Contextos

Rawabi: así se construye una nación

Por Eli Cohen 

Rawabi.
"Es la iniciativa palestina más ambiciosa hasta la fecha. Está diseñada para albergar a 40.000 personas, un centro de ocio, hoteles, cafeterías, teatros, un complejo comercial, un parque tecnológico y varias mezquitas""El director comercial de Rawabi, Ramzi Jaber, describe a sus clientes como 'jóvenes, expertos en internet, preparados y angloparlantes'"

Cuando aquel al que no le importaba que le llamaran el Ben Gurión palestino, Salam Fayad, estaba en la Mukata, el futuro Estado palestino, envites en la ONU aparte, se estaba construyendo día a día. Pese a que Fayad fue objeto de una purga para contentar a Hamás, su legado ha quedado reflejado en varios proyectos e iniciativas que ya están haciendo, poco a poco, otra Palestina. NewPal o YEP (Young Entrepreneurs-Palestine), por ejemplo, son la voz de jóvenes y profesionales alejados de la corrupción de la OLP y del fanatismo de Hamás; Breaking the Impasse es una iniciativa conjunta de israelíes y palestinos para hacer lobby y acelerar la solución de dos Estados; la inversión y trabajo que está llevando a cabo la empresa Cisco en los territorios palestinos –que ya comentamos– y otros proyectos repletos de esperanza, como la iniciativa Valle de la Paz, para promover proyectos industriales y económicos conjuntos entre israelíes y palestinos, tienen algo de Fayad, y suponemos que, desde su retiro, los observa con orgullo.

Pero su hijo mimado, su Moisés, ha sido la construcción de la ciudad de Rawabi, cuyos gestores proclaman:

Rawabi es un proyecto económico, social y, sobre todo, una clara expresión política.

Nada más cerca de la realidad. Rawabi es la iniciativa palestina más ambiciosa hasta la fecha. Está diseñada para albergar a 40.000 personas, un centro de ocio, hoteles, cafeterías, teatros, un complejo comercial, un parque tecnológico y varias mezquitas. Con financiación en su mayoría qatarí (350 millones de euros de un total de 800 millones de dólares invertidos), dará empleo a más de diez mil personas y será el referente tecnológico y de innovación en los territorios palestinos –y en la futura Palestina.

Rawabi, que en árabe significa “colinas”, está en plena Cisjordania, seis kilómetros al norte de Ramala, la capital de la Autoridad Palestina. La futura city tiene su esqueleto cuidadosamente emplazado entre los olivos y la piedra caliza de Samaria. Cualquiera que haya recorrido en automóvil los territorios sabe que el paisaje es una sucesión de colinas, pasto y estructuras milenarias donde se hace imposible no imaginar las escenas de la Biblia.

Detrás de la construcción de Rawabi se encuentra el magnate palestino y americano Bashar Masri. Masri es el fundador y director general de Bayti Real Estate Investment Company, propiedad conjunta de Qatari Diar Real Estate Investment Company y Massar International. Como él mismo dice, es un multimillonario que podría haber invertido en otros lugares con más estabilidad, seguridad y un retorno más evidente. En cambio, se ha arriesgado porque cree que construir una nación pasa por este tipo de proyectos.

Quería un proyecto con impacto para demostrar que los palestinos podemos hacer grandes cosas.

Sin lugar a dudas, hacen falta más como él en Palestina.

Masri dice que la ocupación militar israelí no le ha facilitado la tarea, pero también es crítico con la Autoridad Palestina, que ha faltado a su compromiso de proporcionar infraestructuras por valor de 150 millones de dólares para la construcción de la ciudad.

Nunca habría imaginado que no íbamos a tener esta financiación, con todo el dinero que Palestina ha recibido de los donantes en los últimos años (…) Me decepciona que nuestro Gobierno no haya puesto este proyecto como una prioridad.

Claro y directo. El Gobierno de la Autoridad Palestina, corrupción rampante aparte, parece no haberse percatado aún de lo que supone construir un Estado.

Una prueba más de que Rawabi es un proyecto que todos los que apoyan el desarrollo de una sociedad palestina democrática e innovadora y la paz entre ambos pueblos deben secundar es la crítica que ha recibido por parte de la campaña BDS. Los activistas de BDS han acusado a Masri de ayudar a “blanquear la ocupación, la colonización y el apartheid [israelí] contra el pueblo palestino” por mantener vínculos con la industria israelí y tener a arquitectos e ingenieros israelíes trabajando como consultores en Rawabi. BDS predica con la exclusión completa de cualquier tipo de colaboración con israelíes, sean del Gobierno, de la oposición, del sector privado o jubilados. Y dicen luchar contra un apartheid. Nada que no nos esperáramos.

Salvando las dificultades, Rawabi implica futuro, crecimiento, innovación, bienestar, en la línea de lo que ha declarado el vicedirector del proyecto, Amir Dayani:

Un Estado se crea con proyectos como Rawabi, que suponen un boom económico y una enorme inyección de esperanza.

Dayani confiesa que se barajaron otros nombres para la ciudad, como Arafat City o Yihad, “pero buscábamos algo nuevo e inspirador para el tipo de público al que nos dirigimos”. Se pretende que Rawabi sea rompedora. Así, un 7% de los que hasta ahora han comprado casa allí son mujeres profesionales solteras, un 11% son cristianos (según el Palestinian Central Bureau of Statistics, los cristianos son el 8% de la población palestina) y un 4% son palestinos que viven en el extranjero. El director comercial de Rawabi, Ramzi Jaber, describe a sus clientes como “jóvenes, expertos en internet, preparados y angloparlantes”.

Rawabi es, en suma, la materialización de un movimiento que lleva años incubándose y quiere surgir y alzar su voz. Los palestinos no son sólo corruptos de la OLP y fanáticos de Hamás o la Yihad Islámica. Hay muchos más, hartos de guerra, terror y corrupción, formados y profesionales. Una población competente para crear un Estado democrático y en paz junto a Israel. Rawabi será su símbolo y Bashar Masri, uno de sus referentes.

Tel Aviv, el centro económico de Israel, no tuvo tantos recursos al empezar. Las primeras casas fuera de los límites de Jafa las construyeron judíos yemenitas que, como dice el español castizo, llegaron con una mano delante y otra detrás, en 1881. Para Rawabi, el ascenso debería ser más corto y fácil.