Revista de Prensa

"Soy un judío gay que apoya a Israel. La izquierda me odia"

 

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"Puede que pienses que, como judío de color y gay procedente de una comunidad desfavorecida, encajaría perfectamente en la izquierda. Pero, para la izquierda israelí y de la judería americana, un pecado capital me mantiene alejado de sus filas""Ha llegado la hora de un 'jeshbón nefesh' en la judería americana de izquierdas; de que reflexione sobre sus actitudes ante quienes no comparte su agenda y aun así se identifican como liberales y progresistas. Después de todo, ¿el progresismo no trata de la tolerancia y la comprensión?"

Por su interés, traducimos buena parte de un artículo que ha publicado en el Forward, referente de la izquierda judía norteamericana, el periodista israelí Hen Mazig.

Soy un judío gay mizrají que defiende a Israel. Y la izquierda me odia.

Qué ironía. Soy la encarnación de la interseccionalidad. Soy hijo de iraquí (mi madre) y bereber (mi padre). Crecí en una comunidad desfavorecida, como un chico gay que salió del armario para ser un hombre gay. Me identifico como judío laico.

Puede que pienses que, como judío de color y gay procedente de una comunidad desfavorecida, encajaría perfectamente en la izquierda. Pero, para la izquierda israelí y de la judería americana, un pecado capital me mantiene alejado de sus filas.

Por encima de todo lo que he dicho, soy también un israelí que ejerció labores humanitarias en las Fuerzas de Defensa de Israel. Y creo firmemente en el derecho de Israel a existir.

Soy un escritor y conferenciante israelí que no centra su activismo en criticar y denostar a su país. No tengo ninguna otra nacionalidad, y no planeo solicitar la iraquí ni la tunecina. Así las cosas, considero la seguridad de mi país y su supervivencia asuntos de capital importancia. Además, soy una persona pragmática, y encuentro la crítica huera hacia mi país contraproducente y dañina para su desarrollo político y democrático. Otra cosa es la crítica constructiva.

Esto me convierte en intolerable para la izquierda. Pese a que he trabajado durante varios años en la promoción de los derechos humanos de los palestinos; pese que soy crítico con el actual Gobierno derechista israelí y defiendo la solución de los dos Estados (…), si preguntas por mí a alguno de los más destacados activistas norteamericanos de izquierdas, me llamarán activista derechista de la Hasbará y “progresista de pega”.

Por supuesto, tampoco soy completamente aceptado por la derecha. Como progresista, mis valores no se alinean con los suyos. Los activistas de derechas me critican por emplear la palabra ocupación, aun cuando el control militar de un territorio es por definición y legalmente una ocupación. Y, por supuesto, está la cuestión gay. Un activista de derechas incluso me criticó por apoyar el desfile del Orgullo en Jerusalén.

En otras palabras, soy alguien que nadie quiere que exista.

Ser gay, mizrají y proisraelí me convierte en un sintecho político.

Es alucinante que los líderes de la izquierda judía americana se apunten a lo de tacharme de hasbarasista a la vez que cantan las virtudes de la interseccionalidad. Muchos judíos americanos progresistas querrían que criticara más a Israel, porque eso es lo que hace el ‘buen progresista’: denigrar a Israel.

(…)

En Israel, ese tipo de racismo [el de “los ashkenazíes elitistas que se piensan que son superiores a los judíos de África y Oriente Medio”] ya no es tan prominente como en el pasado. Aun así, sigue muy presente en la izquierda ashkenazí; y, sí, en su par americana.

Y es este racismo el que resuena en las calumnias que me dirige la izquierda. Cuando esos izquierdistas me llaman “hasbarasista”, (…) emulan el paradigmático elitismo ashkenazí que no acepta la autodeterminación de los mizrajíes.

Este racismo está enraizado en el supremacismo blanco (…), por el que muchos elitistas creen que los judíos mizrajíes deberían quedarse donde les corresponde social y económicamente. Cuando esos mismos elitistas luchan por los derechos de la gente de origen árabe, se fijan solo en los palestinos; si ven que eres judío, no les importas. Ellos deciden quién importa por su etnia y raza.

(…)

Para la élite ashkenazí, es aceptable, incluso laudable, abogar por la pobre, desfavorecida y oprimida gente morena, pero si algún moreno de esos no se ajusta a su idea de cómo debe lucir y comportarse una PdC (Persona de Color), le ataca. (…)

(…) Una rabina progresista de Nueva York criticó mis puntos de vista en Facebook recientemente. Comentando uno de mis artículos, dijo que no era un auténtico progresista porque no era suficientemente “antiocupación”. (…) jamás verás a un palestino ser criticado por judíos izquierdistas americanos por no ser “suficientemente partidario de la paz”. (…)

A mi juicio, esta manera de pensar es una mezcolanza de privilegio, racismo contra los judíos mizrajíes y una cosmovisión elitista, imperialista y etnocéntrica.

Es también fruto de la pereza. Es mucho más fácil criticarme y criticar a otros israelíes cuando la gratificación es instantánea. La crítica a Israel a menudo origina una réplica procedente de Israel, lo que desde luego te hará ganar el aplauso de tus colegas progresistas. Pero si criticas al régimen de Asad por emplear armas químicas, nadie presta atención a tu campaña (…)

Esta manera de pensar perezosa y discriminatoria es imperdonable. ¿Cuándo dará pasos la judería izquierdista americana para defender a los mizrajíes en su lucha por la completa igualdad? ¿Cuándo han hablado del imperialismo árabe, de las violaciones contra los derechos humanos en África y Oriente Medio, o de víctimas del panarabismo como los asirios, los maronitas, los coptos, los armenios, los griegos, los bereberes, los georgianos, los kurdos y, sí, los judíos?

He aquí la amenaza que represento. Como judío gay mizrají que les exige que se pronuncien contra los crímenes que se cometen contra las minorías (…), dejo en evidencia su fijación con Israel.

Cuando estos activistas y organizaciones dicen que no soy progresista, están proyectando (…)

Ha llegado la hora de un jeshbón nefesh en la judería americana de izquierdas; de que reflexione sobre sus actitudes ante quienes no comparten su agenda y aun así se identifican como liberales y progresistas. Después de todo, ¿el progresismo no trata de la tolerancia y la comprensión?