Revista de Prensa

Siria: a Asad no le alcanza con Rusia e Irán

 

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Chris Doyle, director del Council for Arab-British Understanding, abunda en la tesis de que una solución militar que deje las cosas como estaban antes de iniciarse el conflicto sirio es algo que está fuera de lo previsible. Al contrario, habrá una nueva realidad, influida por Rusia e Irán, patrocinadores y defensores de Bashar al Asad.

Dado que ni Rusia ni Irán tienen músculo económico para salvar a Siria, Asad tendrá que mirar hacia otro lado en busca de apoyo. Sea quien sea el que invierta en la reconstrucción del país, quien pague la factura también reclamará su precio. ¿Cuán generosos serán los donantes extranjeros si el Gobierno sirio no realiza una apertura del sistema político? Los líderes europeos dejaron claro en noviembre que sin una solución política, Rusia tendrá que pagar la cuenta.

El régimen ha confiado solo en la fuerza bruta y el miedo al ogro islamista. ¿Hay algún signo de estrategia para el futuro del país más allá de eso? Incluso la recuperación nominal del territorio sirio no salvará a Siria de nuevas insurgencias al estilo guerrillero (…) El régimen no puede avanzar si tacha a todos los oponentes de terroristas.

El pueblo sirio puede salvar a su país. Para ello, el régimen tiene que actuar contra su ADN y darse cuenta del talento y las energías de esta población castigada, algo que no hará mientras se sienta obligado a adoptar métodos aún más represivos de control.

Para los retos a los que se enfrentará la Siria posbélica, el régimen tiene pocas respuestas, o ninguna, por lo que no podrá obtener una victoria real.

El abandono de Obama a sus aliados en la región es un hecho que ahora puede revertirse con la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca. Reuven Berko se refiere en este artículo precisamente a la reciente cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo, en la que se ha puesto de manifiesto esa incertidumbre.

La cumbre estuvo caracterizada por el temor al abandono, consecuencia de la percepción de que la Administración Obama ha descuidado a los amigos árabes de América. Resulta que los Estados suníes del Golfo esperan realmente la protección de EEUU, no la confrontación, y desean que el presidente electo cambie la política estadounidense a su favor.

El Golfo Pérsico está dominado no solamente por el temor a haber sido abandonado por EEUU, también por el miedo a causa de que EEUU ha sustituido esa alianza por otra con su nuevo socio iraní, un “segundo contratista” para el orden regional. Ahora, el Golfo espera con ansiedad al retorno de la primera superpotencia (de momento) y tiene muchas esperanzas de que el nuevo presidente ayudará a proteger la región.

El periodista especializado en temas de defensa, Yoav Limor, cree que la respuesta a los ataques puntuales que Israel está llevando a cabo en zonas concretas de Siria, pueden ser el síntoma de que tanto el Ejército sirio como Hezbolá podrían adoptar acciones de represalia contra el Estado judío.

En el pasado, el régimen de Damasco ha preferido mayormente negar esos ataques que han tenido lugar o ignorarlos, sabiendo que si no hay información sobre un hecho, éste no ha sucedido, y si no ha sucedido no es necesario darle respuesta.

El informe oficial del pasado miércoles, el segundo en una semana, demuestra que Siria y el Líbano no quieren seguir manteniendo silencio sobre dichos ataques. Por ahora se conforman con hacer declaraciones, pero en algún momento las palabras pueden dejar paso a la acción.

La audacia de Siria y Hezbolá, como se ve en las operaciones de contrabando que continúan a pesar de los ataques, está vinculada a sus recientes éxitos militares en Alepo, donde los golpes al Estado Islámico están reforzando la estabilidad del Gobierno del presidente Bashar al Asad y, por tanto, su confianza. De momento, parece que Asad y Hezbolá están centrados principalmente en la guerra civil siria y no tienen interés en un conflicto con Israel, pero Israel debe vigilar esos procesos estrechamente para evitar cualquier error de cálculo, por el que un ataque táctico podría generar un embrollo estratégico no deseado.