Revista de Prensa

Qatar debe dejar de financiar el terrorismo

 

Bandera de Qatar.

Las relaciones del emirato con el terrorismo islamista están bien documentadas; relaciones que aportan músculo financiero y refugio a los criminales. EEUU hace la vista gorda por la importancia estratégica de la base de Al Udeid. Ahora bien, Jonathan Schanzer, de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), cree que ha llegado el momento de acabar con esta situación. 

Cuando la Administración de George W. Bush lanzó la guerra contra el terrorismo pasó por alto el historial de Qatar, incluso que el cerebro del 11-S, Jaled Sheij Mohamed, había encontrado refugio en suelo catarí.

Ni Bush ni Obama castigaron a los cataríes por financiar el terrorismo. De hecho, Qatar tendría que haber sido designado como Estado patrocinador del terrorismo por el Departamento de Estado. Nunca ocurrió.

Cuando el nuevo emir de Qatar, Tamim ben Hamad al Zani, accedió al poder, hace tres años, la Administración Obama creía optimistamente que habría un cambio en el país. Eso nunca ocurrió.

(…) Mattis [James Mattis, secretario de Defensa estadounidense, que estuvo en el emirato este fin de semana] debería asegurarse de que tiene el apoyo de los cataríes para sus planes de guerra, pero no debería perder la oportunidad de llamar a capítulo a Qatar. Debería invocar la promesa de campaña del presidente Trump: los aliados tendrán que poner de su parte si quieren seguir siendo aliados.

Que las anteriores Administraciones hayan tolerado la conducta de Qatar no es una excusa. Qatar tiene que dejar de apoyar a terroristas.

El analista turco Soner Cagaptay, del Washington Institute, analiza el panorama político al que se enfrenta su país tras la muy discutida aprobación en referéndum de la reforma constitucional propuesta por el presidente Erdogan.

No es probable que Erdogan sea capaz de imponer su visión del islam político a toda la sociedad turca, una mezcla de grupos sociales, políticos, étnicos y religiosos, muchos de los cuales se oponen a la agenda del presidente. En el referéndum del domingo [día 16], muchas de las ciudades costeras del país votaron de manera aplastante contra Erdogan. El líder turco incluso perdió en su ciudad natal de Estambul, la capital comercial del país.

Simplemente, Turquía se ha convertido en demasiado diversa demográficamente, demasiado grande económicamente y demasiado complicada políticamente para que una persona la remodele a su propia imagen. A pesar de los esfuerzos de Erdogan de crear una casta de capitalistas islámicos, la mayor parte de la riqueza del país sigue alineada con Tusiad (la asociación de empresarios turcos), que se aferra a valores laicos, democráticos, prooccidentales y liberales. Mientras Turquía sea genuinamente democrática, Erdogan no podrá seguir gobernando como le gustaría, que es la razón por la que se convertirá en más autócrata en el futuro. Podría incluso poner fin a la democracia en Turquía.

El New York Post editorializa sobre esta grave cuestión ante la próxima visita del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, en la Casa Blanca.

Trump tiene razón al pedir el fin de las recompensas a los que masacran inocentes. Por más que las demandas políticas de los palestinos sean justas, eso no justifica el terrorismo.

(…) los contribuyentes estadounidenses financian a la Autoridad Palestina, y con seguridad no quieren que su dinero sirva para recompensar a terroristas.

Acabar con esos pagos no será fácil. La Autoridad Palestina ha esquivado los esfuerzos para eliminarlos y el propio Abás alienta de manera regular los ataques terroristas.

“Cada gota de sangre (…) derramada en Jerusalén es sangre pura, mientras sea por el bien de Alá”, dijo en 2015, avivando las llamas de una ola de terrorismo palestino que dejó docenas de muertos y muchos más heridos. (…)

Esperemos que los americanos tengan por fin una Casa Blanca que, seriamente, ponga fin a esa mentalidad enferma de la Autoridad Palestina.