Contextos

Por qué pinta mal la batalla de Faluya

Por Husein Abdul Husein 

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"Que se combata al ISIS es una buena noticia cualquier día, a cualquier hora. Pero hay algo inquietante en la guerra que está librando Bagdad en Faluya. No importa cuánto se esfuerce uno: Faluya parece una guerra de los chiíes contra los suníes. A los chiíes iraquíes les ofende esta caracterización, e insisten a menudo en que la suya es una lucha nacional contra los terroristas del ISIS. Pero las pruebas indican lo contrario""Las milicias del ISIS serán afortunadamente erradicadas, pero las sustituirán otras que han impuesto sin timideces sus propias políticas, sus emblemas religiosos y su retórica a la población"

Que se combata al ISIS es una buena noticia cualquier día, a cualquier hora. Pero hay algo inquietante en la guerra que está librando Bagdad en Faluya. No importa cuánto se esfuerce uno: Faluya parece una guerra de los chiíes contra los suníes. A los chiíes iraquíes les ofende esta caracterización, e insisten a menudo en que la suya es una lucha nacional contra los terroristas del ISIS. Pero las pruebas indican lo contrario.

1) Siempre que el Gobierno federal de Bagdad anuncia la liberación de zonas próximas a Faluya, las Unidades de Movilización Popular chiíes (UMP, Hashed) se atribuyen la victoria y publican fotos y vídeos de sus combatientes en las tierras liberadas.

2) Los eslóganes de las UMP sugieren que su misión no tiene que ver con Faluya o con la erradicación del ISIS. Así, en su página de Facebook publicaron un cartel que decía: “Nuestras Hashed se mantendrán en pie [daem] hasta la llegada del Qaim [el duodécimo y mesiánico imán chií, el Mahdí]”.

3) Las Hashed ponen nombres a sus batallones con claras referencias sectarias; ahí está, por ejemplo, la Brigada Imán Alí, desplegada en la propia Faluya, ciudad predominantemente suní.

4) Las Hashed inician sus batallas en fechas que tienen connotaciones chiíes. Por ejemplo, han denominado a su campaña de Faluya 15 del Shaabán. Aunque en apariencia hace referencia al día en que se lanzó la operación según el calendario islámico, tal fecha es célebre entre los chiíes por ser la del nacimiento del Mahdí.

5) Si el mundo o los iraquíes no se percataron de estas claves sectarias en la guerra de Bagdad contra la suní Faluya, los medios iraquíes e iraníes no dejaron nada a la imaginación. En los días previos emitieron vídeos y publicaron imágenes de destacados generales iraníes –como el tristemente célebre Qasem Soleimani, de la Guardia Republicana de Irán– en lo que parecían gabinetes de guerra con oficiales del Ejército y la Policía iraquíes, así como con líderes de las Hashed.

6) Durante el régimen de Sadam Husein, muchos iraquíes –especialmente líderes opositores que hoy gobiernan el país– se quejaban del uniforme paramilitar baazista color verde aceituna que Sadam y sus lugartenientes llevaban durante las muchas guerras que Irak libró en aquel entonces. Los iraquíes se burlaban de Sadam por su pretensión de ser un general, cuando jamás pisó una academia militar. También cuestionaron el estatus legal de la milicia baazista, en un momento en que se suponía que Irak dependía de su ejército regular permanente.

Como Sadam y sus títeres, el primer ministro iraquí, Haidar Abadi, y sus ayudantes llevan ahora un uniforme negro paramilitar, neutro, sin rango ni insignias. La Constitución iraquí estipula que el primer ministro es el comandante en jefe, pero no le confiere ningún rango militar ni le da voz en asuntos operativos. Como el presidente de EEUU, el primer ministro iraquí dirige el Ejército en el sentido en que un político tiene la última palabra en el inicio o la conclusión de guerras, pero sin autoridad en las operaciones militares o tácticas.

Al ponerse un uniforme militar, Abadi parece estar emulando a Sadam y al general Soleimani, que a pesar de su título no ha ido nunca a una academia militar. Soleimani parece estar extendiendo lo de las falsas credenciales por toda la región. Ninguno de los milicianos de Irán –incluidos los líderes militares más veteranos de Hezbolá– ha ido a academia militar alguna, pero llevan Ejércitos a la guerra.

La ventaja es que, igual que Hezbolá en el Líbano suavizó su retórica islamista a mediados de la década de 1990 para favorecer una plataforma más libanesa, las Hashed chiíes iraquíes parecen ahora izar más banderas de Irak durante sus batallas, mientras rebajan el tono de su provocadora retórica religiosa.

Y como Hezbolá, cuya impronta nacionalista libanesa relega al Estado y eleva a tres instituciones no electas –un sumiso Ejército libanés, el “pueblo” y la “resistencia”–, las milicias chiíes iraquíes ofrecen un batiburrillo similar de nacionalismo e islam mesiánico. Pero a ese nacionalismo superficial, tanto en el Líbano como en Irak,subyace un nítido mensaje chií.

Como en Irán, las milicias prevalecen sobre el Gobierno. Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria iraníes libraron una cruenta guerra contra Irak, tras la cual se situaron por encima del Estado y del Ejército regular. En el Líbano, Hezbolá luchó contra Israel, y utiliza cualquier legitimidad adquirida entonces para mantener al Estado libanés en un nivel inferior. En Irak, las Hashed están liberando territorio del ISIS, tras lo cual no depondrán las armas, sino que se quedarán e impondrán su voluntad al Estado iraquí.

Claramente, en la mente de los chiíes de Irán, el Líbano e Irak, el martirio se impone a las urnas a la hora de decir la última palabra.

Esta es la razón por la que la satisfacción de derrotar al ISIS en Faluya queda arruinada por la inequívoca explotación chií de la contienda. Las milicias del ISIS serán afortunadamente erradicadas, pero las sustituirán otras que han impuesto sin timideces sus propias políticas, sus emblemas religiosos y su retórica a la población, con o sin su visto bueno.

© Versión original (inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio