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¿Quién ganará las elecciones iraquíes?

Por Haizam Numan 

elecciones irak
"El primer ministro, Nuri al Maliki, afronta actualmente graves dificultades y lucha por hallar posibles soluciones que eviten su derrota en las próximas elecciones, pese a las informaciones que sugieren su victoria""En 2010, las probabilidades de que Irak lograra construir un Estado sólido para finales de 2014 parecían elevadas. Sin embargo, desde entonces el país ha seguido una pauta de fracasos, la seguridad se ha deteriorado, las relaciones diplomáticas han empeorado y el terrorismo sigue descontrolado""En Irán se han hartado de aumentar las tensiones internas entre los chiíes iraquíes, hasta el punto de que algunos iraníes han comenzado a especular que la influencia chií en Irak toca a su fin. Los iraquíes, sin embargo, consideran que ése es un escenario muy improbable"

Las elecciones al Parlamento iraquí, previstas para el 30 de abril, se celebrarán dentro de unos días. Los candidatos y bloques electorales rivales hacen campaña duramente unos contra otros, pese a la ausencia de estabilidad política y de seguridad en general. En los últimos meses han aumentado las deportaciones forzosas y ha habido presencia habitual de organizaciones terroristas en la provincia de Anbar y de milicias respaldadas por Asaib Ahl al Haq en Diyala.

El primer ministro, Nuri al Maliki, afronta actualmente graves dificultades y lucha por hallar posibles soluciones que eviten su derrota en las próximas elecciones, pese a las informaciones que sugieren su victoria. En un reciente informe publicado por la Brookings Institution de Washington, por ejemplo, su autor prevé la victoria de Maliki con 110 escaños, y menciona asimismo el papel de Irán en las elecciones. Pese a que dicho informe parece basarse en información sobre el terreno y en medios iraquíes, aquéllos que siguen de cerca la política iraquí tienen una visión muy distinta de la situación.

En las elecciones de 2010, Maliki logró 89 escaños, pese a las objeciones que presentó, que hicieron que la Comisión Electoral Suprema Independiente (CESI) realizara un recuento de los votos, el cual no hizo sino confirmar los resultados. Si comparamos las elecciones generales de 2010 y de 2014 queda claro que entre ambos periodos hay diferencias significativas. En las de 2010, Maliki tenía buena reputación, no sólo entre los electores chiíes, sino entre los kurdos y algunos suníes. Además, la situación política era más estable y no existía tensión interna entre los chiíes. Hoy, sin embargo, la seguridad ha empeorado de manera significativa: unos 1.000 iraquíes resultan muertos cada mes. Pese a que el presupuesto del país ha aumentado y llega a los 150.000 millones de dólares, según informes recientes, el Departamento Central de Estadísticas del Ministerio de Planificación señaló un aumento en el nivel de pobreza, que en 2014 se sitúa en 6 millones de iraquíes. Además, en 2010, tanto el Ministerio de Defensa como el de Interior contaban con el consenso de todos los bloques políticos, cosa que ya no es así, y, hasta el momento, el Parlamento no ha sido capaz de llegar a un acuerdo sobre el presupuesto.

Listas concurrentes y sus perspectivas

En 2010, las probabilidades de que Irak lograra construir un Estado sólido para finales de 2014 parecían elevadas. Sin embargo, desde entonces el país ha seguido una pauta de fracasos, la seguridad se ha deteriorado, las relaciones diplomáticas han empeorado y el terrorismo sigue descontrolado. Así las cosas, es poco probable que Maliki logre más de 65 escaños en las legislativas de este año; sin embargo, algunos de sus aliados, como la Coalición Iraquí, patrocinada por el hombre de negocios Fadel al Dabas, podría lograr entre 10 y 15 escaños. Por tanto, podría crearse una alianza para obtener 80 escaños, aunque ése es el mejor escenario posible.

Por su parte, la Coalición Mutahidun (“Unida”), encabezada por Usama al Nuyaifi, ha perdido influencia entre sus electores suníes y se ha debilitado debido a su incapacidad para abordar cuestión alguna. No ha podido resolver la crisis en Anbar o las deportaciones forzosas llevadas a cabo por las milicias en Diyala. Además, ha quedado claro que representa a los Hermanos Musulmanes, cuya reputación ha empeorado desde las elecciones de 2010, cuando Tariq al Hashimi presidía el partido islamista. Aunque cuando Al Hashimi se dio cuenta de que estaba perdiendo popularidad, decidió abandonar el partido y formar la Lista Tajdid (“Renovación”), con la que concurrió a las elecciones de 2010.

Si Al Nuyaifi forma parte, como representante suní, de una lista que representa claramente a los islamistas respaldados por Turquía, estará cometiendo un grave error. De hecho, su popularidad cayó aún más en círculos suníes después de que en las redes sociales corrieran rumores de sus vínculos con Irán y de que se publicara una foto suya besando a Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds iraní, durante una visita a Teherán. Además, el fracaso de su hermano Azil al Nuyaifi, gobernador de Ninawa, en la gestión de los asuntos de dicha provincia le ha debilitado aún más. Por tanto, Al Nuyaifi y su Coalición Mutahidun podrían lograr un máximo de 18 o 20 escaños en el Parlamento, si no es que son menos.

El Frente para el Diálogo Nacional Iraquí, encabezado por Saleh al Mutlaq, podría lograr, en el mejor de los casos, 4 o 5 escaños, mientras que la lista Al Karama, respaldada por el empresario Jamis Janyar, podría obtener entre 7 y 8. Esta lista en particular representa a los manifestantes suníes y, de una u otra forma, habla, sutilmente, en nombre de los Hermanos Musulmanes.

El Movimiento Civil, que crece bajo el liderazgo de distinguidas figuras, podría conseguir entre 7 y 10 escaños, mientras que la lista Iraqiya de Alawi está perdiendo apoyos debido a la incapacidad de su líder en cumplir las expectativas de sus votantes. Aunque, probablemente, los baazistas votarán por Alawi, debido a que carecen de una alternativa mejor. Parte de la élite chií también le apoyará, sobre todo después de que se negara a aliarse con ninguna de las sectarias listas suníes y de que incluyera a personajes de la sociedad civil en sus listas. Con ello, puede que Iraquiya logre entre 25 y 30 escaños.

Esto nos lleva a Amar al Hakim, a Muqtada al Sadr y a los kurdos. En cuanto a ello, vale la pena mencionar que, actualmente, el movimiento de Al Hakim es el predominante entre los chiíes por una serie de razones: ofrece un discurso político nuevo, no sectario, aunque sólo sea en el aspecto formal. También ha incluido a representantes de la sociedad civil y a apreciadas figuras chiíes laicas, como el exministro del Interior Jawad al Bulani, así como a Ahmad al Yalbi y al conocido socialista Nabil Yasin. Estas figuras tendrán una influencia positiva sobre los chiíes, que están ansiosos por algo nuevo.

Al Sadr, sin embargo, ha incluido a tres listas o frentes para cosechar el mayor número de votos posible y, probablemente, podrá conservar sus 40 escaños. Por último, basándose en su peso demográfico, los kurdos obtendrán también 40 escaños.

Este análisis nos deja con la impresión de que Maliki se halla en una situación muy difícil; como se convirtió en enemigo de todo el mundo, no podrá crear una lista más amplia. No obstante, parece que está tomando nuevas iniciativas. Un reciente informe sugiere que está reuniendo a una fuerza formada por miembros de su tribu en la ciudad de Tuirij, en la provincia de Karbala, y que la va a traer a Bagdad. Además, amparándose en Ley de Seguridad Nacional, Maliki, en la práctica, adoptó una ley de emergencia que le concede autoridad absoluta. Por último, dependerá enormemente de los votos de los militares y de las fuerzas policiales, y de la influencia de Irán para alterar los resultados finales.

Influencia iraní

En Irán se han hartado de aumentar las tensiones internas entre los chiíes iraquíes, hasta el punto de que algunos iraníes han comenzado a especular que la influencia chií en Irak toca a su fin. Los iraquíes, sin embargo, consideran que ése es un escenario muy improbable. Al parecer, los iraníes han pedido al líder chií Kazem al Huseini al Hairi que interceda por ellos, en un intento de convencer a Al Sadr de que Maliki debería continuar como primer ministro. Además, el presidente del Gobierno regional del Kurdistán, Masud Barzani, tiene unas relaciones distantes con Irán y se considera que está mucho más próximo a Turquía. Parece que Al Hakim está atrapado en un dilema: por una parte, está tratando de ganarse a Irán, mientras que, por la otra, trata de apaciguar a su coalición, que incluye a grupos contrarios a la influencia iraní. Sin embargo, los intereses de Al Hakim son más importantes que sus vínculos. Por tanto, podría alinearse con el aliado de Irán, Maliki, a cambio de una mayor autoridad sobre el Gobierno iraquí.

Ciertamente, Irán se juega mucho en el resultado de las próximas elecciones, ya que éstas tendrán un impacto decisivo en el futuro iraní en Irak. Por consiguiente, su injerencia se verá intensificada, pese a la enconada lucha interna chií y al conflicto entre suníes y chiíes, que aún podrían afectar negativamente a las elecciones si los conflictos se recrudecen.

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