Revista de Prensa

Terror yihadista en Irak

 

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En este reportaje del periódico español El Mundo se muestran los métodos del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) para imponer su ley cuando toma una localidad al asalto. Las pretensiones del yihadismo suní incluyen la conversión de Bagdad en un nuevo califato, reverdecer la época en que la capital iraquí era el principal centro religioso y político del islam. El desvalijamiento de los bancos tras la toma de Mosul y su disposición a contar con el armamento más sofisticado han convertido al EIIL en la organización terrorista más peligrosa y mejor pertrechada de todo el islamismo radical.

Viajan en camionetas caras, tienen armas modernas y están activos en las redes sociales. Sin embargo, los combatientes del grupo terrorista Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS) quieren vivir como los creyentes en la época del profeta Mahoma. Claro que tienen su propia interpretación del Corán. Y es bastante radical.

En la populosa ciudad de Mosul, en el norte de Irak, conquistada hace una semana, los milicianos de ISIS empezaron de inmediato a implantar su ideología.

Estos hombres barbudos con uniforme de combate quieren regresar a los «gloriosos días de califato», al menos a como ellos se imaginan que fue el dominio del sucesor del profeta. Lo primero que hicieron fue levantar un centro de mando y publicar un comunicado con nuevas leyes: está prohibido el consumo de drogas, alcohol y cigarrillos. Está prohibido reunirse. Y está prohibido portar armas visibles. A los ladrones se les cortará la mano. Las mujeres deben vestir ropas amplias y sólo podrán abandonar sus casas si es estrictamente necesario. Además, los ciudadanos deben rezar cinco veces al día.

El analista Kurt Eichenwald ofrece en este artículo de Newsweek una perspectiva estratégica más profunda de lo que revelan los actuales acontecimientos en Irak sobre las intenciones primigenias del fundador de Al Qaeda. 

La exitosa marcha hacia Bagdad del grupo fundamentalista sunita Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) ha sido inevitable, como lo es su amenaza a cualquier expectativa de paz en el Oriente Medio. Ahora, la centenaria guerra tribal entre las dos sectas más importantes del islam se ha inflamado, una vez más, mientras el grupo fundamentalista expone la debilidad e incompetencia de lo que sus seguidores ven como otro Gobierno impuro establecido por Occidente.

Cuántos estadounidenses, empezando por los gobernantes, han fracasado a la hora de entender que esto era lo que Ben Laden y Al Qaeda querían todo el tiempo. La intención de los sangrientos atentados contra el World Trade Center y el Pentágono era atraer a los EEUU y sus aliados para que atacasen Oriente Medio. Ben Laden era claro al respecto. Tal guerra, a su juicio, unificaría a los musulmanes y luego daría lugar a una enorme victoria que conduciría a Occidente a retirarse de todo el Oriente Medio. A partir de ahí, Ben Laden quería desatar una revolución suní que derrocara a los Gobiernos seculares apoyados por Occidente en el mundo árabe y enfrentarse a los chiíes, de los que era un gran antagonista. De hecho, el EIIL ha proclamado que la confrontación actual no es una guerra entre el Gobierno iraquí y los islamistas, sino un conflicto de suníes contra chiíes.

El portal News Busters comenta los momentos más señalados de la dura entrevista que la cadena NBC realizó el pasado jueves al secretario de Estado norteamericano. Las vacilaciones de la Casa Blanca en la guerra de Siria y la extensión del conflicto a suelo iraquí ponen de manifiesto la improvisación de la Administración estadounidense y sus inconsistencias en política exterior, carente de cualquier estrategia a largo plazo. La periodista Savannah Guthrie pone a John Kerry entre la espada y la pared cuando le recuerda lo que decía el secretario de Estado cuando era senador.

Kerry trató de defender la inacción de su departamento: «Somos el mayor donante de ayuda humanitaria. Estamos profundamente comprometidos en trabajar con nuestros aliados y amigos en la región, por lo que estamos dando asistencia y formación y porporcionando ayuda no letal».  Guthrie presionó más: «Pero ¿la evidencia no sugiere que eso no está funcionando? Porque lo cierto es que, en lugar de hacer que las cosas vayan mejor gracias a nuestra ayuda, un grupo como el Estado Islámico de Irak y el Levante está en auge y conquistando cada vez más territorio.

Guthrie remató la faena utilizando contra Kerry su posición pasada en torno a Siria. ¿No abogaba usted por armar a la oposición moderada cuando era senador (…) ¿No cree que eso era lo correcto, lo que había que hacer?». Kerry reconoció que así lo creía, a lo que la periodista le replicó: «¿Y no te destroza ver lo que está pasando?».

Así titula el profesor Florentino Portero su artículo para el diario español ABC, en el que ofrece un excelente análisis de los fenómenos geopolíticos que subyacen en los conflictos actuales de Oriente Medio, sin cuya comprensión es imposible hacerse una idea cabal de lo que realmente está sucediendo en lugares como Siria o Irak.

Una vez que Estados Unidos y sus aliados occidentales optaron por no intervenir en la crisis de Siria frente al gobierno de Al Assad y por buscar un entendimiento con Irán, a costa de importantes concesiones en el terreno nuclear, los estados suníes del Golfo comprendieron que debían revisar sus posiciones para defender sus intereses, empezando por su propia supervivencia.

Comenzaron por echar a los Hermanos Musulmanes del gobierno egipcio. Los Hermanos habían sido protegidos por la casa de Saud durante años, hasta que optaron por una vía propia, distante del Golfo y más próxima al islamismo turco. El general Al Sisi cuenta con el apoyo de las fuerzas salafistas —islamistas violentos y muy radicales—, las mismas fuerzas que en Siria tienen el respaldo de buena parte de las monarquías del Golfo, que han encontrado en ellas el único instrumento capaz de enfrentarse con el bloque chií.

Las fuerzas de Al Bagdadi, actual líder del Estado Islamista de Iraq y el Levante, han optado por salir del corredor del Éufrates, el eje que une la zona iraquí suní con el interior de Siria, para tratar de controlar la ribera del Tigris, que por el norte llega a los pozos petroleros en disputa con los kurdos y por el sur a importantes enclaves chiíes y la propia ciudad de Bagdad. De lograrlo aislarán por tierra al gobierno de Al Assad del chiísmo, dificultando su aprovisionamiento y alejando el sueño iraní de tener acceso al Mediterráneo.