Contextos

Sólo con ataques aéreos no se va a derrotar al ISIS

Por Haid Haid 

F18 estadounidense en misión de apoyo contra el Estado Islámico
"Los ataques aéreos no suponen una amenaza existencial para el ISIS, que ha sido capaz de expandirse en nuevas zonas en Siria""Ninguna fuerza militar acabará con el ISIS o con hipotéticos grupos similares a menos que su actuación vaya acompañada de una estrategia más amplia que se ocupe de las condiciones que han permitido el surgimiento del grupo terrorista"

Los recientes atentados de París han hecho que en Europa resurja el debate sobre la urgente necesidad de combatir al ISIS conforme crece la amenaza que plantea, que se va volviendo cada vez más inminente. Mientras que Francia adoptó una postura clara con su inmediato ataque contra Raqa, bastión del grupo terrorista, otros países europeos aún están decidiendo qué hacer. En estos momentos, en el Reino Unido el dilema es si apoyar o no la propuesta del primer ministro, David Cameron, de atacar al ISIS en Siria, sin contemplar otras opciones. El peligro que esto presenta es que se limita el debate y las opciones a combatir al ISIS a base de ataques aéreos (que no bastarán para derrotarlo y bien podrían acabar sirviéndole de instrumento de reclutamiento) o a no hacer nada en absoluto, que es la opción de la coalición Stop The War. Estas decisiones no son sencillas ni inmediatas, así que es importante discutir otras opciones con las que luchar contra el ISIS que además forman parte de una estrategia global dirigida contra la raíz del problema, incluidas las atrocidades cometidas por el régimen de Asad, así como hallar unas soluciones sostenibles.

Impacto

Es importante subrayar que vencer a un grupo como éste no será nunca fácil ni rápido, pero el lento avance de los actuales ataques aéreos está permitiendo que el ISIS adapte sus tácticas para reducir las pérdidas. Los ataques contra el ISIS en Irak y Siria lograron perjudicar al grupo en diversos aspectos, como el financiero y el militar, y restringieron sus movimientos, entre otras cosas. Sin embargo, la mayoría de esos logros son tácticos y no se han traducido en una victoria estrategia sobre el Estado Islámico. En otras palabras: los ataques aéreos no suponen una amenaza existencial para el ISIS, que ha sido capaz de expandirse por nuevas zonas de Siria, como en las áreas rurales de Alepo y Homs. Además, ha adaptado sus tácticas militares a los ataques, que han reducido su impacto, sobre todo porque los objetivos fáciles (bases militares, campos de entrenamiento, etc.) se eliminaron en los primeros días de bombardeo. El Estado Islámico también ha sido capaz de luchar a la vez en varios frentes, lo que indica el impacto mínimo que están teniendo los ataques en su eficiencia.

Por lo general, el sufrimiento de los civiles que se ven afectados por ataques aéreos de este tipo es la historia no contada que la gente evita debatir. El discurso habitual es que quienes están contra el ISIS han huido y quienes siguen ahí son partidarios del grupo y por tanto son daños colaterales. Mucha gente no tuvo la posibilidad de huir porque no podía permitírselo o porque no encontró un lugar seguro al que ir. Puede que sea una sorpresa enterarse de que mucha gente se trasladó a áreas controladas por el ISIS porque dichas zonas eran menos bombardeadas por el régimen que las controladas por grupos moderados. También se está usando a la gente como escudo humano: se le prohíbe abandonar las zonas del Estado Islámico, sobre todo a quien está en condiciones de combatir. Además del miedo constante en que viven, normalmente la luz y el agua son los primeros suministros en interrumpirse, ya que las líneas suelen resultar dañadas en los ataques aéreos. La falta de ayuda humanitaria y el trastorno de la economía local en las zonas controladas por el ISIS han hecho que sea más difícil ser económicamente independiente, lo que ha empujado a algunos a unirse al grupo como táctica de supervivencia.

Lecciones aprendidas

Debe considerarse cuidadosamente la tentación de una rápida victoria sobre el ISIS. Erradicarlo sin ocuparse de las condiciones que hicieron posible su auge seguramente haga que lo sustituya otro igual de malo o incluso peor. Aunque el apoyo estadounidense a los muyahidines afganos frente a la Unión Soviética entre 1979 y 1989 logró su objetivo, mucha gente sostiene que contribuyó al surgimiento de Al Qaeda. Lo mismo sucedió cuando Estados Unidos combatió al Estado Islámico de Irak, afiliado a AQ, sin ocuparse adecuadamente de los problemas de la comunidad suní, lo cual contribuyó al auge del ISIS.

Cualquier estrategia contra el ISIS debería ocuparse también de las consecuencias a largo plazo sobre las dinámicas locales. Por ejemplo, a falta de una verdadera cooperación entre árabes y kurdos en Siria, todas las pérdidas territoriales del Estado Islámico logradas con el apoyo de la coalición encabezada por Estados Unidos se han convertido, en la práctica, en ganancias kurdas, al menos de momento, incluidas zonas de mayoría árabe como Tel Abiad, en la zona rural de Raqa. Eso ha hecho que aumenten las tensiones entre árabes y kurdos, ya que da la impresión de que estos últimos se están aprovechando del apoyo estadounidense para expandir su territorio. Aparte de la tensión causada por la reciente misión investigadora en el norte de Siria, Amnistía Internacional descubrió una oleada de desplazamientos forzosos y demoliciones de viviendas, equivalentes a crímenes de guerra, llevados a cabo por la Unidad de Protección Popular que controla la zona. Cualquier intervención contras el ISIS debería ocuparse de estros problemas y no sólo de sus síntomas.

Por último, ninguna fuerza militar acabará con el ISIS o con hipotéticos grupos similares a menos que su actuación vaya acompañada de una estrategia más amplia que se ocupe de las condiciones que han permitido el surgimiento del grupo terrorista. Las posibilidades de ganar la guerra contra él sin el apoyo y la participación de las comunidades locales son prácticamente nulas. Esta teoría la respaldan todos las iniciativas que han logrado erradicar a grupos extremistas, como la expulsión del ISIS de las zonas rurales en torno a Alepo e Idlib, de Kobani y de los alrededores de Guta en 2014. Sin embargo, dicho apoyo no se logrará fácilmente a menos que los habitantes locales tengan la sensación de que esas estrategias son también suyas, al hacerlos participar en su diseño y aplicación. Eso permitiría crear una brecha entre el Estado Islámico y la comunidad suní al contrarrestar el discurso religioso conservador del grupo con uno moderado. Ello también permitiría que los suníes detectaran arraigados problemas políticos, económicos, sociales y culturales que provocaron el surgimiento del ISIS, y que pudieran solucionarlos. Además, la gente podría crear sus propias alternativas y soluciones y se sentiría motivada para luchar por ellas, especialmente si tienen la esperanza y la garantía de que lo que venga después no será peor.

Más ataques aéreos que no vayan acompañados de una estrategia clara, global y participativa que sitúe la protección de los civiles como una de las principales prioridades no hará sino aumentar el sufrimiento de la población. Sin una estrategia de este tipo, la población civil seguirá siendo la que pague el precio más alto por haberse atrevido a exigir derechos fundamentales a un régimen sanguinario que les ha obligado a vivir sus peores pesadillas.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio