Revista de Prensa

Por qué la izquierda odia a los judíos y a su Estado

 

Bandera de Israel en llamas.

El periodista norteamericano Kevin D. Williamson repasa en la National Review las conquistas del pueblo judío en su afán por sobrevivir a las agresiones históricas de las que ha sido objeto. Partiendo de las peores condiciones, los judíos son un ejemplo de defensa de la libertad: esto es lo que les convierte en odiosos para la izquierda, sentencia Williamson.

El conflicto árabe-israelí es amargo y desagradable. Mi opinión es que los palestinos tienen algunas reclamaciones legítimas, pero dejé de preocuparme por ellas cuando comenzaron a reventar niños en pizzerías. (…) Israel no es mi país, pero es aliado del mío y es imposible para un amante americano de la libertad dejar de admirar lo que el Estado judío ha hecho. Y, por supuesto, es por esto por lo que la izquierda quiere verlo exterminado.

Según Hasán Ahmadián, profesor de la Universidad de Teherán y miembro del Center for Strategic Research, hay cuatro razones por las cuales Egipto no se va a alinear con Arabia Saudí contra Teherán: el coste económico que le supondría, las preocupaciones domésticas de los egipcios, el rechazo a una confrontación con Irán y el escaso potencial que puede aportar.

En este contexto, los saudíes están intentando de poner a Egipto contra Irán. Quieren que Sisi priorice la denominada ‘amenaza iraní’ en su agenda regional. Los saudíes creen que esto cambiará el equilibrio de poder en la zona en favor de Arabia Saudí y en perjuicio de Irán. Ha habido numerosos informes sobre los intentos saudíes de forjar un triángulo con Turquía y Egipto para contrarrestar a Irán. Aunque esto se supone que son malas noticias para Teherán, lo cierto es que no ha recibido mucha atención. Sin embargo, eso no significa que Teherán no esté preocupado por cualquier cambio en el equilibrio del poder de la zona. Más bien sugiere que Irán no se toma ese acercamiento saudí-egipcio en serio.

Michael Rubin, del American Enterprise Institute, rechaza las aseveraciones de algunos líderes de la comunidad kurdo-iraquí que dan por fracasada la incipiente democracia en el país a fin de preservar su propio poder y advierte de las funestas consecuencias de un giro autoritario.

Irak tiene muchos problemas y hay arreglos para el sistema que podrían promover una mejor forma de gobernar. De hecho, eso es lo que Abadi está intentando conseguir al promover la competencia tecnocrática sobre el clientelismo político y las cuotas étnicas y sectarias. Es lamentable que EEUU, cuando tuvo influencia, no hiciera más para apoyar a los partidos basados en la filosofía económica en lugar de en la etnia y la religión. Volver a la dictadura, sin embargo, no resolverá ese problema; sólo el tiempo lo hará, cuando los iraquíes reconozcan que ni el chovinismo étnico ni el islamismo van a resolver los muy reales problemas estructurales y financieros del país.