Contextos

Rusia se hunde en el atolladero sirio

Por Husein Abdul Husein 

Bandera de Rusia.
"Los imperios rara vez aprenden. La soberbia y las victorias iniciales les suelen hacer sentirse invencibles. Al cabo de poco tiempo, las variopintas milicias empiezan a aprenderse las tácticas de sus atacantes y se adaptan en consecuencia. En la guerra de guerrillas, los ejércitos regulares no ganan, no importa lo fuertes que sean. Estados Unidos perdió en Vietnam y en Irak, Rusia perdió en Afganistán y probablemente acabará hundida en el lodazal sirio"

Rusia anunció el viernes 12 la muerte de uno de sus soldados en Siria, Asker Bizhoyev, lo que eleva la cifra hasta los 19 desde que Moscú lanzó su guerra en septiembre. Si al coste humano se añade un Sujói derribado, un helicóptero abatido, algunos helicópteros más bombardeados en la pista y una creciente factura en campañas aéreas, los contornos del atolladero sirio empezarán a verse mejor definidos. 

Los imperios rara vez aprenden. La soberbia y las victorias iniciales les suelen hacer sentirse invencibles. Al cabo de poco tiempo, las variopintas milicias empiezan a aprenderse las tácticas de sus atacantes y se adaptan en consecuencia. En la guerra de guerrillas, los ejércitos regulares no ganan, no importa lo fuertes que sean. Estados Unidos perdió en Vietnam y en Irak, Rusia perdió en Afganistán y probablemente acabará hundida en el lodazal sirio. 

Aunque algunos imperios acaban saliendo del barro, otros no. Como Estados Unidos es una democracia, la opinión pública antibélica obliga al Gobierno a recular y retirarse, sea de Vietnam o de Irak. Rusia, en cambio, no abandonó Afganistán hasta que el Imperio soviético estaba entrando en quiebra y al borde del colapso. En el caso de Siria, y sabiendo la populista imagen de macho que le gusta proyectar al presidente ruso, Vladímir Putin, es poco probable que Moscú se retire en un futuro próximo. 

Como ha ocurrido con las autocracias a lo largo de la historia, la relación entre la prosperidad de Rusia y su militarismo son indirectamente proporcionales. A 100 dólares el barril de petróleo, el Kremlin se podría permitir sobornar a unos y a otros, asegurando así una estabilidad social y política. A la mayoría de los rusos les gusta Putin. 

Pero con los precios del crudo a 30 o 40 dólares el barril, Putin optó por la jugada clásica. Reforzó su control dentro del país y aumentó su aventurismo militar en todo el mundo, en un intento de impulsar el nacionalismo y bloquear a la creciente disidencia. 

Para compensar la menguante economía y la depreciación de la moneda, Putin pensó que lo mejor era reactivar a Rusia como contrapeso militar de Estados Unidos, con la salvedad de que Estados Unidos no tiene interés en jugar, y aunque lo tuviera, su potencia militar es muy superior a la de Rusia. 

Puesto que Obama se ha mantenido al margen de las guerras de Putin, incluso le ha advertido de su hundimiento en la ciénaga siria, Putin se ha quedado dando puñetazos al aire. 

A lo largo de los últimos años, Putin ha presentado el sistema de defensa aérea S-400 como la joya de la corona del Ejército ruso. Cuando los turcos derribaron el avión de combate de Putin, anunció el despliegue del S-400 en Siria, presumiblemente para acordonar sus cielos. Siempre que Putin quiere fastidiar a Estados Unidos, anuncia que Rusia enviará el S-300, una versión anterior del S-400, a Irán. 

Por lo demás, Putin trata de enseñar músculo en Siria lanzando bombardeos masivos en los territorios anti Asad, arrasando ciudades enteras, incluyendo hospitales, escuelas y otras instalaciones no militares.

Con sus puñetazos bélicos al aire, acompañado de sus medios propagandísticos, como Russia Today, Sputnik y otros, Putin ha construido un castillo de arena.

Pero la realidad ha acabado dándole alcance. La economía rusa sigue manteniéndose bajo mínimos, lo que genera agitación política, lo que incluye posibles desafíos de gente poderosa del ámbito de la seguridad y el petróleo, como Igor Sechin. La situación de Putin se ha debilitado tanto que el Kremlin ha suspendido el tradicional anuncio de los viajes del presidente, por temor a que sus detractores puedan planificar posibles golpes en torno a ellos. 

En los asuntos internacionales, y a pesar del heroísmo que proyecta, Putin se ha venido enfrentando a una mala racha. Hace un par de semanas vio lo que podría equivaler a una campaña contra Rusia en la península de Crimea, que Moscú arrebató a Kiev. Putin acusó a Ucrania de estar detrás del ataque. Kiev negó cualquier implicación. 

Como respuesta al ataque de Crimea, Putin volvió a su habitual instrumental de matón. Anunció el despliegue de su sistema S-400. 

Pero nadie, cerca o lejos, ha cuestionado el control ruso del espacio aéreo de Crimea. Un sistema de defensa aérea como respuesta a un probable ataque de guerrillas, qué típico de Putin: en caso de duda, levántate la camisa y enséñale a todo el mundo tus músculos.

Rusia es un tigre de papel con un botón nuclear y poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Por lo demás, su prosperidad se ha esfumado y su potencia militar es mediocre. 

En Siria, la batalla de Alepo ha demostrado los límites del poderío aéreo ruso. Si persisten las actuales tendencias y sigue intensificándose la implicación militar de Rusia en Siria, Putin se verá presidiendo un eximperio; un eximperio cuya sombra también se está hundiendo.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio