Contextos

Referéndum en Turquía: vulnerabilidad de Erdogan y denuncias de fraude

Por Aykan Erdemir 

Bandera de Turquía.
"No sólo es que el campo del sí obtuviera una victoria muy ajustada, sino que los dos principales partidos opositores proclamaron que hubo fraude electoral y se comprometieron a cuestionar la validez de más de la mitad de las papeletas"

Turquía celebró el domingo un referéndum histórico para dirimir si se concedía a su autoritario presidente, Recep Tayyip Erdogan, su imperecedero deseo de transformar el régimen político nacional y pasar de un sistema parlamentario a uno fuertemente centralizado en la presidencia. Si bien Erdogan se proclamó vencedor a las pocas horas de que cerraran los colegios electorales, el resultado estuvo lejos de ser concluyente: no sólo es que el campo del obtuviera una victoria muy ajustada, sino que los dos principales partidos opositores proclamaron que hubo fraude electoral y se comprometieron a cuestionar la validez de más de la mitad de las papeletas.

Erdogan está determinado a concentrar todos los poderes en su gabinete y a eliminar los contrapesos que puedan oponerle desde la oposición y la judicatura. Con un cambio tan radical en juego, la votación del domingo fue una toma de temperatura nacional. Si bien  datos no oficiales apuntaban a una ligera mayoría favorable al referéndum, la respuesta del electorado se mantuvo inconclusiva.

Las dos formaciones opositoras más importantes, el laico Partido Republicano del Pueblo (también conocido por sus siglas en turco, CHP) y el predominantemente kurdo Partido Democrático del Pueblo (HDP), han cuestionado la legalidad del proceso. La ley electoral turca indica de manera inequívoca que los votos sin sello oficial no son válidos. Sin embargo, el mismo domingo el Consejo Supremo Electoral (CSE) cambió las reglas una hora después de que que empezara el recuento anunciando que aceptaría votos sin sello oficial. El CHP y el HDP aducen que un cuerpo administrativo como el CSE no tiene autoridad para enmendar unilateralmente la legislación electoral.

Es improbable que el consejo revoque su decisión, dado que sus miembros son designados por los altos tribunales, que están controlados por Erdogan. La decisiones del CSE son legalmente inapelables, por lo que es altamente improbable que prospere recurso alguno ante el Tribunal Constitucional. Pero, sean o no anulados los resultados, la votación seguirá siendo ilegítima para la mayoría de los que votaron contra el sistema presidencialista. Más allá de las desconcertantes maniobras del CSE, el proceso electoral en sí mismo luce sospechoso: así, han circulado vídeos en las redes sociales en los que se ve a votantes preparando múltiples votos por el antes de sufragar, o depositando cinco votos de una sola vez.

Los votantes del no realizaron caceroladas el domingo por la noche en señal de protesta. El propio Erdogan parece ser consciente de su situación. Tras haber fracasado en su empeño de asegurarse un mandato claro –y, por extensión, de reafirmar nacional e internacionalmente la legitimidad de su iniciativa–, lució angustiado durante su discurso de la victoria, su lenguaje corporal y su tono apuntaban más a un discurso concesivo que a una declaración de victoria.

Para los votantes del no, al menos hay una cosa positiva en el resultado: una oposición tan enorme es difícil de ignorar para Erdogan. El presidente puede proclamar que ha ganado por una estrecha mayoría, pero ha perdido en cinco de las seis ciudades más importantes, incluida la capital económica, Estambul, donde jamás había perdido una elección desde que fuera elegido alcalde de la ciudad, en 1994. También ha perdido en los otros motores económicos del país, empezando por la capital –Ankara– y Esmirna, lo que sugiere que el pobre desempeño económico turco puede ser su talón de Aquiles en un futuro inmediato. En medio de años de declive económico, el mayor riesgo para Erdogan es que los votantes le hagan personalmente responsable: al convertirse en el único que toma decisiones, no ha dejado a nadie más a quien culpar.

NOTA: Merve Tahiroglu es coautora de esta pieza.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio