del poder demasiado pronto como para desacreditar al islamismo tanto como se merece.

1. ¿Era Morsi el presidente democráticamente elegido del país?

Todas las informaciones de la prensa dicen que sí, pero no lo era. Escribí tres artículos al respecto con Cynthia Farahat: uno en el que se analizaba la primera vuelta de las legislativas (“La farsa electoral egipcia”), otro sobre la segunda (“No ignoren el fraude electoral en Egipto”) y el tercero sobre las elecciones presidenciales (“El verdadero gobernante de Egipto: Mohamed Tantawi”). En ellos documentábamos la vasta manipulación de las elecciones de 2011-12, que consideramos “un ardid de la cúpula militar dirigente para permanecer en el poder”. Sigo sintiéndome confuso y frustrado por que esas elecciones, con sus bochornosos resultados, sigan siendo consideradas auténticamente democráticas. Que no lo fueran subvierte por completo la cuestión de los militares que derrocan a un líder legítimo.

2. Morsi nunca estuvo al mando

Obviamente, no controlaba a los militares, pero tampoco a la Policía, a los servicios de inteligencia, al Poder Judicial; ni siquiera a la Guardia Presidencial, como revela una información procedente de El Cairo:

En una muestra de lo poco que Morsi logró controlar al funcionariado de Mubarak (…), los miembros de la Guardia Presidencial (…) celebraron [el gope] ondeando banderas [nacionales] desde la azotea del palacio.

En otras palabras, Morsi desempeñó el cargo mientras lo consintió el Estado profundo, los mismos sujetos que arreglaron su elección en junio de 2012.

3. Sólo hay dos poderes: los militares y los islamistas

Esta triste verdad ha sido confirmada en repetidas ocasiones durante los últimos dos años de levantamientos en el mundo de lengua árabe, y ha vuelto a confirmarse en Egipto. A la hora de la verdad, los liberales, los laicos y los izquierdistas no cuentan. Su gran reto es llegar a ser políticamente relevantes.

4. 1952, 2011, 2013

En la época contemporánea, las Fuerzas Armadas egipcias han derrocado a tres gobernantes: un rey, un antiguo general de la Fuerzas Aéreas y un líder de los Hermanos Musulmanes. Ninguna otra institución egipcia goza de ese poder. Ahora como en 2011, los manifestantes se han felicitado por el derrocamiento del presidente, pero si los militares se hubieran puesto de su parte y no de la de los manifestantes, seguirían ocupando sus puestos.

5. Militares, S.A.

El establishment castrense ejerce un vasto y malsano control sobre la economía del país. El interés que tienen en ello lo ponen por encima de todo. Los oficiales podrán estar en desacuerdo sobre cualquier otra cuestión, pero coinciden en la necesidad de traspasar intactos esos privilegios a sus hijos. Por otra parte, tal materialismo implica que pactarán con cualquiera que les garantice sus privilegios, como hizo Morsi hace un año (añadiendo además otros nuevos).

6. Gobernar entre bambalinas

El año y medio de Gobierno militar directo, a cargo de Mohamed Tantawi y el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, entre febrero de 2011 y agosto de 2012, fue mal; eso podría explicar por qué el general Abdul Fatah al Sisi entregó inmediatamente el Gobierno a un civil.

7. Los golpes de Estado han cambiado

En la tarde del 22 de julio de 1952 el coronel Gamal Abdel Naser le dijo a Anuar el Sadat que acudiera a El Cairo desde el Sinaí. Pero Sadat se fue a ver una película con su familia y, por eso, casi se pierde el derrocamiento de la Monarquía.

Esta anécdota nos habla de dos grandes cambios: 1) ahora los derrocamientos se inscriben en el marco de vastas catarsis nacionales, mientras que antes se trataba de maniobras oscuras y furtivas; 2) ahora son las principales figuras de la Fuerzas Armadas quienes derriban al jefe del Estado, no impulsivos oficiales subalternos. Dicho de otro modo, Egipto ha entrado en el más sofisticado mundo de los golpes como se estilan en Turquía, donde tres de los cuatro golpes perpetrados los llevaron a cabo altos mandos de las Fuerzas Armadas.

8. El fascismo de los militares

Hillel Frisch señala que la referencia de Sisi a “la voluntad popular”, cuando el pueblo está claramente dividido, remite a la concepción claramente dictatorial que tienen el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y el propio Sisi. Cierto, y no es ninguna novedad: desde 1952, los militares han gobernado Egipto con esa clase de pomposidad antidemocrática.

9. La analogía con Argelia

El Ejército argelino intervino en el proceso político en 1992, justo cuando los islamistas parecían a punto de ganar las elecciones, lo que invita a la comparación con la situación actual en Egipto y pinta un panorama de años de insurrección civil. Pero la analogía no resulta útil, porque Argelia no experimentó nada similar a la oposición masiva que ha afrontado el Gobierno de los Hermanos Musulmanes. Resultaría sorprendente que los islamistas egipcios recurrieran a la violencia, en vista de sus experiencias previas y del gran número de sus opositores activos.

10. ¿Está Sisi aliado con los salafistas?

Fue sorprendente que el general invitara a Galal Morra a formar parte del selecto grupo que asistió a la declaración en la que anunció que Morsi había sido apartado del cargo, y más sorprendente aún que su plan de actuación cuadra con las propias ideas de los salafistas. Significativamente, no designó jefe de Gobierno interino a un izquierdista como Mohamed el Baradei ni derogó la vigente Constitución islamista, sólo la suspendió.

11. ¿Es Adli Mansur un hombre de paja?

Eso es lo que dicen las fuentes bien informadas; pero lo mismo dijeron de Anuar el Sadat tras la repentina muerte de Gamal Abdel Naser, en 1970, y después se demostró que estaban equivocadas.

Mansur podría ser efímero, pero es muy pronto para saberlo, sobre todo si se tiene en cuenta que prácticamente procede del anonimato.

12. Anne W. Patterson, hayzabún

La embajadora de Estados Unidos en Egipto ha actuado de forma vergonzosa al ponerse del lado de los Hermanos Musulmanes. Se ha convertido en objeto de desprecio en las calles de El Cairo y ha sido llamada “vieja arpía”, nada inmerecida recompensa a su traición a los principios americanos.

13. ¿Financiará Arabia Saudí a Egipto?

David P. Goldman ha destacado el temor del monarca saudí a los Hermanos Musulmanes como rivales republicanos a su poder, y su gran alivio ante la expulsión de Morsi; y habla de la posibilidad de que Riad, con unas reservas de 630.000 millones de dólares, desembolse –sin que eso le supusiera gran problema– los aproximadamente 10.000 millones de dólares anuales necesarios para impedir que los egipcios mueran de hambre.

Esa es, probablemente, la única solución, en vista de cómo está la hambrienta población de Egipto. Pero ¿soltará el dinero la gerontocracia saudí?

Daniel Pipes – Middle East Forum