Revista de Prensa

Por qué 'Fauda' gusta también a los palestinos

 

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Porque cuenta la verdad, sentencia en esta pieza James Delingpole. “A diferencia de la mayoría de las series dramáticas americanas, Fauda no ha venido a hacer amigos”.

(…) sorprendentemente, también a los palestinos les gusta esta serie. O quizá no sea tan sorprendente, ya que les presta el servicio de tomarles en serio, incluso les trata con respeto, aunque sea a regañadientes. Sus perturbadores asesinos son inteligentes, capaces, resueltos, devotos, acabada expresión de una cultura que combina la obsesión de la Mafia con el honor, las lealtades familiares y las querellas de sangre con una inquebrantable sumisión a la voluntad de Alá.

(…)

Si no fuera [una serie] israelí, sospecho que se hubiera hecho un esfuerzo por esterilizar, embellecer u occidentalizar de alguna otra manera esa cultura para hacer a los palestinos más ‘agradables’. ‘Fauda’ adopta la más respetuosa vía de mostrar las cosas como son: dos pueblos, a menudo tan parecidos a primera vista que no podrías distinguirlos (…) pero completa e indefectiblemente separados por una serie de valores hostiles derivados de unas percepciones culturales y religiosas completamente distintas.

El general israelí Guerson Hacohen, que supervisó la retirada unilateral del Estado judío de la Franja de Gaza (2005), aboga por que su país haga una profunda reflexión sobre cuáles son sus prioridades estratégicas.

En una ocasión, el afamado diplomático norteamericano Henry Kissinger dijo: “Los éxitos no compran más que un billete para un problema aún más difícil”. Así que preguntemos a quienes urgen a Israel a tomar el control sobre Gaza, derrocar el régimen de Hamás y devolver la Franja a la Autoridad Palestina, ¿verdaderamente es lo mejor para los intereses de Israel?

Para responder a esta pregunta hay que tener en cuenta otras tres: 1) dadas las circunstancias estratégicas existentes, ¿es deseable para Israel dar un paso decisivo?; 2) ¿qué posibilidades hay de que ese paso decisivo tenga el resultado deseado de un Gobierno palestino estable en Gaza?; 3) ¿verdaderamente sirve a los intereses de Israel el derramar la sangre de sus propios soldados para reinstaurar el régimen de Fatah en Gaza?

(…)

Antes de centrarnos en si Israel debe o no derrotar a Hamás en Gaza, quizá debamos centrarnos en una cuestión más acuciante: decantarnos por quienes proponen una solución de dos Estados, que aboga por el retorno a las [fronteras] de 1967 y la división de Jerusalén, o por quienes sostienen que la solución de los dos Estados es una amenaza estratégica [para Israel].

El escritor argentino Marcelo Birmajer escribe en Clarín sobre la suspensión del partido amistoso que iban a disputar en Jerusalén las selecciones de Argentina e Israel tras las amenazas que recibió el combinado albiceleste por parte de radicales palestinos encabezados por el propio presidente de la Federación Palestina de Fútbol, el israelófobo Yibril Rayub.

He visto el video de los militantes palestinos en Ramallah, Cisjordania, prendiendo fuego la bandera argentina, en vísperas del partido de fútbol Argentina vs. Israel, siguiendo las órdenes del presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, que invitaba a quemar camisetas argentinas y efigies de Messi, y a “abandonar” a nuestro astro.

No recuerdo, en toda la historia de los mundiales, que nuestro país haya sufrido semejante injuria contra nuestra identidad nacional ni semejante amenaza contra la integridad física de nuestros jugadores.

Es lógico sentir miedo frente a esta intimidación violenta (…) Pero una cosa es sentir miedo, y otra rendirse a él.

Haberles cedido a quienes queman la bandera argentina la suspensión del partido empeora nuestra situación de seguridad y política.

Hemos sufrido los dos peores atentados terroristas de nuestra historia, ejecutados por terroristas que comparten la ideología de quienes quemaron nuestra bandera en Ramallah y amenazaron la vida de Messi. Pero debemos buscar justicia y libertad, no rendirnos. No podemos renunciar a los ideales que proponen nuestro himno y nuestra Constitución, porque son precisamente los que nos constituyen como nación.