Revista de Prensa

Rusia en Siria: ¿ayuda (a Asad) u ocupa?

 

Bandera de Rusia.

La influencia rusa en Siria se convirtió en decisiva ya en la época de Hafez al Asad, padre del actual dictador, pues desarrolló una fuerte alianza estratégica con la entonces Unión Soviética que trascendió el plano militar.

En la economía y en la cultura, la influencia rusa ha sido un hecho en el modo de vida de los sirios. Sin embargo, su intervención en la guerra en curso provoca el rechazo de los que no quieren ver tropas extranjeras en su país.

«A quién le importa quién está golpeando en dónde, si casi todo el mundo está implicado en la matanza de Siria», dice Samar (no es su nombre real), quien vive en la capital.

Y a cinco años de las protestas que pedían libertad y democracia en Siria, los residentes de las zonas bajo control del gobierno aún temen ser detenidos por las fuerzas de seguridad si expresan opiniones disidentes.

Para Samar, la intervención de Rusia equivale a una ocupación en Siria.

Pero otros lo ven como el desarrollo natural de vínculos de décadas entre ambos países.

El acuerdo nuclear con Irán, la preocupación por el avance de los terroristas del Estado Islámico y la irrupción de Rusia en la guerra de Siria concentran la atención internacional sobre Oriente Medio. El conflicto entre israelíes y palestinos estaba en una suerte de limbo, pero el discurso agresivo de Abás en la ONU rechazando los Acuerdos de Oslo y el aumento constante de la violencia palestina en Jerusalén lo han puesto de actualidad nuevamente. La voluntad israelí de llegar a algún acuerdo de mínimos que permita cierta seguridad choca también con la rivalidad entre Hamás y Al Fatah, lo que priva de un interlocutor válido al bando palestino, sostiene Emilio J. Cárdenas en este artículo.

A lo antedicho cabe agregar otra novedad: la naciente coalición entre Rusia, Irán, Irak y Hezbollah para enfrentar unidos los desafíos derivados de lo que sucede en Siria. Para Israel es un complejo tema estratégico. De real envergadura y múltiples derivaciones. Para las monarquías «sunnis» del Golfo, también.

Queda visto entonces que lo que parecía un período de relativa calma entre Israel y los palestinos está ahora evolucionando peligrosamente en dirección al conflicto. Frente a la innegable realidad de que el escenario grande de la región, considerado en su conjunto, se ha complicado en extremo, el control de la violencia en Cisjordania y Jerusalén parece prioritario. De modo de que en la inmensa hoguera siria no haya razones adicionales que, de pronto, incrementen la enorme complejidad que ya tiene el problema.

Fuerzas aéreas de distintos países están operando en Siria con objetivos distintos y, en ocasiones, contrapuestos. La coalición liderada por EEUU contra el Estado Islámico cuenta ahora con aviones turcos, que aprovechan para bombardear a los kurdos. La implicación de Rusia complica todavía más la gestión de un espacio aéreo cada vez más caótico, lo que podría tener graves consecuencias en caso de que ocurra algún accidente.

Responsables de Defensa rusos y estadounidenses celebraron una videoconferencia de una hora la semana pasada sobre formas de gestionar el espacio aéreo sirio o evitar incidentes aéreos accidentales, como colisiones. No se alcanzó un acuerdo. Se espera que se celebren nuevas conversaciones, aunque un alto cargo de Defensa dijo el lunes que no había noticias de Moscú, lo que planteó dudas sobre las intenciones rusas. El oficial no estaba autorizado a comentar el asunto y por lo tanto habló bajo condición de anonimato.

La entrada de los aviones rusos en el abarrotado espacio aéreo sirio pone en peligro no sólo a las fuerzas aéreas y pilotos militares, sino también a los civiles sobre el terreno.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Ash Carter, ha expresado su preocupación por la posibilidad de “incidentes involuntarios y falta de comunicación’’ con las tripulaciones rusas, aunque por ahora los rusos han volado sobre todo en la zona oeste del país, relativamente lejos de los vueltos de Estados Unidos y su coalición en el norte y este de Siria.

El Nuevo Herald editorializa sobre el bombardeo de la aviación norteamericana de un hospital gestionado por la organización humanitaria Médicos sin Fronteras. En el ataque, ocurrido en la ciudad de Kunduz, murieron 12 trabajadores del hospital y 10 pacientes, entre ellos tres niños. La ONG ha exigido una investigación independiente que aclare lo sucedido.

El ejército de Estados Unidos ha invertido miles de millones de dólares en entrenar y equipar a las fuerzas armadas afganas, con el propósito de poner punto final de una vez a la guerra más larga que ha librado esta nación en su historia. Pero si esas fuerzas no tienen la voluntad de luchar, o si sus lealtades están divididas, no se ha logrado gran cosa. En Afganistán, como en Irak y en otras partes, estos programas de entrenamiento no han producido fuerzas armadas realmente efectivas. Y esa falla requiere que el ejército norteamericano las respalde con “asesores” en el terreno y ataques aéreos que a veces no son muy precisos.

Médicos Sin Fronteras, que cerró el hospital que abrió en el 2011, tiene razón al pedir una investigación completa, independiente y transparente. La organización afirma que notificó a las autoridades afganas y norteamericanas las coordenadas del hospital cuatro días antes de los ataques aéreos, y que el bombardeo continuó aun después que el personal del hospital alertó a los militares.

Además, el grupo dice que no había combatientes del Talibán en el hospital ni en sus alrededores.

El bombardeo fue un error, aseguró este martes el general norteamericano John Campbell, jefe de la misión de la OTAN en Afganistán, hablando ante la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado en Washington.