Revista de Prensa

Siria, ocho años después

 

Bandera de Siria con una mano teñida de rojo estampada.

En el Jerusalem Post, Kenneth Bandler, director de relaciones con los medios del American Jewish Committee (AJC), da cuenta del calamitoso estado en que se encuentra Siria tras ocho años de guerra y lamenta profundamente que el dictador Bashar al Asad esté ganando la partida.

En estos momentos, la mayoría de los sirios viven como refugiados, principalmente en su país pero lejos de sus hogares.

“En las últimas décadas, ningún país ha visto desplazado a un porcentaje tan elevado de su población”, ha informado el Pew Research Center. Los casi 13 millones de sirios desplazados tras siete años de conflicto son “en torno al 60% de la población siria de preguerra”.

(…) Un tercio de las escuelas no están en uso [para el fin que se las concibió], muchas de ellas han sido destruidas o dañadas y otras procuran refugio a familias desplazadas. Las viviendas, los hospitales y el sistema de transportes están también en ruinas, especialmente en las zonas donde las fuerzas de Asad se sirvieron de todo tipo de armamento para machacar a los sirios.

(…)

Durante el conflicto, han muerto más de 20.000 niños. […] Tanto Turquía como Irak están preparadas para entrar en Siria una vez se hayan ido los americanos. La paz no está a la vuelta de la esquina.

(…)

La batalla por el alma de Siria sigue su curso desde el fatídico día de marzo de 2011 en que las fuerzas de Asad abrieron fuego contra unos escolares que habían hecho unas pintadas contra el régimen. El mero futuro de Siria como país independiente y funcional está gravemente comprometido.

(…) En 2019, puede que la Liga Árabe vote por volver a acoger a Siria, según ha informado ‘The Guardian’. Si así fuera, sería un tremendo mensaje regional al pueblo sirio de “no nos importa” [lo que os pase]. Los esfuerzos por legitimar a Asad y dejar pasar sus transgresiones representan una ominosa falta de respeto al pueblo sirio.

En el diario israelí Arutz Sheva, el profesor Mordejai Kedar, de la Universidad Bar Ilán, reflexiona sobre la salida de EEUU de Siria y aboga por que se aborde la cuestión con frialdad y desde el realismo.

Sugiero a los kurdos que saquen lo mejor de una situación mala: siéntense con Asad (…) Traten de alcanzar el mejor acuerdo que puedan con él, uno que incluya el reconocimiento de [sus] derechos colectivos (…) a la autonomía cultural, el reconocimiento oficial de su idioma en sus territorios y el reconocimiento de su derecho a la representación en las instituciones sirias de gobierno. Insistan en obtener la ciudadanía siria (de la que se les despojó en 1962), para que todos y cada uno de ustedes tengan derechos civiles en el Estado sirio (…)

¿Estar a merced de Siria es lo mejor? Desde luego que no, y lo han aprendido ustedes de una manera muy dura, pero la alternativa es definitivamente peor.

(…)

(…) por supuesto, Israel preferiría que las fuerzas americanas se quedaran en Siria, pero su retirada está lejos de resultar una tragedia e incluso representa una oportunidad que (…) puede aprovechar en su propio beneficio. Sin duda, las autoridades israelíes sabrán cómo presentar a EEUU las demandas oportunas y tomar las decisiones adecuadas ante la nueva situación generada en nuestra región, tan inestable. Ahora bien, hemos superado momentos mucho más comprometidos, así que no hay razones de peso para la atmósfera deprimente que algunos gurús mediáticos están tratando de crear.

En Asharq al Awsat, diario en lengua árabe elaborado en Londres, David Ibsen, presidente de United Against Nuclear Iran (UANI), llama a la Unión Europea a cambiar de rumbo en sus relaciones con la República Islámica, pues considera que nada bueno puede obtener de ellas.

Son muchos los políticos de la UE que andan profundamente resentidos con el presidente Trump por su decisión de abandonar el acuerdo nuclear con Irán. Y ese resentimiento ha alimentado varias propuestas cortas de miras que no harán sino dañar las instituciones y los negocios de la Unión.

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(…) la ejecución de esos planes erróneos está siendo obstaculizada por unos hombres de negocios poco entusiastas, cuyo consentimiento y cooperación resultan necesarios (…) Por lo que parece, los hombres europeos de negocios creen que saben qué es lo mejor cuando se trata de negocios, precisamente.

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(…) Lo que [la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Federica] Mogherini y [el ministro alemán de Exteriores, Heiko] Maas se niegan a reconocer es que (…) los capitanes europeos del mundo de los negocios están llegando (…) a la conclusión de que los desafíos y riesgos de operar en Irán son muy superiores a cualquier ganancia o beneficio financiero.

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No hay justificación alguna para que los europeos procuren bienes o servicios que ayuden al régimen iraní a financiar ataques terroristas en Europa. Cualquier evaluación sensata de la situación debería llevar a todo actor responsable a mantenerse apartado de Irán, el mayor patrocinador estatal del terrorismo (…) El resentimiento político de Europa por el fracaso del [acuerdo nuclear con Irán] puede acabar desvaneciéndose, pero el coste y el estigma para las entidades comerciales y financieras que trabajen con el brutal régimen iraní, quizá no.