Contextos

Por qué los kurdos deberían fascinar a los liberales occidentales (y 2)

Por Seth J. Frantzman 

Una de las guerrilleras kurdas que combaten al Estado Islámico.
"El Kurdistán brinda a Occidente la oportunidad de defender sus valores apoyando no sólo la diversidad, sino a los kurdos musulmanes que están luchando contra el ISIS y que vienen siendo la fuerza más eficaz contra los extremistas. Pero entre los que, como el secretario de Estado, John Kerry, predican constantemente que “el ISIS no es el islam” existe un asombroso grado de desinterés por ayudar a los kurdos. En su lugar, los países occidentales buscan trabajar estrechamente con Bagdad, donde el Gobierno sigue siendo muy cercano a Irán, y cuyas milicias chiíes propugnan una intolerancia sectaria que no difiere mucho de la del ISIS"

Entre las diferentes minorías del Kurdistán existe la impresión general de que su guerra contra los yihadistas es similar a lo que sucede en Israel. Se tiene un gran respeto por la lucha de Israel contra el terrorismo islamista, y lo que se hizo con los judíos se identifica con lo que están padeciendo ahora a los kurdos y otras minorías. En los años ochenta, cuando Sadam Husein se preparaba para atacar Israel, también estaba perpetrando la campaña genocida Anfal contra los kurdos, en la que fueron atacadas 4.000 localidades y hasta 180.000 personas fueron asesinadas. Sadam usó contra los kurdos el mismo gas tóxico que amenazó con utilizar para “incendiar Israel” en 1991.

Cuando pregunté al comandante de una unidad peshmerga qué país siente más cercano a los kurdos, habla de Israel. “Creemos que Israel es nuestro amigo más cercano en la batalla. Tenemos una historia común”, dice. Una mujer presente en la habitación señala que la relación entre los judíos y los kurdos se remonta al Imperio Persa y a la época de Jerjes I, el emperador citado con frecuencia en la historia de Ester. Los persas eliminaron a los judíos y a los kurdos, así que entre estos se creó un vínculo.

De hecho, durante décadas, los nacionalistas árabes, los islamistas y el régimen iraní han descrito la lucha kurda con términos que se aplican a Israel. Así, el 21 de julio se informó de que el exministro de Exteriores iraní Alí Akbar Velayati había dicho que EEUU estaba “tramando fundar un segundo Israel en la región” en la forma de un Kurdistán libre. La oposición al racismo, el genocidio y la impresión de que tanto los mulás de Irán como los extremistas del mundo árabe han puesto a los kurdos en la diana por considerarlos “un segundo Israel” ha consolidado el vínculo excepcional con el Estado judío, y la idea de preservar el tipo de diversidad regional que Israel representa.

Estas sensaciones se han llevado a la práctica. Organizaciones kurdas como el Partido Democrático del Kurdistán Iraní (PDKI), contrario al régimen iraní, colabora con otras minorías oprimidas, como los azeríes y los baluchis. En el Kurdistán iraquí se pueden ver iglesias cristianas y templos yazidíes, y también que una pluralidad de minorías étnicas y religiosas conviven unas con otras. Sin la protección de los peshmergas, estos grupos habrían sido masacrados o expulsados por el ISIS. “Ya no confiamos en los iraquíes; queremos ser parte del Kurdistán. Somos una minoría especial, los yihadistas no nos aceptan y creen que tienen derecho a matarnos. Pero tenemos buena relación con los cristianos”, dijo un líder kakai.

La mayoría de los yazidíes opina lo mismo. Dicen que no confían en los habitantes de pueblos y ciudades árabes como Tal Afar, que limitan con su región y están bajo el control del ISIS. Los supervivientes recuerdan haber visto a hombres que habían sido sus vecinos violando ansiosamente y vendiendo a las mujeres después de la llegada del ISIS. Había demasiados verdugos voluntarios. Los cristianos se sienten igual. Qaraqosh fue una vez hogar de 50.000 cristianos, y ahora está desierto. Los extremistas han volado por los aires antiguos monasterios cristianos como el de Mar Behnam. Algunos han empezado a creer que quienes acaben volviendo a la llanura del Nínive estarán regresando a una tierra cambiada para siempre por la destrucción y la muerte. Es inevitable pensar lo mismo de aquellos judíos que sopesaron volver a Polonia o Alemania tras la guerra.

Al norte de los frentes en la llanura de Nínive, las temperaturas superan los 43 grados. Es un horno insoportable, incluso para sus habitantes, a los que a veces les dan el día libre a causa del calor. Cerca de la presa de Mosul, a unos 50 kms de la frontera siria, hay un pequeño puesto de control de tráfico. Esta zona fue liberada del ISIS a mediados de agosto, y fue una de las primeras que se recapturó después de que el ISIS lanzara su ofensiva del 3 del mismo mes. La presa es un activo estratégico, y en manos de los extremistas representaría una amenaza para los habitantes que viven río abajo.

Hoy, poco ha cambiado desde la liberación. Se ve en la distancia los búnkeres de la línea de frente, donde la guerra se ha mantenido relativamente estática durante casi dos años. En ocasiones cae un mortero sobre un puesto de control. Helicópteros Blackhawk, aparentemente operados por las fuerzas especiales de EEUU, ayudan a los operadores de los transbordadores a realizar alguna misión.

En una colina cuya vista domina la carretera, un grupo de kurdas sirias que se han sumado a una unidad peshmerga se ocupa de vigilar la zona. A causa de las complejas relaciones entre los grupos kurdos, esta unidad, afiliada al partido gobernante en el GRK, no puede operar en Siria, donde las regiones kurdas están controladas por el Partido de la Unión Democrática Siria, un grupo próximo al Partido de los Trabajadores de Kurdistán, que suele operar en Turquía. Al margen de la política, estas mujeres se han unido a otras miles de kurdas que han ido a la guerra contra el ISIS en los últimos dos años.

Sentada en el despacho de la comandante femenina, la capitana Gulestan Yusuf Ahmed  habla de su papel como kurda que defiende su país. “El hecho de que las mujeres sirvan en el Ejército hace que cambie su imagen en la sociedad”, explica. “Demostramos a todo el mundo que las mujeres pueden dirigir una casa y un país. Antes, las kurdas también se unían y participaban en movimientos revolucionarios, pero ahora se lo demostramos a toda la comunidad”.

El papel de la mujer en la sociedad kurda, y particularmente en la peshmerga, contrasta absolutamente con el destino que aguarda a las mujeres en manos del ISIS y los extremistas islámicos de la región. En un puesto de control kurdo en Majmur, el más próximo al frente del Ejército iraquí contra el ISIS, había decenas de refugiados que huían de las zonas controladas por el ISIS. Las mujeres se alegraban de poder librarse de la ropa estrictamente negra que el ISIS les impone. Cuentan historias de cómo la policía religiosa del ISIS no las dejaba salir de casa y las perseguía sólo por salir a comprar un tomate.

Las kurdas iraníes del PDKI sienten ese mismo contraste. En una base de entrenamiento secreta, hombres y mujeres entrenan juntos para volver a Irán y combatir contra el régimen. En los últimos meses, el PDKI ha intensificado los ataques contra los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria. Las mujeres dicen que luchar contra el régimen en defensa de los derechos kurdos es sólo una de las motivaciones. También están luchando por los derechos de las mujeres. En un país donde la policía religiosa hostiga a las mujeres que no se cubren el cabello, ver a kurdas jóvenes de uniforme, con su melena al viento, es una imagen muy poderosa.

En una región asolada por el creciente extremismo religioso y los regímenes dictatoriales, los kurdos han forjado un lugar seguro para las mujeres y las minorías. Se enfrentan a un duro enemigo, el ISIS, y a un futuro complejo por las intrincadas relaciones que existen entre ellos y el mundo árabe, Irán y Turquía. Los problemas económicos y la necesidad de financiación directa y ayuda militar de Occidente ponen en peligro los derechos que tanto les ha costado ganar.

Aun así, están combatiendo al ISIS con el mismo celo que les ayudó a mitigar el afán islamista de imponerse en Irak y Siria en 2014. El 14 de agosto, más de 5.000 peshmergas salieron de sus trincheras y se desplegaron sobre más de 150 kilómetros cuadrados en las proximidades de Gwer y del río Jazir. Derribaron defensas del ISIS y mataron a unos 120 extremistas. En un vídeo aparece un kurdo con heridas en el rostro que dice que no aceptará ningún tratamiento médico hasta que no haya matado al menos a dos combatientes enemigos.

La ayuda estadounidense a los peshmergas –parte de la cual no se pagó durante meses debido a crisis presupuestarias– está llegando por fin, después de que EEUU firmara un acuerdo para financiar a los kurdos directamente, en vez de pasar por Bagdad. La pregunta es si esta financiación y las conquistas kurdas se mantendrán después de que el ISIS sea eliminado de Mosul, o si Occidente abandonará a los kurdos, como ya ha hecho antes.

La actual Administración de EEUU ha sido propensa a trabajar con países como Irán, donde se proclama anual y ceremonialmente el “Muerte a América”, mientras que ha desdeñado a países que admiran a Estados Unidos. También existe una tendencia a sentir más simpatía hacia los extremistas dispuestos a matar por sus creencias que hacia sus inocentes víctimas.

Los kakais de Wardak saben lo que es ser una víctima inocente. Dicen constantemente que tienen la impresión de ser odiados sin motivo. “Nuestra religión cree en la unidad, y respetamos a los demás. Nunca le hemos hecho nada a nadie; nunca hemos causado daño a nadie”, dijo un hombre. “Los yihadistas no nos aceptan y creen que tienen derecho a matarnos”. He aquí un perfecto ejemplo de diversidad y multiculturalismo amenazado por la forma más extrema de intolerancia en el mundo, y sin embargo Occidente, que dice defender la diversidad y la libertad, no se ha puesto al lado de los kakais o de otras minorías de Oriente Medio. Es más fácil que un miembro del ISIS entre en Europa, que lo haga un refugiado que esté huyendo del ISIS, y los incidentes en los centros para refugiados de Alemania y la isla griega de Leros demuestran que los yihadistas siguen atacando a los yazidíes incluso en suelo europeo.

El Kurdistán brinda a Occidente la oportunidad de defender sus valores apoyando no sólo la diversidad, sino a los kurdos musulmanes que están luchando contra el ISIS y que vienen siendo la fuerza más eficaz contra los extremistas. Pero entre los que, como el secretario de Estado, John Kerry, predican constantemente que “el ISIS no es el islam” existe un asombroso grado de desinterés por ayudar a los kurdos. En su lugar, los países occidentales buscan trabajar estrechamente con Bagdad, donde el Gobierno sigue siendo muy cercano a Irán, y cuyas milicias chiíes propugnan una intolerancia sectaria que no difiere mucho de la del ISIS. En el Kurdistán, el desafío será ver si los países occidentales pueden dejar de proferir excusas y palabras vacías sobre sus supuestos valores e invertir en la reconstrucción de las comunidades de las minorías religiosas, conmemorar el genocidio de los yazidíes y ayudar a los kurdos.

© Versión en inglés: The Tower
© Versión en español: Revista El Medio

“Por qué los kurdos deberían fascinar a los liberales occidentales (1)”