Contextos

¿Por qué odiamos a Israel?

Por Faruk Yusaf 

Bandera de Israel en llamas.
"Hasta el final de mi adolescencia, me afanaba en odiar a la India y a Israel sin ningún tipo de fundamento histórico ni lógico. El programa educativo jamás nos ofreció relatos históricos de Cachemira ni de Palestina, y se nos mostraba sólo una de las caras de la moneda""Si las intervenciones u ocupaciones extranjeras son el criterio, entonces Pakistán debería cortar sus lazos con la mayoría de los países occidentales de cuya ayuda depende""Si podemos tener amigos en la India y en Estados Unidos, ¿por qué no en Israel?"

Mientras crecía en Peshawar, una ciudad paquistaní algo conservadora, mis sentimientos de niño no eran en absoluto diferentes de los de otros en la mayoría del país. Sentía cierta antipatía por la India, y puro odio hacia Israel.

Términos como “lobby judío”, “sionistas”, “masones” y otros muchos –cuyo significado ignorábamos la mayoría de nosotros– resonaban en nuestros oídos, procedentes de eruditos religiosos, profesores, amigos y compañeros, y solíamos asociarlos directamente con los judíos, especialmente con los de Israel y con los que tenían grandes participaciones en empresas estadounidenses.

La agencia india de inteligencia y el Mosad israelí estaban siempre vinculadas con cualquier acto terrorista que sucediera en Pakistán, lo que hacía de sus respectivos países los únicos que conspiraban contra el mío.

Hace unos años, este mismo pensamiento me vino a la mente mientras me preguntaba por qué no teníamos relaciones diplomáticas con Israel. No fue una sorpresa que no encontrara un solo motivo sólido para justificar ese hecho.

Hasta nuestro pasaporte, en el que se nos impide de forma expresa entrar en Israel, es una decisión forzada, impuesta a los paquistaníes, especialmente a aquellos que querrían visitar Palestina o Israel por motivos religiosos, académicos o económicos.

Creo que hay dos razones fundamentales que explican nuestro odio a Israel: en primer lugar, las estructuras religiosas con las que crecí, y a las que sigo respetando, y, en segundo lugar, el programa de estudios que se me impartió en la escuela, incluso en la universidad.

Es un poco naif pensar ahora que, hasta el final de mi adolescencia, me afanaba en odiar a la India y a Israel sin ningún tipo de fundamento histórico ni lógico. El programa educativo jamás nos ofreció relatos históricos de Cachemira ni de Palestina, y se nos mostraba sólo una de las caras de la moneda.

Recuerdo asistir a sermones de los viernes que concluían con maldiciones hacia la India e Israel. Al parecer, era una nota positiva. Si esos sermones hubieran estado dirigidos a políticos o Gobiernos, puede que, en cierto sentido, hubieran parecido lógicos. Sin embargo, rezar por la muerte de gente inocente –todos los judíos– no es más que crear chivos expiatorios por razones religiosas. Ciudadanos israelíes apoyaban a los palestinos en la cuestión de los asentamientos, lo que demostraba que las teorías antisemtias fundamentalistas eran erróneas.

Por suerte, la situación respecto a la India se ha solucionado, hasta cierto punto, gracias a una mayor sensibilización y a la educación, pero para un lego en la materia Israel ocupa el primer puesto cuando se habla de “enemigos del islam”.

Ciertamente, se producen violaciones de derechos en Palestina; también es cierto que Israel ha librado varias guerras contra los Estados árabes, y que es un poderoso aliado de la India y de Estados Unidos, pero ¿acaso es eso razón para que nosotros no tengamos ninguna clase de relación con el propio Israel?

Si las intervenciones u ocupaciones extranjeras son el criterio, entonces Pakistán debería cortar sus lazos con la mayoría de los países occidentales de cuya ayuda depende.

Lo que quiero decir es que nunca, en ninguna de nuestras instituciones académicas o religiosas, se nos ha explicado por qué debe maldecirse a Israel. Nunca nos han contado por qué la gente debe creer que es la raíz de casi todos los males de Pakistán. Incluso si tratamos de demostrar su hostilidad hacia nuestro país, no encontramos nada, salvo una teoría sobre el plan israelí de atacar las instalaciones nucleares de Kahuta.

Por otra parte, Pakistán se ha presentado voluntario en muchas ocasiones en las guerras árabes contra Israel, guerras que nunca tenían relación directa con nosotros. Los mismos países por los que nuestros soldados lucharon contra Israel nunca acudieron en nuestra ayuda en las guerras de 1965 y 1971.

En términos de cooperación estratégica, cuando se trató del beneficio y los intereses de Pakistán, el general Zia ul Haq no vaciló en establecer redes de cooperación en asuntos de inteligencia con los israelíes contra la Unión Soviética en Afganistán; pero en cuestión de reconocimiento y relaciones bilaterales, Zia dudaba, como los demás gobernantes del país.

Sin entrar en cuestiones históricas de a quién pertenece realmente el territorio de Israel-Palestina, resulta irónico ver que muchos de los países musulmanes a los que Pakistán considera aliados muy próximos, incluso hermanos, como Turquía y Egipto, han reconocido a Israel y mantenido relaciones cordiales con él. Si queremos ver un Estado palestino independiente, es importante tener algún tipo de vínculo con el Estado judío; si no, nuestro apoyo a Palestina se limitará a la mera retórica.

Si hoy hay una esperanza de solución para el problema de Cachemira es sólo porque la India y Pakistán tienen relaciones formales a todos los niveles diplomáticos posibles y en todos los foros. Lo mismo vale para Israel.

Nosotros, como nación, estamos ya sufriendo los inconvenientes de un currículo académico y una sociedad plagados de odio, que ha calado en nuestros valores y no deja espacio para las minorías. Es hora de que empecemos a hacer sitio a todo el mundo y a trabajar por la colaboración y la armonía entre credos y etnias.

Si podemos tener amigos en la India y en Estados Unidos, ¿por qué no en Israel? ¿Por qué no allanar el camino para iniciar relaciones, primero con la gente, en vez de con el Gobierno, que puedan crear oportunidades de paz y de un mejor futuro para las generaciones venideras?

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