Contextos

Progresistas que añoran a Sadam

Por Tom Wilson 

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"Con Irak precipitándose de nuevo hacia el caos –acaso tanto por el fortalecimiento del islamismo cuanto por la debilidad de la democracia–, estos progresistas están desempolvando su viejo argumentario y tratando de volver a desorientar a un público que ya lleva una década perdido"

Cuando Irak fue invadido, muchos comentaristas de izquierdas, especialmente en Inglaterra y Europa, adoptaron una postura curiosa: aseguraban detestar a Sadam pero, aducían, ¿y si este hombre fuerte fuera el único que podría gobernar “un sitio como ése”? Esta impactante propuesta, según la cual los derechos humanos y las libertades fundamentales podrían no ser universales, y algunas personas viven mejor bajo el yugo del despotismo, resultó chocante entonces y lo sigue resultando ahora. Pero la mayoría abandonó este argumentario cuando una incipiente democracia empezó a aflorar en Irak. ¿Qué buen progresista querría devolver a los iraquíes a los oscuros días de Sadam? Además, da la sensación de que la mayor parte de estas voces no eran favorables al régimen baazista, sino que simplemente odiaban la idea de que Occidente interviniese en mayor medida.

Ahora, sin embargo, con Irak precipitándose de nuevo hacia el caos –acaso tanto por el fortalecimiento del islamismo cuanto por la debilidad de la democracia–, estos progresistas están desempolvando su viejo argumentario y tratando de volver a desorientar a un público que ya lleva una década perdido. Hay, con todo, una voz que ha ido mucho más allá. Chris Maume, editor del Independent, que pasó mucho tiempo en Irak durante los gloriosos días de Sadam, no sólo aprovecha la oportunidad para propalar dudas sobre lo inteligente que pudiera haber sido la Guerra de Irak, sino que además lo hace mediante una sorprendente defensa de la vida en tiempos de Sadam.

Blanqueando la pobreza que sufría la mayoría de los iraquíes en contraste con la obscena abundancia en la que nadaba el círculo de Sadam, Maume dice:

Bagdad era ruidosa, sucia y estaba llena de obras, pero también era bulliciosa y próspera. No había gran surtido en las tiendas, pero la gente tenía todo lo que necesitaba para ir tirando.

A lo mejor es así, pero resulta inimaginable que un escritor del Independent incida en que los menos favorecidos en los países occidentales tienen «todo lo que necesitan para ir tirando».

Maume elogia especialmente la sanidad iraquí y el orden y la estabilidad que existían en comparación con lo que hay ahora. En los buenos tiempos, era «un país que funcionaba perfectamente y en el que era posible disfrutar de una vida plena». Por supuesto, el periodista no es tan cruel como para no dedicar unas palabras a las víctimas de Sadam: «Si eras kurdo o un disidente, la vida era distinta, y no estoy en absoluto sugiriendo que debamos olvidar su sufrimiento. Pero, en general, en la dictadura de Sadam se estaba bien». Por supuesto, a los aproximadamente 180.000 kurdos que asesinó Sadam se podría añadir la opresión sufrida por los árabes de las marismas. Pero casi parece que Maume considera que lo que les sucedió era el precio que había que pagar a cambio de las «ventajas» que disfrutaban otros compatriotas. Y no es difícil pensar en otros regímenes despóticos en los que, con tal de que no estar en el grupo étnico erróneo, quizá la vida durante un tiempo pueda ser perfectamente agradable.

Pero, ni que decir tiene, eso no era el Irak de Sadam. Quienes subrayan la llegada de la violencia y la anarquía tras su caída olvidan fácilmente las guerras y la agitación que el país sufrió durante su gobierno. Además de las múltiples bajas causadas por la guerra con Irán, hay que tener en cuenta el derramamiento de sangre chiita durante la sublevación de 1991. De hecho, el sectarismo no surgió en la era post-Sadam. Sin embargo, Maume evoca con nostalgia que «era un Estado secular y los chiitas y los sunitas parecían ir tirando juntos».

Pero aun cuando el Irak baazista hubiera sido un lugar mucho más pacífico y próspero del que en realidad era, el problema de las libertades sigue estando ahí. El propio Maume habla sobre la censura, aunque no parece creer que la verdad sea un ingrediente necesario para el bienestar iraquí:

Es verdad que todo lo que teníamos era la edición en inglés del ‘Baghdad Observer’, cuyas portadas diarias recogían la última visita de Sadam a un adorable pueblo kurdo, pero la miseria nacional es difícil de mantener fuera de las calles y la gente parecía feliz.

Con independencia de lo que se piense sobre lo que no ha ido bien en el Irak post Sadam, Maume no transmite en ningún momento la impresión de que los iraquíes, en un mundo ideal, deberían disfrutar de la democracia, la libertad y los derechos humanos. De hecho, se omite absolutamente que estas cuestiones son positivas tanto para los iraquíes como para los occidentales. Recuerden: con Sadam «era posible vivir una vida plena». Todo el artículo puede ser leído como una defensa de la autocracia. Si la gente tiene orden y servicios sociales, ¿qué más puede necesitar? Y esto, en una destacada publicación progresista.

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