Revista de Prensa

Por qué Trump tiene tantos fans en Israel

 

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Efraim Inbar, fundador del Begin-Sadat Center for Strategic Studies, apunta en este artículo las razones que, a su juicio, explican los grandes niveles de aceptación del presidente estadounidense en el Estado judío.

La postura de Trump sobre Irán es ahora particularmente importante, dado que recientemente [Teherán] ha llevado a cabo un ejercicio militar para probar sus sistemas de radar y misiles, después de que la Administración Trump le impusiera sanciones por sus recientes pruebas con misiles balísticos. Cuando el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, visite a Trump en Washington, la próxima semana, valdrá la pena retener lo que ambos líderes digan sobre el acuerdo nuclear y qué tipo de papel va a desempeñar EEUU en el futuro de Israel.

Además, la promesa de Trump de trasladar la embajada americana en Israel de Tel Aviv a Jerusalén parece más sincera que las promesas de anteriores candidatos presidenciales. Durante su campaña y su recién estrenada presidencia, Trump ha demostrado que hace lo que dice que va a hacer y que está más preocupado de cumplir sus promesas que de halagar al electorado. Los israelíes no pueden entender por qué otros países se niegan a aceptar su elección de Jerusalén como capital y a colocar sus propias embajadas en Jerusalén Occidental –que no es territorio en disputa–. La designación de David Friedman –un judío ortodoxo americano pro asentamientos que tiene un apartamento en Jerusalén– como embajador en Israel otorga credibilidad a la promesa de Trump.

El analista Jeff Jacoby destaca en el Boston Globe que el presidente norteamericano no sigue la estela de Obama, cuya obsesión con los asentamientos israelíes y la solución de los dos Estados era proverbial.

En realidad, la solución de los dos Estados es una quimera. El objetivo expreso de la Autoridad Palestina y de Hamás es la eliminación del Estado judío, no la construcción de una contraparte palestina. Por eso han rechazado múltiples ofertas para establecer un Estado e insisten en que los judíos no pueden vivir en ningún territorio reclamado por los palestinos, mientras la Autoridad Palestina considera la venta de tierras a los judíos un crimen merecedor de la pena de muerte. Cuando Israel cedió toda Gaza al control palestino, los nuevos propietarios utilizaron el territorio no para desarrollar un nuevo Estado de Palestina, constructivo y pacífico, sino para lanzar cohetes y ataques terroristas contra el vecino Estado de Israel.

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Para su crédito, la Administración Trump rechaza ese paradigma. La plataforma republicana adoptada el pasado verano no hizo referencia al unicornio de los dos Estados y el embajador de Trump en Israel apoyó con firmeza la expansión de las comunidades judías en el núcleo histórico judío. La pasada semana, al tiempo que aconsejaba cautela en la construcción de nuevos asentamientos, el portavoz de la Casa Blanca hizo hincapié en que el nuevo presidente y su equipo de política exterior “no creen que la existencia de asentamientos sea un impedimento para la paz”.

El analista Mosa Zahed no cree al ministro de Exteriores iraní cuando asegura que las pruebas armamentísticas que lleva a cabo la República Islámica tienen únicamente fines defensivos.

Contrariamente a las declaraciones engañosas emitidas a través de Twitter por Zariv [Javad Zarif, ministro de Exteriores de Irán], destinadas a generar la impresión de que el programa de misiles balísticos de Irán sirve únicamente como herramienta defensiva defensa de su país, Teherán se ha mantenido fiel a la doctrina de Jomeini durante los últimos 38 años y ha expandido su influencia y presencia en toda la región, desde Afganistán hasta el Mediterráneo. Teniendo en cuenta la implicación sustancial de Irán, militar, económica y políticamente, en Siria, el Yemen, Irak y el Líbano, es razonable pensar que el arsenal de misiles balísticos de Teherán, el más grande y diversificado de todo Oriente Medio, y su apoyo a grupos terroristas y milicias chiíes sirve como disuasión contra cualquier fuerza que se atreva a contrarrestar su expansionismo y su jomeinismo.