Contextos

¿Quién tiene la culpa de las atrocidades que se cometen en el mundo islámico (y 2)?

Por Uzay Bulut 

El terrorista Iyad Abu Funun, dando un sermón en una mezquita de Gaza.
"Encubriendo el daño que la ideología islámica ha hecho al mundo árabe y culpando a Occidente de las atrocidades islámicas no se contribuirá a que los musulmanes asuman sus propios fracasos y tomen las medidas oportunas para superarlos""¿Qué es lo que mantiene rezagados a los musulmanes, cuando tienen ventajas inigualables en materia de recursos? ¿Por qué no ha habido una revolución científica en el mundo islámico? ¿Por qué gran parte de la historia islámica ha estado marcada por la agresiva yihad?""Los activistas pro derechos humanos y los académicos occidentales mienten a los musulmanes sobre su cultura, y basurean y amenazan a América, a Europa y al 'sionismo' por los problemas de aquéllos. Eso jamás conducirá a desarrollos positivos en el mundo musulmán"

“La de que Occidente siempre es culpable está entre las doce peores ideas del siglo XXI”, ha escrito el pastor australiano Mark Durie. “Esa creencia irracional e inútil se enseña en numerosas escuelas, y ha empezado a integrarse en la cosmovisión de muchos. Es esencialmente una estrategia silenciadora que pretende sabotear el pensamiento crítico”.

El relativismo moral es otro elemento que impide entender la raíz de los conflictos del mundo musulmán. Se trata de un término políticamente correcto que en realidad significa cobardía moral.

Defender el relativismo moral y decir que “todas las culturas son iguales” equivale realmente a decir que una cultura que fomenta el matrimonio infantil, el maltrato a la mujer y la venta de muchachas en mercados de esclavos tiene el mismo valor que una que respeta a la mujer y reconoce sus derechos, y que renuncia a la violencia gratuita.

Otro blanco favorito al que culpar de los problemas del mundo musulmán es el colonialismo británico.

Por cierto, si el colonialismo fuese el principal problema, cabe recordar que los musulmanes también fueron, y aún son, colonizadores, y no precisamente los más humanitarios. Por cierto de nuevo: no parece que los colonizadores musulmanes hayan aportado demasiado a la cultura de los lugares que han invadido y colonizado. De hecho, han retrasado el progreso en los mismos. La imprenta, por ejemplo, llegó al Imperio Otomano casi 200 años más tarde que a Europa.

“Los libros (…) debilitan el poder de aquellos que controlan el saber oral, pues hacen que el conocimiento sea fácilmente accesible a quienes están alfabetizados”, apuntan los profesores Daron Acemoglu y James Robinson. “Esto amenazaba con socavar el statu quo, donde el conocimiento estaba en manos de la élite. Los sultanes otomanos y la casta religiosa temían la destrucción creativa que podría derivarse de ello. Su solución fue prohibir la imprenta”.

“Los imperios europeos –el británico, el francés y el italiano– tuvieron una presencia muy breve en el norte de África y en Oriente Medio, comparada con la del Imperio Otomano, que gobernó sobre la región durante más de 500 años”, refiere el historiador Niall Ferguson.

La cultura que existe hoy en día en el gran Oriente Medio y en el norte de África tiene muy, muy poco que ver con la que los europeos trataron de implantar allí a finales del siglo XIX y hasta mediados del XX.

No puedes culpar al imperialismo y dejar de lado el imperio más duradero en Oriente Medio, el otomano, un imperio musulmán, que se remonta mucho más que cualquiera de los imperios europeos mencionados en este texto.

Los Estados musulmanes continúan ocupando y colonizando varios territorios, como el Kurdistán, Baluchistán y la parte norte de Chipre, un miembro de la Unión Europea.

“Una de las consecuencias más trágicas de la invasión turca de 1974”, sostiene el Ministerio chipriota de Asuntos Exteriores, “y la posterior ocupación ilegal del 36,2% del territorio de la República de Chipre es la violenta y sistemática destrucción del patrimonio cultural y religioso en las áreas ocupadas”.

Cientos de monumentos históricos y religiosos han sido víctimas del vandalismo, destruidos y saqueados, en varias zonas de las áreas ocupadas. Se han llevado a cabo “excavaciones” ilegales y algunos tesoros culturales han sido robados de los museos y de colecciones privadas y vendidos en el extranjero.

Grupos y regímenes musulmanes continúan persiguiendo a poblaciones locales como los asirios, los caldeos, los mandeos, los shabaks, los coptos, los yazidíes o los beduinos.

“ Una parte sustancial de la población beduina vive bajo la amenaza constante de la deportación”, informa el analista Ben Cohen. “Alrededor de 120.000 beduinos carecen de nacionalidad y sin ninguno de los derechos anejos a la ciudadanía”.

(…) no pueden obtener certificados de nacimiento o de matrimonio, carnets de identidad, permisos de conducir. Se les prohíbe el acceso a la salud pública y a la educación. Su estatus de segunda clase significa que no tienen acceso a los tribunales de justicia para denunciar su bien documentada discriminación. Y en las raras ocasiones en que protestan públicamente –como hicieron en 2011, con pancartas con lemas como “Tengo un sueño”– las fuerzas de seguridad responden con una extraordinaria brutalidad, empleando despiadadamente cañones de agua, granadas de aturdimiento y gases lacrimógenos.

Ni Occidente ni Israel cometen estos desmanes con la comunidad beduina. Es Kuwait, un rico Estado islámico que trata a personas indefensas como si fueran esclavos.

En Qatar, otro rico Estado islámico, los inmigrantes nepalíes que andan construyendo un estadio de fútbol “han muerto a razón de uno cada dos días (…) Esta cifra no incluye [a los] trabajadores procedentes de la India, Sri Lanka y Bangladesh (…) La junta nepalí de fomento del empleo en el extranjero dijo que 157 de sus trabajadores en Qatar habían muerto entre enero y mediados de noviembre” del año pasado. En 2013, la cifra para el mismo período fue de 168.

“En Libia, la naturalización sólo está abierta a quien tenga ascendencia árabe”, reporta el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). “Y se ha informado de que en el Yemen a numerosos ajdamis, miembros de una pequeña minoría étnica que descienden de esclavos africanos, no se les concede la ciudadanía”.

¿No es eso apartheid?

En Kuwait sólo los musulmanes pueden obtener la naturalización, mientras que las leyes libias contemplan la retirada de la nacionalidad a los musulmanes convertidos a otra religión.

¿No es eso apartheid? Las leyes segregacionistas parecen imperar en numerosos lugares del mundo islámico.

Encubriendo el daño que la ideología islámica ha hecho al mundo árabe y culpando a Occidente de las atrocidades islámicas no se contribuirá a que los musulmanes asuman sus propios fracasos y tomen las medidas oportunas para superarlos.

“Entre todos los musulmanes del mundo suman menos premios Nobel que el Trinity College de Cambridge. Sin embargo, hicieron grandes cosas en la Edad Media”, comentó el biólogo evolutivo Richard Dawkins en Twitter, después de que otros usuarios de la red social lo criticaran.

Parece que el hecho de tener unas reservas petroleras descomunales, muy superiores a cualquier cosa que haber en los países occidentales, no crea naciones científicamente punteras.

¿Qué es lo que mantiene rezagados a los musulmanes, cuando tienen ventajas inigualables en materia de recursos? ¿Por qué no ha habido una revolución científica en el mundo islámico? ¿Por qué gran parte de la historia islámica ha estado marcada por la agresiva yihad?

La yihad islámica y la violencia islámica; la sanción de la esclavitud sexual; la deshumanización de la mujer; el odio y la persecución de los no musulmanes y los homosexuales, la supresión de la libertad de expresión y las conversiones forzosas han sido algo generalizado en el mundo islámico desde siempre.

Numerosas enseñanzas presentes en las escrituras islámicas, así como las biografías del fundador de la religión, establecen los parámetros en que esos abusos se cometen e incluso se salvaguardan. Estas son las enseñanzas que se han convertido en la cultura del mundo islámico.

Desafortunadamente, la mayoría de los musulmanes han desperdiciado mucho tiempo, energía y recursos en la muerte y la devastación, pero –excepción de algunos esplendores en el mundo del arte arte– no han hecho avances científicos y culturales.

El jeque Hamad ben Yasim ben Yaber al Zani, ex primer ministro de Qatar, dijo que las denuncias sobre los sobornos que el emirato habría pagado para organizar la Copa del Mundo de fútbol de 2022 no eran “justas” y que obedecían a la islamofobia y el racismo antiárabe de Occidente.

Sucesos recientes indican que el jeque, en el mejor de los casos, estaba mal informado.

Niegue todo y culpe al “infiel” de sus fallas. Nada es más importante que su honor, y nada peor que su humillación.

Si los musulmanes queremos tener un futuro más brillante, nada sino nosotros mismos nos puede detener. Deberíamos aprender a analizar de forma crítica nuestro presente y nuestro pasado.

Los activistas pro derechos humanos y los académicos occidentales mienten a los musulmanes sobre su cultura, y basurean y amenazan a América, a Europa y al “sionismo” por los problemas de aquéllos. Eso jamás conducirá a desarrollos positivos en el mundo musulmán. La cultura y la ideología religiosa islámicas son los responsables de esos problemas.

Si alguna vez va a haber una Ilustración, una Reforma, un Renacimiento del mundo musulmán, sólo podrá empezar con una mirada dura e inquisitiva sobre su pasado y su presente.

Lea la primera parte de “¿Quién tiene la culpa de las atrocidades que se cometen en el mundo islámico?”

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio