Contextos

Por qué los palestinos no dejan de perder oportunidades

Por Clifford D. May 

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"Conscientemente o no, la comunidad internacional ha venido fomentando la intransigencia palestina. En Europa, y también en Estados Unidos, están creciendo el antisemitismo, el antisionismo y el antiisraelismo, y la extrema derecha y la extrema izquierda sostienen puntos de vista indistinguibles de los sostenidos por los islamistas"

Se dice que Aba Eban, ministro de Exteriores israelí después de que su país se defendiera de Egipto, Siria y Jordania en la Guerra de los Seis Días, se lamentaba de que los palestinos nunca perdían “la oportunidad de perder una oportunidad”.

La semana pasada, en Bahréin, Jared Kushner, asesor especial del presidente Trump, vino a decir algo así. El plan en el que él y el representante especial de EEUU para las Negociaciones Internacionales, Jason Greenblatt, han estado trabajando en los últimos dos años no se debería considerar “el acuerdo del siglo”, dijo, sino “la oportunidad del siglo”.

Prácticamente todas las personas involucradas en lo que de manera optimista se ha denominado “proceso de paz” han dado por sentado que los objetivos principales de los palestinos –o al menos de quienes los dirigen– son la paz, la prosperidad y la autodeterminación.

¿Y si no fuera así? ¿Y si los palestinos –o al menos los que los dirigen– quieren en realidad otra cosa? ¿No sería eso una garantía de que las oportunidades ofrecidas por los que quieren poner fin al conflicto palestino-israelí se dejarán pasar o, más concretamente, se rechazarán?

La Historia puede ayudar a responder esta cuestión. En 1947, la ONU propuso dividir la Palestina occidental en dos Estados: uno para los árabes de Palestina —que entonces no se llamaban a sí mismos palestinos— y el otro para los judíos de Palestina. (Al este del Jordán, sobre tres cuartas partes del Mandato británico para Palestina, se erigió Jordania). 

Los judíos aceptaron inmediatamente esa oportunidad y los árabes la rechazaron.

Cuando se extinguió el Mandato británico para Palestina, los Estados árabes existentes en la región desencadenaron una guerra para echar a los judíos al mar. Milagrosamente, Israel sobrevivió. 

La Guerra de los Seis Días (1967) fue un segundo intento de derrotar a Israel por la vía militar. Cuando cesó la lucha, Gaza y la Margen Occidental, territorios que habían sido previamente ocupados por Egipto y Jordania, respectivamente, estaban en manos israelíes. 

Eso presentó una nueva oportunidad. Los israelíes podían intentar lo que Egipto y Jordania no habían hecho: crear un Estado palestino en Gaza y la Margen Occidental, una solución de dos Estados. A cambio, los palestinos sólo tendrían que acceder a convivir pacíficamente con su vecino. La Liga Árabe se apresuró a emitir la Resolución de Jartum, la de los Tres Noes: “No a la paz con Israel, no al reconocimiento de Israel, no a las negociaciones con Israel”. 

Los israelíes persistieron. Propusieron acuerdos en 2000, 2001 y 2008. A los palestinos se les ofreció más del 90% de la Margen Occidental. Cada vez, los palestinos —o al menos sus dirigentes— dijeron no. No presentaron contraoferta alguna.

Hubo todavía otra oportunidad: en 2005, Ariel Sharón, a la sazón primer ministro de Israel, retiró a todos los soldados, granjeros, sinagogas y cementerios israelíes de Gaza. Si Gaza se convertía en un vecino pacífico, y gastaba sus energías y las ayudas extranjeras en sacar a su población de la pobreza, habría un acuerdo sobre la Margen Occidental

Ya saben lo que pasó después: Hamás fue a la guerra –en sentido literal, no figurado– contra Fatah, su rival. Ganó Hamás, lo cual explica por qué el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, no se atreve a poner un pie en la Franja.

A continuación, Hamás apuntó sus armas, misiles y, más recientemente, túneles terroristas y cometas incendiarias hacia Israel. Lo cual casaba con el contenido de su carta fundacional, donde se llama a la aniquilación de Israel y su sustitución por un emirato islámico. Hamás ve su lucha contra Israel como una guerra santa. Para ella, ceder sería un pecado; en sentido literal, no figurado. 

El Taller para la Paz y la Prosperidad de dos días de duración organizado la semana pasada en Bahréin por la Administración Trump fue un encuentro árabe-israelí inusual y tal vez histórico. Dada la amenaza que la República Islámica de Irán representa para la región, muchos árabes suníes —o al menos quienes los dirigen— ya no son implacablemente hostiles hacia el militarmente capaz Estado judío. 

El ministro de Exteriores de Bahréin, jeque Jalid ben Ahmed al Jalifa, incluso llegó a declarar

Israel es un país de Oriente Medio. Forma parte del legado de esta región. El pueblo judío tiene un lugar entre nosotros.

Kushner no pidió a los palestinos nada a cambio del inmenso paquete de ayudas que puso sobre la mesa, que incluía un fondo de inversión de 50.000 millones de dólares y un corredor para el transporte que conecte la Margen Occidental y Gaza.

Sin embargo, Abás se negó aun a discutir el plan económico. Con 83 años, debe de estar pensando en su legado. Sospecho que quiere que su retrato cuelgue junto al de su predecesor, Yaser Arafat, y que no lo utilicen los muyahidines para hacer prácticas de tiro. 

Si hay palestinos que quieren aprovechar esta oportunidad, ¿podrán imponerse a quienes los comandan? Desde el río [Jordán] hasta el mar [Mediterráneo], la gente sólo es libre en Israel.

Ashraf Ganem, empresario palestino, acudió a la conferencia de Bahréin. El lunes le dijo al Jerusalem Post que estaba escondido, después de que miembros de las fuerzas de seguridad palestinas intentaran detenerlo. “Temo por mi vida”, aseguró. 

Una última reflexión por hoy: conscientemente o no, la comunidad internacional ha venido fomentando la intransigencia palestina. En Europa, y también en Estados Unidos, están creciendo el antisemitismo, el antisionismo y el antiisraelismo, y la extrema derecha y la extrema izquierda sostienen puntos de vista indistinguibles de los sostenidos por los islamistas. El denominado movimiento BSD (Boicot, Sanciones y Desinversiones) es abiertamente eliminacionista [del Estado de Israel].

La Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2016 gracias al presidente Obama, fue una suerte de punto de inflexión, dado que sostiene que no hay “base jurídica” para que los israelíes reclamen siquiera el barrio judío de la Ciudad Vieja de Jerusalén y los ancestrales santos lugares judíos. Esto implica que los israelíes no tienen derecho a reclamar nada, ningún derecho a existir.

Así las cosas, los palestinos no hacen más que perder oportunidades por una razón nada sorprendente: la oportunidad de borrar a Israel de la faz de la Tierra se les puede presentar por sí sola. No es un sueño imposible.

© Versión original (en inglés): FDD
© Versión en español: Revista El Medio