Revista de Prensa

Ruhaní ha vuelto a engañar a los que quieren ser engañados

 

Hasán Ruhaní, presidente de Irán.

Elliott Abrams arremete contra los occidentales que tropiezan una y otra vez en la piedra del reformismo iraní mientras ignora a los demócratas que verdaderamente quieren acabar con el régimen de los ayatolás.

Durante las presidenciales iraníes de junio, numerosos occidentales se mostraron firmemente esperanzados en una victoria de Hasán Ruhaní. Ruhaní, presidente en ejercicio, era un “moderado”, aducían, y durante la campaña criticó a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria y prometió que habría mujeres y miembros de las minorías en su Gabinete.

Estamos a mediados de agosto y ya es evidente que no habrá reformas, y que las promesas de Ruhaní sólo pretendían atraer votos, no introducir cambios, liberalizaciones o reformas en Irán.

(…) una vez más, los occidentales esperanzados con el cambio en Irán se han engañado a sí mismos al permitirse creer que una teocracia cerrada, corrupta y represiva iba a cambiar; al concluir que Ruhaní es una suerte de ‘moderado’ pese a que la situación de los derechos humanos en Irán empeoró durante su primer mandato y al tratar al propio Ruhaní, al ministro de Exteriores –Javad Zarif– y a otros actores que el régimen utiliza para aplacar a Occidente como si [estuvieran empeñados en] liberalizar Irán.

No lo están. Son una parte importante del brutal y represivo régimen que gobierna la República Islámica. El verdadero protagonista en la lucha por cambiar Irán y liberar a su pueblo de la tiranía es el propio pueblo de Irán.

Eyal Zisser, de la Universidad de Tel Aviv, advierte de la delicada posición en que queda Israel como consecuencia de la extensión de la presencia iraní en el país vecino.

Resulta fácil de entender por qué Rusia y EEUU quieren combatir el radicalismo islámico y asegurar la estabilidad. Ahora bien, cuando los grandullones festejan, los que no lo son suelen pagar el precio, y ahora a Israel se le está pidiendo que pague el banquete sirio asumiendo la presencia de Teherán en el país vecino.

Israel haría bien en formular una estrategia relacionada con los acontecimientos sirios, algo que ha evitado hacer en todos estos años de guerra [en Siria], y, sobre, todo, [en trazar] líneas rojas. Lo que está claro es que no puede poner su seguridad en las manos de Putin o en las de Trump mientras se le aproxima la sombra iraní.

Ese es al menos el parecer del analista israelí Yosi Kuperwasser, que considera que la manera en que se ha resuelto la crisis no ayuda a la reanudación de las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos.

Abás vio en la capitulación israelí de revocar las medidas de seguridad como un refuerzo moral para los palestinos y como un gran logro personal. [Y] se ha apresurado a [emplearlo en la consecución de] varios objetivos operativos: ha incrementado la presión sobre Hamás, mejorado su estatus (…) recibiendo al rey Abdalá [de Jordania] en Ramala y convocando el Consejo Nacional Palestino como muestra de apoyo a su liderazgo; [ha tratado de] obtener más concesiones de Israel poniendo más condiciones para la renovación de la coordinación en materia de seguridad (…) y aliviado la presión norteamericana, a la vez que ha criticado a la nueva Administración [estadounidense] por su actitud hacia los palestinos (…)

Los palestinos están inmersos en una sensación de logro, lo que les alienta a endurecer sus posiciones. (…) Una atmósfera tal no incita a los palestinos a prepararse para una nueva ronda de negociaciones sin condiciones previas.