Revista de Prensa

¿Por qué no dimite Kerry?

 

John Kerry.

Francisco de Andrés analiza para el diario español ABC el fiasco de la ayuda norteamericana a los grupos rebeldes sirios con el objeto de derrocar a Bashar al Asad. La captura de un cargamento completo de procedencia norteamericana por el yihadista Frente Islámico demuestra el descontrol de Administración EEUU en la gestión de este delicado asunto. Tal y como se temía, Obama ha estado armando a grupos de Al Qaeda. El autor se pregunta quién y cuándo va a asumir responsabilidades en este fracaso.

Alguien tendrá que dar la cara, pero hasta el momento nadie se responsabiliza en Washington por el fiasco de la política de ayuda militar a los rebeldes sirios, elemento esencial en la estrategia general de la Administración Obama para derrocar a Bachar al Assad y finalmente abandonada. La decisión última de enviar «ayuda no letal» fue tomada en su día por el propio presidente, pero la primera responsabilidad de la que hoy se confirma como una de las mayores chapuzas de la diplomacia norteamericana en Oriente Próximo recae en el secretario de Estado, John Kerry.

Entrevista de Ángeles Espinosa a la activista de derechos humanos iraní Nasrin Sotudeh, quien relata para el diario español El País su propio caso después de haber sido recientemente liberada, así como las condiciones represivas que persisten bajo el régimen de los ayatolás.

La sonrisa de Nasrin Sotudeh desborda su cuerpo menudo. Aún no hace tres meses que esta abogada y defensora de los derechos humanos iraní ha recuperado la libertad y da la impresión de disfrutar cada minuto. “Me encuentro muy bien”, asegura mientras se pone el pañuelo para las fotos. Su entusiasmo resulta contagioso y, sin embargo, su situación no está clara. Todavía pesa sobre ella la inhabilitación para ejercer y la prohibición de viajar fuera del país. Los más conservadores quieren incluso impedir que una delegación del Parlamento Europeo se reúna mañana con ella y con el director de cine Jafar Panahí. Han recibido amenazas.

“No tememos reunirnos con los europeos, pero nos quejamos de que se cree este ambiente de miedo”, confía tras una entrevista en su domicilio de Teherán. Sotudeh, de 48 años, admite que la presión no es solo contra ellos sino también contra la política de apertura a Occidente del presidente Hasan Rohaní. Aun así, se declara “llena de esperanza” y no olvida pedir la libertad de todos los presos políticos, incluidos los líderes reformistas, Mir-Hosein Musaví, Mehdi Karrubí y Zahra Rahnavard, bajo arresto domiciliario desde que cuestionaron el triunfo de Mahmud Ahmadineyad en las elecciones de 2009.

Josh Nason describe para Tablet Magazine los problemas crecientes que están acuciando a la organización terrorista palestina. La pérdida de aliados tradicionales en la zona tras las fallidas revoluciones conocidas como la Primavera Árabe, el apoyo a las fuerzas rebeldes que luchan contra Asad en detrimento de sus lazos con Teherán o los duros golpes que el ejército de Egipto ha lanzado contra el sistema de túneles con Gaza están haciendo mella en ella, obligada a replegarse para seguir controlando al menos la Franja.

El primer y mayor golpe a Hamás ha sido el estallido y el recrudecimiento de la guerra civil en Siria. Hamás, una organización islamista suní, ha mantenido durante mucho tiempo un sistema de alianzas regionales mutuamente beneficiosas con el régimen alauita de la familia Asad y sus protectores iraníes chiíes de Teherán. Pero cuando la batalla de Siria adquirió tintes sectarios Hamás eligió ponerse al lado de la oposición, mayoritariamente suní, expresando su apoyo a otras revoluciones árabes.

(…) El pasado año ha visto cómo Hamás se involucraba en el pelotón de perdedores de la Primavera Árabe sin ninguna acción significativa por parte de Jerusalén o Washington, pero la organización buscará indudablemente maneras de mantener su relevancia, bien socavando las negociaciones de paz, bien actuando como aliado de Irán. Desgraciadamente, el fracaso de la revolución de Gaza ha sofocado la posibilidad de una revolución interna que derrocara a Hamás, al menos en el futuro próximo. Israel y los EEUU no pueden permitirse esperar a que Hamás recupere de nuevo la suerte.

Ian Bremmer, fundador y presidente de la principal empresa de investigación y consultoría sobre riesgos políticos en el mundo, analiza el giro de las relaciones de poder en Oriente Medio tras los acuerdos de Ginebra sobre el desarme nuclear de Irán. 

Cada vez que Irán y su programa nuclear ocupan los titulares vuelve a surgir la cuestión de la vulnerabilidad de Israel. Sin duda, los israelíes tienen muchos motivos de preocupación. El acuerdo provisional sobre Irán parece indicar que quizá se logre uno definitivo, que suponga el alivio de las sanciones y proporcione a Teherán algo más de dinero con el que financiar a Hamás y Hezbolá. Siria acoge hoy al mismo tiempo a militantes islámicos bien armados y un régimen enfurecido que ha empezado a recuperar y consolidar el control de zonas fundamentales del país. Turquía se ha distanciado mucho de Israel en los últimos años, y Egipto, por supuesto, se ha vuelto mucho menos previsible.

(…)

Los saudíes son los máximos rivales de Irán para ser la gran potencia de Oriente Próximo. Por eso son ellos los que más tienen que perder con cualquier alivio de las sanciones contra Irán, cualquier normalización de sus relaciones con Occidente o cualquier avance nuclear que ofrezca a Irán la máxima garantía de seguridad. Los saudíes se han beneficiado de la debilidad económica de Irán, y no están dispuestos a perder esa ventaja.