Contextos

Por qué ya nadie aguanta a los cataríes

Por Pablo Molina 

Bandera de Qatar.
"Las implicaciones de este enfrentamiento pueden llegar a ser muy importantes, también en el plano geoestratégico, puesto que Qatar alberga la mayor base norteamericana en la región (Al Udeid)"

La crisis diplomática entre las petromonarquías árabes y Qatar no es fruto de un hecho puntual o un malentendido, de los muchos que surgen entre países con una relación tan estrecha como los del Golfo. Obedece a causas más profundas y arraigadas, que tienen que ver con las acusaciones al emirato de apoyar logística y financieramente a las peores organizaciones salafistas, entre las que se cuentan algunas de las peores organizaciones terroristas.

Las oscuras relaciones del emirato con el yihadismo son antiguas y las denuncias han quedado bien documentadas en el tiempo. ¿Por qué rompen ahora con Qatar sus colegas en el Consejo de Cooperación del Golfo, como Arabia Saudí, Baréin y Emiratos Árabes Unidos, además de Egipto y el Yemen? Dos parecen haber sido los detonantes, en el contexto de la reciente visita de Donald Trump a la región, que parece haber animado a los países árabes a afrontar de manera más seria la lucha contra el terrorismo islamista, a cambio de un mayor compromiso estadounidense contra la amenaza iraní.

El primer punto de fricción habría sido el extraño suceso ocurrido durante la emisión de un reportaje en la televisión pública catarí en el que se ponía en boca del emir, Tamim ben Hamad al Zani, ciertas frases muy controvertidas. En pantalla llegaron a aparecer rótulos con declaraciones entrecomilladas del emir como “Irán es una potencia regional e islámica que no puede ser ignorada y es imprudente enfrentarse a ella” y “Es una gran potencia en la estabilización de la región”En Doha afirman que todo se debió a la acción de unos piratas informáticos, que habrían colado esas afirmaciones falsas durante la emisión, a pesar de lo cual tanto Arabia Saudí como Emiratos cancelaron el acceso a las emisiones y webs cataríes en sus respectivos territorios.

El segundo asunto que ha soliviantado a los países árabes que sufren el terrorismo es la denuncia del pago de un rescate multimillonario por parte de Qatar para obtener la libertad de algunos miembros de su Familia Real apresados por un grupo yihadista en Irak cuando practicaban la cetrería. Los autores del secuestro, que se ha prolongado durante 18 meses, pertenecerían a un grupo terrorista chií vinculado a Teherán. De hecho, los secuestrados habrían estado retenidos en Irán durante todo el tiempo.

Según fuentes diplomáticas, Qatar habría entregado para su liberación 1.000 millones de dólares, y concedido a los terroristas determinadas ventajas estratégicas en el escenario sirio. Semejante cantidad de dinero no podía pasar inadvertida en los circuitos financieros, de manera que los saudíes han realizado averiguaciones con el Gobierno de Irak y llegado a la conclusión de que la mayor parte ha ido a parar a Irán, el principal adversario de Arabia Saudí en la región.

Las tensiones entre Qatar y los otros países del Golfo no son algo nuevo. En 2014 éstos retiraron a sus embajadores de Doha por el apoyo catarí a los Hermanos Musulmanes, organización islamista ilegalizada en varios países árabes. No es de extrañar que Egipto, tan castigado por la acción yihadista vinculada a este movimiento, se haya sumado a este boicot total junto con el Yemen, país en el que Irán presta un apoyo militar decisivo a las milicias chiíes que combaten al Gobierno.

Las primeras consecuencias de este boicot a Qatar ha sido el desplome de la Bolsa de Doha y una nota de protesta del Gobierno catarí en la que se asegura que las acusaciones saudíes no tienen fundamento y que todo obedece a un complot para garantizar la hegemonía de Riad en el mundo musulmán suní.

Las implicaciones de este enfrentamiento pueden llegar a ser muy importantes, también en el plano geoestratégico, puesto que Qatar alberga la mayor base norteamericana en la región (Al Udeid). El aislamiento político y diplomático del pequeño emirato tendrá, sin duda, repercusiones de mucho mayor alcance que un mero enfrentamiento por el poder en la región.