Contextos

Retirarse es de perdedores

Por Husein Abdul Husein 

al maliki
"Durante los últimos ocho años, el actual primer ministro ha debilitado a sus compañeros de Gobierno despojando de prerrogativas a sus ministros y concentrando éstas en la oficina del premier, que ha crecido hasta rivalizar con el Gabinete. La oficina está encabezada por el único hijo de Maliki, Ahmad, lo que hace que muchos iraquíes se acuerden del Ustath (“Señor”) Uday, el trístemente célebre hijo del difunto Sadam Husein""Aunque Maliki lograra volverse lo suficientemente fuerte como para romper con Irán, puede que siguiera siendo consciente de que a quienes han osado desafiar a Irán antes que él, fueran políticos chiíes o no, les han ocurrido 'accidentes'"

El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, ha conseguido formar el mayor grupo del Parlamento nacional, de 328 escaños, y ha aumentado los 89 escaños de su grupo a un total de 92, un logro significativo dada la caída de su popularidad, la cual le costó un cuarto de sus representantes municipales el año pasado.

Aunque esto le otorga ventaja en las inevitables maniobras subsiguientes, tener el mayor grupo parlamentario no garantiza, por sí solo, un tercer mandato para el actual primer ministro. El grupo del líder chií Muqtada al Sadr obtuvo el segundo puesto con 34 escaños, mientras que el tercero de los representantes chiíes, Amar al Hakim, aumentó de forma impresionante sus escaños, de 16 a 31. Hakim y Sadr se han comprometido a poner fin al mandato de Maliki.

A otros oponentes de Maliki también les ha ido bien. El presidente del Parlamento, Osama al Nuyaifi, líder suní, obtuvo 23 escaños, mientras que Ayad Alawi, líder de un grupo de 92 parlamentarios en la anterior legislatura, consiguió 21. Esta drástica pérdida de poder para Alawi se debe a la ruptura de la amplia coalición que antaño incluía a Nuyaifi y al líder suní Saleh al Motlaq, viceprimer ministro, cuya candidatura logró 10 escaños en estas elecciones. Motlaq es uno de los pocos dirigentes suníes dispuestos a unirse a un nuevo Gabinete de Maliki.

Al igual que el grupo de Alawi, la candidatura kurda de este año se fragmentó en sus partidos constituyentes. El Partido Demócrata Kurdo (KDP) de Masud Barzani consiguió 25 escaños, mientras que la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK) del presidente Jalal Talabani logró 21. La tercera fuerza, Goran, una escisión del PUK, obtuvo 9.

Es muy probable que los kurdos se unan para formar un bloque de entre 40 y 50 escaños. En general, se oponen a un tercer mandato de Maliki debido a disputas que vienen de lejos, sobre todo relativas al destino de Kirkuk y a la paralizada ley sobre hidrocarburos.

Para que Maliki pueda alcanzar su tercer mandato tendrá que reunir una mayoría de 165 parlamentarios que elijan un presidente, el cual, a su vez, nombra al primer ministro. Esa misma mayoría electoral elegirá un presidente del Parlamento. Eso significa que el proceso tendrá que ser un acuerdo global, en el que los tres principales cargos queden decididos antes de la primera sesión.

Maliki se ha comprometido a lograr un grupo lo suficientemente grande como para permitirle formar una mayoría políticamente homogénea. Durante los últimos ocho años, el actual primer ministro ha debilitado a sus compañeros de Gobierno despojando de prerrogativas a sus ministros y concentrando éstas en la oficina del premier, que ha crecido hasta rivalizar con el Gabinete. La oficina está encabezada por el único hijo de Maliki, Ahmad, lo que hace que muchos iraquíes se acuerden del Ustath (“Señor”) Uday, el trístemente célebre hijo del difunto Sadam Husein.

Pero 92 queda muy lejos de 165, lo que obligará a Maliki a intentar ganarse primero a los grupos más pequeños, como Motlaq, y a los grupos chiíes, como el Partido Fadila, con sus cuatro escaños. Pero incluso con los grupos pequeños Maliki seguirá necesitando, al menos, a uno de los de los grandes candidatos, como los de Hakim, Sadr, Nuyaifi o los kurdos.

Al darse cuenta de que Maliki lleva las de ganar, Hakim instó a revivir la Coalición Nacional, el bloque chií de las últimas elecciones. Al jugar la carta sectaria, afirmó que sólo los parlamentarios chiíes deberían decidir quién se convertiría en primer ministro, e invitó al grupo de Maliki, Imperio de la Ley, a presentar como candidato a alguien distinto al actual premier.

Irán, por supuesto, mantiene la cohesión y el equilibrio en el seno de la Coalición Nacional. Como teme que tomar partido entre sus aliados podría hacer que los perdedores se desvincularan del grupo, la República Islámica se hizo eco del llamamiento de Hakim a tratar el asunto en la coalición chií para que ésta decida. Sin embargo, Irán también instó precavidamente a transformar la coalición en una institución mediante normas. Eso otorgaría a Maliki, con su mayor numero de votos, una clara ventaja, y crearía un Consejo Chií dentro del Parlamento de Irak.

Sadr, que, al igual que Hakim, quiere que Maliki sea desbancado, ha intentado algo distinto. En vez de llamar a la unidad chií, ha promovido el nacionalismo iraquí, lo que le proporciona una vía de acercamiento a los grupos no chiíes para poder formar una coalición mayoritaria que pueda derrotar al actual primer ministro.

Entre una opción totalmente chií, que concede a Maliki un tercer mandato, y un primer ministro que divide a los chiíes y concede voz en su elección a los grupos que no lo son, probablemente Irán prefiera la primera alternativa. Y, si bien algunos creen que la República Islámica teme que, cuanto más tiempo esté Maliki en el poder, más fuerte se volverá y, así, un día podría desafiar los dictados iraníes, es más probable que Teherán crea que seguirá dominándolo mediante sus votos chiíes.

Aunque Maliki lograra volverse lo suficientemente fuerte como para romper con Irán, puede que siguiera siendo consciente de que a quienes han osado desafiar a Irán antes que él, fueran políticos chiíes o no, les han ocurrido accidentes.

Si Maliki logra el visto bueno para formar un tercer Gabinete durante cuatro años, irá camino de convertirse en el tercer mandatario con más tiempo en el poder, tras Sadam Husein y el rey Faisal II. Gracias a la democracia al estilo iraquí, pronto podría competir por el primer puesto.

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