Contextos

¿Puede mejorar la situación de las egipcias bajo el régimen actual?

Por Marina Shalabi 

egyptian women
"En la sociedad egipcia se hallan firmemente arraigadas unas pobres actitudes hacia las mujeres, lo que es uno de los principales factores que contribuyen al empeoramiento de su status. Al parecer, un 99,3% de las egipcias son acosadas sexualmente, lo que convierte a Egipto en el peor país del mundo árabe para ser una mujer""Un régimen militar y de las fuerzas de seguridad que ha demostrado su desprecio por las libertades y derechos individuales no contribuirá en modo alguno a reformar la condición jurídica y social de las mujeres""Hace unas semanas, Hala Shukrala fue elegida presidenta del Partido Al Dostur, convirtiéndose así en la primera egipcia y cristiana copta al frente de un partido político. Pese a que esto supone un paso adelante, es necesario que el caso de mujeres como Hala no se convierta en un acontecimiento histórico excepcional"

En apenas dos años y medio los egipcios fueron capaces de apartar del cargo a dos presidentes, pero cambiar la regresiva situación de las mujeres parece más difícil que nunca. En medio de generalizados temores al terrorismo, aumentados por una propaganda ilusoria, el Gobierno de transición, respaldado por el Ejército, ha intentado implantar drásticas medidas de seguridad mientras intenta revertir los daños de la era post-Hermanos Musulmanes. Pero la cuestión de la seguridad de las mujeres es una algo que preocupa cada vez más.

El año que los Hermanos Musulmanes estuvieron en el poder condujo a una serie de rápidos y fulminantes retrocesos en lo relativo a los derechos de la mujer y de las minorías. Y, pese a que muchos liberales, mujeres y minorías estaban ansiosos por librar al país del dominio de los Hermanos, los derechos no cambiaron de manera significativa tras el derrocamiento del entonces presidente, Mohamed Morsi. De hecho, en medio de la inestabilidad política, cuestiones fundamentales como los derechos humanos y los derechos de la mujer han empeorado. Justificar la injusticia en nombre de la seguridad es ahora un tópico en este Gobierno de transición. Hechos como el acoso sexual y la violencia contra las mujeres se han vuelto, por desgracia, la norma en la sociedad egipcia, lo que no deja claro cuándo se solucionará esta cuestión… si es que lo hace. Hay muchos factores que contribuyen al empeoramiento de la situación de las mujeres en Egipto, entre ellos cuestiones sociales profundamente arraigadas que llevaría años mejorar. Sin embargo, es responsabilidad de quienes ocupan el poder abrir el camino, por medio de la legislación y de la seguridad, para proteger a esta parte fundamental de la población, si es que se pretende que el país avance en su transición política.

Actitudes frente a la mujer en la sociedad egipcia

En la sociedad egipcia se hallan firmemente arraigadas unas pobres actitudes hacia las mujeres, lo que es uno de los principales factores que contribuyen al empeoramiento de su status. Al parecer, un 99,3% de las egipcias son acosadas sexualmente, lo que convierte a Egipto en el peor país del mundo árabe para ser una mujer. A menos que se afronte esta cuestión, tanto por la sociedad civil como por el Gobierno, parece que esta etiqueta permanecerá durante algún tiempo. “Creo que el acoso sexual es la cuestión principal y la más grave que afrontan las mujeres de Egipto y las que visitan el país”, afirma Nariman Nagui, consultora de Relaciones Públicas residente en El Cairo. “Los activistas y la sociedad civil trabajan en campañas de concienciación, pero no basta. El Estado y el Gobierno deben ofrecer ayuda adicional por medio de la legislación y de campañas de concienciación”. Para que haya un cambio, Estado y pueblo deben colaborar para alcanzar un objetivo común.

Desprecio a los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad

Un régimen militar y de las fuerzas de seguridad que ha demostrado su desprecio por las libertades y derechos individuales no contribuirá en modo alguno a reformar la condición jurídica y social de las mujeres. Justificar la brutalidad y la represión de activistas y manifestantes femeninas en nombre de la estabilidad tampoco logrará hacer que llegue el cambio positivo que perseguía la revolución de 2011. Según Marianne Ibrahim, una activista pro-derechos humanos, “mejorar la situación de las mujeres en Egipto no precisa de radicales cambios políticos de la noche a la mañana; requiere cambiar la mentalidad de la gente y que haya verdaderas reformas legales… es un proceso a largo plazo”. Ibrahim cree que, en vez de centrarse en los problemas de las mujeres o de las minorías, la atención y las energías del Gobierno se desperdician en la política y en disturbios políticos:

Se centran en mantener el país seguro y estable, porque creen que eso conducirá al triunfo. Cuestiones como la democracia, las mujeres, las minorías y, por otra parte, los derechos humanos, no son una prioridad para su mentalidad militar.

Atrapado en una oleada de hipernacionalismo promilitar, el pueblo y los medios egipcios han hecho poco por analizar el historial de los militares en estas cuestiones desde que éstos llegaron al poder el pasado julio. Pero los hechos resultan condenatorios: recientemente, cuatro mujeres fueron arrestadas por tomar parte en manifestaciones antimilitares, y afirmaron haber sido sometidas a tests de virginidad, una táctica represiva contra las manifestantes que, supuestamente, era cosa del pasado. Estos actos denigrantes pretenden disuadir a las mujeres de tomar parte en el debate político. Cualquier violencia contra las manifestantes sigue suponiendo un obstáculo en su situación. Hace apenas un mes, Dahab Hamdy, de 18 años, fue detenida, estando embarazada de ocho meses, al parecer por participar en una manifestación. Tras su  detención, Dahab afirmó que el agente de seguridad le advirtió que daría a luz en prisión. Posteriormente salieron a la luz fotos de Dahab, encadenada a una cama de hospital con su hija recién nacida al lado, lo que permitió que el publicó pudiera ver cómo es la situación de las mujeres bajo un régimen obsesionado por la seguridad.

Fracaso a la hora de aplicar las reformas

Si bien redactar y aprobar las reformas son pasos importantes, igualmente lo es su aplicación, para determinar su éxito de forma global. A pesar de que muchos celebraron la nueva Constitución como un paso positivo a la hora de abordar las cuestiones que afectan a las mujeres y a las minorías, es poco probable que se aplique y se cumpla bajo el actual Gobierno. Omar Ahmed, cofundador de la Unión de Mujeres Egipcias, afirmó que el actual régimen aplica un doble rasero:

Se aprueban las manifestaciones progubernamentales, y los manifestantes favorables al Ejecutivo son honrados por éste y muy bien tratados; sin embargo, si hablan en contra del Gobierno, son atacados. Han atacado a grupos opositores, como organizaciones y activistas políticos y pro-derechos humanos. Todo esto no refleja los cambios realizados a la Constitución.

Ahmed afirmó que, pese a que la nueva constitución es mejor que la anterior, no hay garantías de una representación justa en el Parlamento. La petición realizada por grupos pro-derechos de la mujer, en la que se solicitaba una cuota del 30% en la Asamblea constituyente, fue denegada, lo que supuso que no se garantizara igualdad o una voz política significativa para las mujeres. Ahmed dijo que no confía en que la cuestión de la mujer sea abordada seriamente por el programa de un régimen de las fuerzas de seguridad, el cual se centra, en su mayor parte, en mantener la seguridad y la estabilidad. Sin una adecuada implementación legislativa y en materia de seguridad, incidentes como el de Dahab, o tests de virginidad que se inmiscuyen en la privacidad, seguirán obstaculizando cualquier mejora en la situación de las mujeres. “Se acerca el Día Internacional de la Mujer”, afirma Ahmed, “y no pueden garantizar la protección de las mujeres durante la marcha… no pueden garantizar la seguridad de nuestras manifestaciones”. Proporcionar los medios para que las reformas se apliquen es deber del Gobierno y, hasta ahora, las iniciativas al respecto brillan por su ausencia.

¿Un rayo de esperanza?

Hace unas semanas, Hala Shukrala fue elegida presidenta del Partido Al Dustur, convirtiéndose así en la primera egipcia y cristiana copta al frente de un partido político. Pese a que esto supone un paso adelante, es necesario que el caso de mujeres como Hala no se convierta en un acontecimiento histórico excepcional.

El Gobierno y la sociedad egipcios deben cambiar de manera significativa su comportamiento respecto a las mujeres, aprender de los errores del pasado y priorizar el asunto a una escala mayor. Incluso en medio de una tensa atmósfera política, es importante permitir que otros expresen sus preocupaciones de forma abierta y pacífica, sin temor a represalias. Jamás debería justificarse emplear medidas excepcionalmente severas contra las manifestantes en nombre de la estabilidad política, ni siquiera en un país que, indudablemente, se enfrenta a problemas de seguridad. La comunidad internacional y los socios de Egipto deben intentar resaltar la importancia de esta cuestión, y presionar al Gobierno egipcio para que se tome el asunto más en serio. En su transición a la democracia, el Egipto postrevolucionario debe incluir completamente a sus mujeres como parte fundamental del diálogo político y social.

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