Revista de Prensa

Sisi apuesta por Putin y Trump

 

Banderas de Rusia y Egipto, con sus presidentes

La periodista saudí Raghida Dergham sostiene que en Egipto cunde el optimismo porque sus élites creen que pueden volver a convertirse en una pieza clave en Oriente Medio… con las bendiciones de Moscú y Washington.

Según fuentes cercanas al presidente egipcio, Abdelfafah al Sisi, el próximo será el año de Egipto por excelencia. Dicen que será el único país árabe que tendrá cuasialianzas estratégicas con la Rusia de Putin y la América de Trump. Creen con plena confianza en que la economía [nacional] se recupere (…) hasta el punto de que dejen de necesitar la ayuda de los ricos países del Golfo. Las fuentes aseguran que hay un resurgir del nacionalismo en Egipto, junto con una apuesta por una relación especial entre Trump y Putin y la creencia de que el liderazgo [nacional] ha hecho un buen uso de las alianzas estratégicas (…)

(…) las supuestamente estrechas relaciones entre Trump y Putin (…) tendrán un impacto notable en la política estadounidense en Oriente Medio (…), aseguran las fuentes. Hay un convencimiento de que el principal ganador será Egipto y los mayores perdedores, los Estados del Golfo, por lo que Egipto ha decidido que el “pragmatismo nacionalista” exige apoyar los esfuerzos de Rusia en Siria, a pesar de las acusaciones de crímenes de guerra provenientes de las principales potencias europeas. Sin el menor equívoco, parece que la clase dirigente egipcia se ha lavado las manos ante cualquier responsabilidad moral para con los civiles sirios. Los gobernantes egipcios parecen haber resuelto que la lucha contra grupos islamistas como los Hermanos Musulmanes es una prioridad absoluta y decidido apoyar los esfuerzos encabezados por Rusia, Irán y las milicias aliadas de la zona para mantener a Asad en el poder.

Los ocho años de mandato del presidente norteamericano saliente han provocado, según el analista Theodore Karasik, un auténtico terremoto en los países de la Península Arábiga, tradicionalmente aliados a EEUU. Hay cuestiones, como el acuerdo nuclear con Irán o los conflictos regionales que determinarán el futuro de Oriente Medio, donde la influencia estadounidense es cada vez menor.

Hay otros problemas que afectan al legado de Obama (…), pero puede haber una consecuencia positiva: la Administración Obama empoderó a los Estados del Golfo al forzarlos a defenderse por sí mismos de amenazas estatales y no estatales. La idea de que los Estados del Golfo no necesitan a América como antes se está convirtiendo en un sólido hecho. Sin lugar a dudas, los Estados del Golfo necesitan apoyo y tecnología militar americanos, pero políticamente la tendencia puede ampliarse cuando los Estados del Golfo se levanten por sí mismos y libren sus propias batallas regionales en función de sus intereses políticos.

(…)

Los árabes del Golfo han mirado hacia América y sus aliados en busca de protección (…) Pero la región parece ser “menos americana” en los últimos días de la Administración Obama. 

La VII Conferencia de Al Fatah ha elegido para un mandato de otros cinco años a su actual presidente, Mahmud Abás. Además, como señala el vicerrector de la Universidad de Tel Aviv, Eyal Zisser, el cónclave ha servido para comprobar cuál es la situación interna de la facción, signada por la guerra sorda entre Abás y su máximo rival, Mohamed Dahlán.

Hay que decir que Abás, al contrario que su predecesor, no ha instigado el terrorismo y la violencia, sino que ha optado por esperar a que otro, por ejemplo el presidente estadounidense Barack Obama, forje una solución al conflicto palestino-israelí a satisfacción de los palestinos. (…) Israel está preocupado por la inestabilidad de los próximos años, (…) caracterizada por la batalla por el liderazgo en la Autoridad Palestina, de resultado incierto. Dahlán, un hombre de Gaza, disfruta del apoyo de Egipto, Arabia Saudí, Jordania y algunos dicen que incluso de Israel.

(…) Abás dijo que, gracias a los Acuerdos de Oslo, que encontraron resistencia en algunos sectores palestinos, unos 600.000 palestinos han ‘retornado’ a Judea y Samaria. (…) el candidato al trono, Dahlán, dijo en los días de la Segunda Intifada que gracias a Oslo y a la fundación de la Autoridad Palestina el número de israelíes heridos y muertos había pasado de unos pocos en la Primera Intifada a alrededor de mil en la Segunda. Esto se debió a los terroristas suicidas desplegados por las infraestructuras terroristas, que operaban sin obstáculos en las ciudades gobernadas por la Autoridad Palestina. Israel debería tomar nota de ambos discursos.